DOMINGO 6 DE JUNIO DEL 2004 / EDICION No. 23472 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




“Gringo” y “macho” entre nosotros

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Jorge Eduardo Arellano

Sólo en Nicaragua los vocablos “gringo” y “macho” tuvieron, durante algún tiempo precisable, un mismo significado despectivo para referirse al estadounidense. Así lo registra el Diccionario de Uso del Español Nicaragüense (2001: 90 y 110). “Gringo” se generó de la tonada de moda en la guerra de Estados Unidos contra México (1847): “Green grows the bushes” (“Crecen las matas verdes”) y que los invadidos, al oír, juntar y pronunciar las dos primeras palabras, “gringous”, interpretaron “gringos”. El sobrenombre se popularizó abarcando, al menos, dos países de América Central y, por la obvia razón del canal, a Panamá.

El lingüista panameño Ricardo J. Alfaro, en su indispensable Diccionario de anglicismos (2ª ed.: 1970: 230) sostiene: “Hay bastante anarquía respecto a la manera de entender y usar este americanismo, como también en materia de opiniones acerca de su origen”. Alfaro informa que el verso inicial de la canción aludida, cantada por un regimiento en que predominaban los irlandeses, era algo diferente: “Green grows the grass in Ireland” (“Verde crece la yerba en Irlanda”) y agrega: “Si este origen es verídico por lo que hace a México, deja sin explicar la existencia del vocablo en la América Meridional, ya que (Vicente) Salvá lo cataloga en su Diccionario, editado en 1846, antes que estallara la guerra arriba mencionada”.

Y tiene razón, pues gringo en Argentina no es sino el extranjero. El gran literato y pintor catalán Santiago Rusiñol lo comprobó en el capítulo XXXVII de su libro De Barcelona al Plata /Un viaje a la Argentina de 1910 (1919: 179): “Aquel gringo venido de Europa, que vímos desembarcar en las casas de inmigración...” (Idem: 181). Particularmente, en la misma Argentina y Paraguay se les llama gringos a los italianos o a cualquier europeo de idioma distinto al español, exceptuando a los portugueses y a los turcos. Asimismo, en Uruguay se les designa gringos a los naturales de Rusia e Inglaterra, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española en su vigésima segunda edición. El sustantivo /adjetivo tiene otras dos acepciones. Ursula Kühl de Mones (Nuevo Diccionario de Uruguayismos, 1993: 188) lo consigna: 1. “Extranjero de ascendencia europea, excepto los españoles; 2. Persona de cabellos rubios, tez blanca y ojos claros, especialmente la de ascendencia europea”. La misma fuente registra gringada, sustantivo con otras dos acepciones: “Grupo de gringos” y “Acción propia de un gringo”, con esta observación: “según el contexto, puede ser despectivo”.

El DRAE definía así el vocablo en cuestión, considerándolo familiar y despectivo: “Extranjero, especialmente de habla inglesa, y en general todo el que habla una lengua que no sea la española”. Alfaro apuntó en su momento: “Esta definición no es exacta y debe corregirse”. La última edición del DRAE (2001), en su primera acepción es más escueta, sin especificar ámbito geográfico alguno: “adjetivo, coloquial; dícese de una lengua extranjera. Úsase también como sustantivo (U. t. c. s.)”

En Nicaragua (como en Cuba, El Salvador y Honduras) se aplica a personas o ciudadanos de Estados Unidos y el adjetivo es usado, igualmente, como sustantivo. Pero el mismo DRAE añade que en Bolivia, Honduras, Nicaragua y Panamá se le llama también gringo “a la persona rubia y de tez blanca”. En el caso de nuestro país —corregimos al Diccionario académico— a este tipo le denominamos chele, indigenismo procedente del idioma maya.

En Colombia el vocablo es de uso corriente. Tal lo indica el Nuevo Diccionario de Colombianismos (1993: 201) de Haensch y Werner, quienes puntualizan que se utiliza en tono afectivo o despectivo, según el contexto; y que en España la palabra se conoce, pero su uso es muy restringido. Dichos autores añaden un derivado, el sustantivo femenino gringuería: “Conjunto de gringos” con su correspondiente sinónimo (lo mismo que en Uruguay): gringada. Además, ejemplifican el vocablo con una construcción fraseológica: “hacerse el gringo”: Fingir ignorancia, hacerse el bobo. (En Cuba, corresponde a “hacerse el ruso” y en otros países latinoamericanos a: “hacerse el sueco”)

Si nos limitamos a la muestra lexicográfica del Diccionario de Uso del Español en Chile (DUECh: 2001), el término no es muy conocido en el país austral hoy en ninguna de las acepciones anteriores. Pero desde principios del siglo XX se hallaba generalizado en su sentido sudamericano. La obra de Ramón A. Laval, Contribución al folklore de Carahue (1916), lo constata. Nuestro filólogo Anselmo Fletes Bolaños glosaba esa obra en 1930: “Gringo”. Dice Laval, pág. 178, nota. “Gringos en Chile todos los extranjeros que no hablan castellano, pero se da este nombre especialmente a los ingleses, alemanes, rusos, holandeses, daneses, suecos o noruegos”. No cita, como era lógico, a los estadounidenses. Y añadía Fletes Bolaños: “En Nicaragua (y en esto los nicas llaman al pan y al vino mejor que los chilenos) sólo a los yanquis se les dice gringos (tal vez, porque los tenemos aquí desde 1910). Y machos, cuyo origen damos en otro lugar”. (Fraseología comparada de Chile y Nicaragua, 1930: 189).

¿Y cuál era ese origen? La constante y cotidiana solicitud de los soldados e infantes de Marina que solicitaban a sus compañeros: “Give me a mach” (Dame un fósforo”, para encender un cigarrillo, se sobreentiende). Entonces, también el año 1930, el joven poeta vanguardista Joaquín Pasos (1914-1947) escribió estos dos versos en un famoso poema anti-intervencionista: “Esta tierra es nuestra con toda su hermosa floración de costumbres /y su lenguaje, español que dice: Gringo, macho, andá vete...” (Poemas de un joven, 1962:129)

Podríamos seguir comentando ambos vocablos. Basta lo escrito, sin embargo, para concluir que “macho” cayó casi totalmente en desuso hace varias décadas y que “gringo” posee un carácter despectivo, según el contexto. A nuestro parecer, perdió mucho de su carga denigratoria de los años ochenta. El sustantivo “gringolandia: Estados Unidos de América” lo revela, también la expresión —que acuñó el ex presidente Arnoldo Alemán—, de “gringos caitudos”: los “nicas” que optaron por la ciudadanía estadounidense impulsados por razones políticas, sobrevivencia, fines prácticos u oportunistas. ¿O estoy equivocado?

El autor es Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua.
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