Reagan se la jugó contra los sandinistas
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Enfrentó el escándalo Irán-Contras y las acusaciones
de que la CIA financió también
con narcodólares a la Contra |
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Ronald Reagan.
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Resumen de agencias
El segundo Irangate o Irán-Contras surgió a raíz de una operación encubierta dirigida por la Casa Blanca que consistió en la venta de armas (4,000 misiles Tomahawk) a Irán en un esfuerzo por conseguir la liberación de cinco rehenes estadounidenses en poder del grupo pro-iraní Hezbollah en el Líbano.
Millones de dólares de esas ganancias fueron desviados y destinados a ayudar a los contras nicaragüenses que combatían contra el gobierno sandinista de Daniel Ortega en 1985 y 1986, pese a que el Congreso norteamericano había prohibido toda ayuda militar a los rebeldes. Esta prohibición se realizó luego de que un avión norteamericano de abastecimiento a los contras, cayera en Nicaragua y su piloto Eugene Hasenfus fuera hecho prisionero por el Gobierno.
Con respecto a Irán, Estados Unidos continuaba en 1985 con la prohibición de venta de armas por considerar al Gobierno iraní promotor del terrorismo. La venta de armas a Irán por lo tanto se había realizado a través de una operación encubierta que incluía a Israel como mediador, y la entrega de la ayuda militar a los contras se había realizado a través de un puente aéreo destinado a enviar ayuda humanitaria a los contras.
Las actividades fueron desarrolladas por la sección centroamericana de la CIA y el cerebro de la operación para conseguir fondos “externos” fue Oliver North, asistente de la Casa Blanca en temas de seguridad. Tanto él como el asesor presidencial John Poindexter fueron encontrados culpables de los delitos de venta ilegal de armas y desviación de fondos, pero ambos veredictos de culpabilidad fueron revocados durante apelaciones judiciales, en las que se dictaminó que sus juicios recibieron influencias impropias por parte de los testimonios que ambos presentaron al Congreso en 1987 bajo inmunidad. Por lo tanto ambos fueron liberados.
A pesar de las sobradas sospechas nunca fue comprobado que tanto los Secretarios Weimberger y Schulz, como los mismísimos Bush y Reagan, quienes tuvieron incluso que declarar ante el Congreso, estuvieran al tanto de la operación antes de que se hubiera realizado. Así como lo fue en el escándalo del año 80, otra vez Bush fue el más afectado ya que no sólo se puso en duda su conocimiento y aprobación de la operación, sino que también se cayó su credibilidad con miras a su fallida reelección en 1991.
En el caso Irán-Contras se vincularon dos temas de política exterior norteamericana, y nuevamente los rehenes fueron motivo de negociación. Por un lado la política del Gobierno de Estados Unidos hacia el régimen islamista de Irán negaba, formalmente, cualquier posibilidad de negociación con el Gobierno de Khomeini, enmarcándose dentro de la contención del nuevo foco de conflicto que representaba el islamismo para los países occidentales. Pese a esta política el Gobierno estadounidense le vendió armas a Irán para que éste continuara la guerra que mantenía con Irak (1980-88) a quien paradójicamente se consideraba un régimen laico aliado a los países occidentales.
Por otro lado la política exterior norteamericana en Centroamérica, enmarcada en el contexto de la contención del comunismo de la Nueva Guerra Fría iniciada por Reagan, que fue incluso producto de debate interno en el Congreso, dio como resultado la oposición a la política de apoyo a los contras que pretendía llevar adelante el presidente Reagan.
LA CONTRA NICARAGËENSE: OPERACIÓN SECRETA, AUTOFINANCIADA DE LA CIA
En diciembre de 1981, el presidente Reagan firmó una Directiva de Seguridad Nacional secreta que aprobaba la labor de la CIA para organizar en secreto un ejército para pelear contra Nicaragua.
En Nicaragua, el brutal dictador Anastasio Somoza cayó a manos de los sandinistas en 1979 y se instauró un gobierno izquierdista. Washington temía que los sandinistas alborotaran su “patio trasero” centroamericano y que le dieran entrada a la Unión Soviética.
En agosto de 1981, el coronel Enrique Bermúdez (quien fue el contacto de Somoza con el Pentágono en Washington) anunció la formación de la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN). El periodista Gary Webb, del periódico Mercury News de San José, California, documenta que la directiva secreta de Reagan sólo asignó a la CIA US$19.9 millones de fondos directos.
Eso era suficiente para formar la Contra, pero no para mantener su funcionamiento militar. Pero no había necesidad de asignarle más dinero: esta operación secreta se autofinanciaría para que fuera más difícil conectarla con Washington. Cuando Reagan firmó la directiva, los agentes de la Contra ya estaban comprando y vendiendo cantidades industriales de cocaína.
La investigación de Webb le dedica mucha atención a la carrera de Oscar Danilo Blandón Reyes, el tipo de la Contra directamente encargado de vender cocaína en Los Ángeles. Blandón dio amplio testimonio sobre estas operaciones en San Diego, cuando fue el testigo central en el juicio contra “Freeway Rick” Ross, su propio protegido en el negocio.
Webb escribe que Blandón, “quien empezó a trabajar para la narco-operación de la FDN a fines de 1981, declaró que dicha operación vendió casi una tonelada de cocaína en Estados Unidos ese año por un valor de 54 millones de dólares al precio de mayoreo del momento. No está claro cuánto del dinero regresó al ejército de la CIA, pero Blandón declaró que “de lo que vendíamos en Los Ángeles, la ganancia iba para la contrarrevolución”.

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