DOMINGO 6 DE JUNIO DEL 2004 / EDICION No. 23472 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Cosas veredes Sancho amigo
La pasión segoviana de Heriberto Gadea Mantilla

Foto  
. A mediados del siglo pasado, Ocotal era una ciudad de hermosas casas solariegas de fachadas barrocas y acogedores aleros, algunas tenían hasta cuatro amplios corredores adornados con pérgolas de las que colgaban lánguidos helechos y generosos ramos de veraneras, orquídeas y jazmines

Don Heriberto Gadea Mantilla.

 

Mario Fulvio Espinosa

En los patios enormes de las casas de Ocotal campeaban árboles frutales y ornamentales que sobresalían para dar frescor y protección a los jardines de flores diversas donde las mariposas exhibían con donaire la belleza multicolor de sus vaporosas alas.

“Por esa calidad señorial, por sus hermosos parajes y por estar poblada por criollos descendientes de españoles que conformaban una sociedad bastante complicada y conservadora, la ciudad era llamada ‘La Sultana del Norte’, calificativo que yo escuchaba desde mi infancia —nací en 1926—, constatando que ya existía un club social que requería de sus socios muchos requisitos culturales, económicos y ancestrales”.

Don Heriberto Gadea Mantilla, ocotaleano de fuste y con miles de vigores concentrados en el corazón, habla de su ciudad con pasión. Sus ojos grises brillan con destellos tras los gruesos lentes. “Este pueblo siempre fue culto, aunque una cosa es la preparación y otra la cultura. Yo conozco indios que no saben absolutamente nada y tienen una gran educación.

Los recuerdos no precisan vagar mucho por la mente de don Heriberto, están ahí, al instante y él los utiliza y dispone. “En la época de mi padre, aquí no había cine, sin embargo, existía un notable cuadro de dramas y comedias que llegó a presentar las mejores obras del teatro mundial, entre ellas El Gran Galioto, de Echegaray, que se escenificó aquí al mismo tiempo que estaba en las carteleras de Francia. ¿Qué cómo lo supimos? Pues es que a Nueva Segovia venían mineros a cada rato, entre ellos vino un francés. Este francés quedó viendo uno de los grandes cartelones que anunciaba la obra y dijo: “El Gran Galioto... ¡Ahhh! Si yo lo acabo de ver en París, pero iré a ver cómo lo hacen éstos”.

La cosa es que va a la obra y al final se queda esperando a que salgan los artistas. “¿Quién es el director de esto?”, pregunta. “Don Ignacio Calderón”, le informan. “Don Ignacio, el papá del poeta Jorge Calderón”. “¿Quiénes integran el elenco artístico?”, y le responden, “pues don Ramón Gadea, mi padre, la Zoraida Duarte, Paco Salcedo, doña Fidelia Tercero, la niña Aurorita González, Tin Alvir, Salvador Peralta, un núcleo de gente que se reúne para hacer teatro”.

“Pues honradamente les tengo que confesar —dice el francés—, que me quedé en Ocotal sólo para reírme de ustedes, pero miren, si este cuadro de comedias se traslada a París y le dan las comodidades que nosotros tenemos allá, esta obra sería un sonoro éxito”. Estamos hablando de los años cercanos a 1870.

“Luego vino el cine mudo y después la época del cine parlante, que produjo algo que impactó en mi vida, esa emoción me la proporcionó la primera película hablada que vi, se titulaba Las luces de Buenos Aires, con Carlos Gardel.

“Toda la gente salió cantando tangos de Gardel y yo cantaba también, me los aprendía al pelo. Mi papá también fue un gran cantor, y cantaba también mi abuelo, el bisabuelo de Norma Elena que tiene de dónde salir”.

PASÓ EL TIEMPO DE ESPLENDOR

“Así pasó aquella época de esplendor y las cosas se fueron haciendo más modernas, hasta el punto actual en que ocurre mucha inmigración de gente que uno no conoce. El segoviano puro es acogedor, es justo por naturaleza, pero ahora vemos que hay caras extrañas que no sabemos de dónde vienen ni para dónde van.

En realidad lo que hubo fue inmigración, más bien venían, porque aquí le puedo citar tres o cuatro personas todas buenísimas, principiando con el doctor Francisco Buitrago, don Evaristo Canales y don Carlos Castro. Aquí se quedaron, aquí fundaron honorables familias”.



Se dice que en ese tiempo muchas familias tenían piano.

Le voy a decir todas las que yo conocí: una de ellas por supuesto la de don Nacho Calderón, el papá de Jorge, mi tío Nacho Mantilla. Otros estaban donde don Esteban Alvir, Mariíta Manuela, el doctor Emilio Gutiérrez, mi tía Nicolasa Machado, mi tío Nacho Mantilla, después vi uno donde la Susanita Marín.



¿Y de los valores intelectuales que podemos decir?

Los valores intelectuales son muchos. Pedro Ortiz, nació aquí, fue el primer periodista de Nicaragua. Estamos hablando de don Salvador Calderón Ramírez, que escribió un libro sobre la guerra de guerrillas, pero también otro de bellos cuentos que se titulaba Cuentos para Carmencita.

Bueno, le sigo mencionando al general Julián Irías que es uno de los valores de Las Segovias y es uno de mis parientes más cercanos, Manuel Maldonado que nació en Mosonte, Modesto Armijo, Emilio Gutiérrez, doña Celia Guillén de Herrera, son escritores, y luego está la figura del padre Nicolás Antonio Madrigal que en medio de la guerra de Sandino alfabetizó todo Mosonte. Era un hombre muy virtuoso, un hombre de sacristía, creó la Escuela Padre de las Casas donde nos educamos un montón de gente.



Cuénteme de personajes populares, de loquitos extravagantes, de borrachitos geniales.

Existió una mujer a la que le decían Paz Chapina porque tenía muchas niguas. Había otro que se llamaba Sebastián, por cierto de apellido Calderón, pero nada que ver. Muchos loquitos deambulaban por las calles. Aquí vivía un muchacho de apellido Suárez, lo tenían emparedado porque la tía que lo criaba no podía dejarlo suelto porque era peligrosísimo. Pues en ese tiempo me traigo a un periodista de Novedades para que le haga un reportaje para buscar ayuda a la señora y darle mejores condiciones al loquito. Viene el jodido periodista y sale contando “que había encontrado a un hombre con una barba que le arrastraba varios metros, que las uñas las tenía como de a cuarta, que se revolcaba en la miasma”. Una bascosidad de información. Yo tuve que contestar con otro artículo que titulé La caridad hecha comercio y lo paré. Dejó de hablar aunque ya había “agarrado”, pues el pobre loquito salió hasta en Life, una famosa revista internacional.

LA MUERTE DE JOSÉ MARÍA ESTRADA

¿De los avatares políticos de Ocotal qué podemos decir?

Hablemos de La Segovia, porque La Segovia era toda la región en ese tiempo. Estelí era lo que es Madriz, lo que era Nueva Segovia y parte de Jinotega. Le cuento que Ocotal fue capital de Nicaragua por momentos y que un presidente conservador vino a morir aquí, en el Río Dipilto.

El caso es así. Cuando entra Walker, el presidente José María Estrada tuvo que salir huyendo para Honduras, pero cuando pasa por Ocotal conoce a una sobrina de la Concepción Moncada y se enamora de ella. Sale para Honduras y regresa el 13 de agosto de 1856, un mes antes de la Batalla de San Jacinto. Él viene entrando a Nicaragua por Somotillo, para probablemente unirse a José Dolores Estrada y combatir a Walker.

Viene Estrada buscando Matagalpa, usted debe saber que quienes pelearon en la Batalla de San Jacinto fueron segovianos, 150 hombres de Matagalpa fueron los que salieron de Las Segovias a pelear ahí. Estrada entra pues por Somotillo, para nada tenía que desviarse a Ocotal si iba para Matagalpa. Pero ese desvío se explica a partir de que estaba enamorado y quería ver a la novia que había dejado.

El caso es que como el presidente llega a Ocotal desde en ese momento aquí está la Presidencia de la República. En ese tiempo los somoteños, es decir todo Madriz era liberal, pero en Ocotal eran conservadores. Se dan cuenta que aquí está el Presidente y se deja venir una horda de gente maleante a asesinar al Presidente. Estrada está en un banquete en casa de don Lino Lovo cuando se da el ataque y no tiene más remedio que salir huyendo, pasó por aquí, por esta calle, por la esquina de mi casa. Su lugarteniente era un señor Lacayo, él bajó esa cuesta que se ve allí abajo para pasar por el río y salir quién sabe para dónde. El caso es que cuando él va por la esquina de abajo ve que Lacayo le abre los brazos así, él cree que le estaba haciendo alguna seña, pero allí no más lo vio caer muerto. Estrada continuó su fuga, pero al pasar el río pan pan lo agarran a machetazos. Fue enterrado en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y años después sus restos fueron trasladados a Granada.

EL BOMBARDEO NORTEAMERICANO

En realidad Las Segovias sufrieron mucho cuando Sandino, eso fue un calvario. Cuando Sandino viene para San Albino que queda en El Jícaro, Nueva Segovia. Aquí hay una guarnición de 400 americanos al mando de mister Hifields.

Hifields sabe que Sandino viene y le manda a decir que se rinda que ellos son más gente, que son poderosos. De allí es donde salen estos muchachos diciendo: “¡Que se rinda tu madre!” El caso es que él se queda allá en El Divisadero y viene el combate el 26 de julio de 1927 donde muere Rufo Marín, de ésta a la otra esquina. Miguel Ángel Ortez todavía no estaba con Sandino, pero ya había hecho guerrilla porque un hombre que se llamaba Anastasio Hernández, favorecido por los conservadores, era el azote, un asesino feroz en esta zona. Entonces don Manuel Mantilla, que era dueño de esta casa y padrino de Miguel Ángel lo llamó y le dijo: “Hombre, a vos que te gusta la guerrilla, ¿querés seguir a ese hombre hasta que lo matemos?” “Bueno padrino, claro que voy”. Se armaron con alguna gente y se fueron a buscarlo y nunca lo hallaron. Ese Anastasio Hernández murió en 1931 en el terremoto de Managua, aquí nunca lo hallaron.

Pero volviendo a Sandino y los norteamericanos, vino el ataque como a las dos de la tarde. Vinieron dos aviones primero, eran aviones de dos alas, indudablemente a ver cómo estaba la guarnición. Después se volvieron a Managua a avisar que aquí estaban encendidos los combates. Regresaron cinco aviones a bombardear Ocotal.

Por supuesto amigo, la historia se infla según como quiere el historiador. Imagínese el Ocotal en aquella época, una casa aquí en la esquina, una gran tapia o cercos de piñuelas y otra casa por allá. Los grandes solares eran enormes, entonces los aviones lo que hicieron fue amedrentar, murieron, no en el bombardeo, sino en el combate, trece o catorce personas, ése fue el saldo que dejó aquí esa batalla.

Después que Sandino fue asesinado principió aquel calvario. No se podía vivir. Aquí nuestros antepasados perdieron todos sus capitales, todo el agro de Las Segovias quedó destrozado.

De manera amigo que usted debe saber que esta ciudad en primer lugar se llama Segovia y no Ocotal. Ese nombre lo vamos a quitar. Hay una anécdota linda, fíjese que hace como treinta años llegamos hasta el Congreso con la idea de cambiar el nombre de la ciudad. Ya estamos en el mecateo y todo lo demás. De repente aparece uno de la oposición: “Sí, yo estoy de acuerdo que se le cambie el nombre, pero que se le ponga Blanca Segovia”. Viene otro oficialista y dice: “Yo también estoy de acuerdo, pero que se le ponga Ciudad Hope”. Entonces se oye el teléfono, Orlando Montenegro lo levanta y después me contó: “Era el general Somoza. Mirá, le dice, hay un montón de leyes importantes que tenemos que pasar, no vuelvan a tocar ese asunto por favor”. Ya la veía venir el hombre, allí se paró la idea y no volvieron a tocar el tema.

¡AH, QUÉ TIEMPOS AQUÉLLOS!

El ocotaleano Heriberto Gadea Mantilla rememora sus tiempos, los que considera que en materia de educación eran mucho mejores. “Un muchacho de quinto grado de la época mía era como un bachiller de hoy. Yo sé muchas cosas y apenas me logré bachillerar de noche en Managua hasta sacar mi profesión que es contable, pero yo veo cómo hacen las tareas y digo: ¿Hombré y qué jodido estás haciendo allí, estás en quinto año de secundaria y estás viendo razones y proporciones, no me jodás, yo eso lo vi en cuarto grado. ¡No hombre! Las enseñanzas de mi tiempo eran mucho más sólidas.

EL VENENO DE LA TV

“Nuestra cultura ha decrecido con la entrada de la televisión. La televisión puede ser un órgano altamente positivo para instruir, pero también es inmensamente negativo para destruir. Todas esas películas que ven nuestros niños son pornográficas, en las llamadas de acción los héroes matan en sitios públicos, mueren veinte, treinta, cincuenta... millones, eso no creo que deje nada positivo”, según don Heriberto Gadea Mantilla.
.


---
 

 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

La pasión segoviana de Heriberto Gadea Mantilla