DOMINGO 6 DE JUNIO DEL 2004 / EDICION No. 23472 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Isaac “Chaco” Jáen: dirigente de las protestas de Las Tunas
“Cada día de protesta cuesta mil dólares”

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. Por tres años consecutivos Isaac Jáen Rivera ha sido el máximo dirigente de los denominados “plantones”. El sostenimiento de la última protesta campesina costó más de mil dólares diarios aportados, según él, por distintos donantes. “Chaco” dice que con los obreros agrícolas que representa, pretende consolidar un movimiento cooperativo con capacidad de autogestión.

 

Luis Eduardo Martínez M.
CORRESPONSAL / MATAGALPA

Pese a tener problemas en una de sus piernas, por un accidente automovilístico que sufrió cuando tenía 14 años, Isaac Jáen Rivera, miembro del directorio ejecutivo de la sandinista Asociación de Trabajadores del Campo (ATC), ha encabezado las marchas campesinas de los últimos tres años y ha permanecido en los plantones junto a millares de obreros agrícolas que demandan la creación de dos mil parcelas familiares y la titulación de varias fincas que tienen en posesión.

“Chaco” fue la voz cantante de los campesinos en las negociaciones con el Gobierno, que prácticamente iniciaron con la firma de los denominados Acuerdos de Las Tunas, el 13 de septiembre del año 2002; siguieron con la ratificación de esos acuerdos en agosto del año pasado; y parecen haber finalizado la madrugada del pasado 28 de mayo, con otros compromisos asumidos por el Gobierno en El Ateneo de la Diócesis de Matagalpa.

Los tres momentos fueron precedidos por intensas jornadas de protestas que llevaron a los campesinos a los denominados plantones y después a marchar hacia Las Tunas, una comunidad entre Darío y Sébaco, que alcanzó notoriedad por la presencia de la multitud que acampaba en “champas de plástico”, a la intemperie, a la orilla de la Carretera Panamericana.

Jaén casi no tiene respuestas cortas y su entrecortada muletilla, que suena como “e-decir”, es como un arma para cambiar las ideas y tratar de evadir algunas preguntas que quizás le son inoportunas o muy directas.



¿Cómo se involucra la ATC en esto de los plantones?

Los primeros plantones surgieron en el 2001 y la organización nuestra no se puso al frente, es decir, se pusieron otra gente y lo que nosotros miramos es que se aprovecharon de la gente. Incluso, no llegaron, no negociaron nada y, si negociaron, consideramos que algunos que eran dirigentes, más bien les resolvieron a ellos y a la gente de base no les habían resuelto el problema. Por eso es que nosotros tomamos la decisión en el 2002 de ponernos al frente de esta lucha. Era gente afiliada nuestra que en el 2001 nos había venido a pedir (y no la dimos)... porque no estábamos de acuerdo en la lógica que envolvían con la lucha. Entonces en el 2002 entramos y es cuando surgen los primeros Acuerdos de Las Tunas, que se dan el 13 de septiembre.

Allí el mismo Gobierno nos legaliza nuestra lucha al firmar los acuerdos. Al momento en que el Gobierno firma con nosotros, está reconociendo que, independientemente de que pueda estar en contra, es una lucha justa y hay que buscarle una salida. Cuando el Gobierno no nos logra cumplir, tomamos la decisión y es cuando la gente vuelve y arranca con los plantones en abril del 2003. igual este año, que antes de la Semana Santa ya teníamos el ‘cuadro rayado’.



¿Está satisfecho con los resultados de la lucha?

Yo voy a estar satisfecho cuando mire que toda nuestra gente, esas dos mil familias, estén en sus parcelas familiares. Pero, hablando teóricamente, si se cumple lo que firmamos, estamos satisfechos.



Si Isaac Jáen y otros dirigentes de esta protesta no son beneficiarios de las parcelas, entonces ¿cuál es su ganancia?

Nuestra organización, toda esa gente que estaba allí es afiliada a nosotros, a la ATC y a la Unapa (Unión Nacional de Productores Agropecuarios), entonces, es decir, ellos nos ponen a nosotros. Tenemos que representarlos y guiarlos. ¿Qué es lo que quedamos satisfechos? Que nuestra organización sale más fortalecida en esta lucha y estamos demostrando a muchos en el mundo, que se puede luchar y las organizaciones pueden luchar y ponerse al frente de la lucha, sin manipular, que es otra cosa, porque nuestra organización es gremial, no es política. Y eso lo quiero dejar claro, porque independientemente que yo sea militante del Frente Sandinista, o que sea diputado, nuestra organización es gremial, porque en esa lucha anda gente de la Resistencia, que ustedes lo han comprobado, anda gente liberal, anda gente sandinista y anda gente que incluso no tiene partido y andan católicos y evangélicos.



Pero hay quienes piensan que el sandi nismo saca provecho político de eso y que incluso está detrás.

Me parece que no, es decir, lo que pasa es que cuando a uno lo miran como sandinista creen que el Frente está detrás. Si miran que hay diputados sandinistas que nos apoyan y que incluso hay diputados liberales que nos apoyan, porque Maximino (Rodríguez) encabezaba la comisión que encomendó la Asamblea Nacional a darle seguimiento a los Acuerdos de Las Tunas y (él) no es sandinista. Entonces, me parece que eso es como una cosa que han querido desprestigiar a este movimiento y no pueden, porque yo te quiero decir, en Las Tunas Dos, la esposa del señor Arnoldo Alemán vino a repartir comida, y ella es liberal.

Todo mundo piensa cuando miran una lucha de este tipo que es el Frente. Me parece que es una equivocación. Lo que aquí hay es una necesidad, la necesidad de la tierra, del empleo, de la comida. Esa es la necesidad que hay.

El problema es que miran a muchos que estamos al frente que somos sandinistas, pero, es decir, la gente nos puso como gremio allí y allí estamos. ¡Y no voy a negar que soy sandinista, nunca! ¡Y uno de los principios del sandinismo es defender a las grandes mayorías!



¿Tienen cálculos de cuánto se gastó en la última protesta?

Sí. (Hace una pausa y acaricia su desaliñada barba). A diario se pueden gastar unos mil dólares, diarios, para alimentar a esta gente. ¡Y cuidado más! Teníamos que darle lo indispensable para que la gente coma y a veces, es decir, se come salteado. Ha habido conciencia de la lucha (entre los campesinos), hay apropiación de porqué estábamos allí. Porque si la gente no se apropia de la lucha, del porqué anda peleando, allí no nos queda nadie.



Si esta protesta generó gastos, ¿cómo o con qué los solventaron?

Nosotros lo hemos dicho, que ha sido en base a la solidaridad de productores, de comerciantes, de transportistas, de gente individual, de la sociedad. Esa es la gente que nos ha apoyado.



¿Qué viene después de esta protesta?

Tenemos que buscarles proyectos (a los campesinos). Independientemente que nosotros queramos un movimiento que haga autogestión, tenemos que buscarles incluso alternativas con el Gobierno y con otros sectores para consolidar más. Y cuando te hablo de esto es de proyectos productivos que bien pueden ir acompañados de proyectos de capacitación y organizativos, que eso es lo que nos queda a nosotros, es decir, consolidar este movimiento, que no tengan ningún problema… Porque lo que nosotros queremos es estabilidad para la gente nuestra.



Hay un punto en particular muy cuestionado y es el usufructo de algunas fincas que ya tenían en posesión los obreros agrícolas.

Eso es más bien una manipulación, porque si yo me pongo a hacer numeritos, apenas ellos sacan para sacar las cosechas y pagarse lo que ellos están trabajando, porque los precios del café, es decir, hasta ahora están trepando. Ahorita hay como un alboroto de que el café trepó, cuando ya todo mundo lo ha vendido. ¡Todos los productores lo han vendido! Lo mismo le pasó a nuestra gente, que vendió el café en la entrada, por la misma necesidad de querer sobrevivir.



¿Quién administra las fincas?

Cada propiedad tiene su responsable. Están conformados como precooperativas, porque aquí se ha manejado como que soy yo el que maneja la cuestión y no, porque lo manejan ellos. Y te puedo decir que, incluso, en las otras cooperativas donde nosotros estamos organizados, los proyectos que ellos tienen los manejan ellos. Porque aquí Isaac Jáen puede estar hoy, pero no va a estar mañana, entonces tenés que enseñarle a la gente que no puede toda la vida estar dependiendo de uno, sino tener capacidad ellos mismos, de hacer su autogestión y consolidarse un futuro.



¿Tiene que ver “Chaco” Jáen con la comercialización del café que sacan de esas fincas?

Para nada, a como te digo, todo eso lo manejan ellos.



¿Entonces ustedes, como ATC, apuntan hacia el movimiento cooperativo?

Mirá, yo he tenido una cuestión personal que nos ha dado resultado: las cosas para que peguen tenés que hacerlas con la base, es decir, que la organización que va a existir en ese lugar va a salir en base a un análisis con ellos, un diagnóstico de qué tipo de organización le vamos a dar allí, para que sean ellos los que saquen adelante la propiedad con esa organización y la podamos consolidar. Que ellos sean capaces de dirigirse solos y consolidar ese movimiento (cooperativo), que es el orgullo que nosotros sentiríamos como organización, ese es el pago para nosotros, consolidar el movimiento.



Dice ser un “sin tierras”

Isaac Jáen Rivera asegura que resolver problemas de tierras ha sido su trabajo desde hace mucho tiempo. “Yo no vengo resolviendo problemas de tierras desde ahorita y no tengo ni un pedazo de tierra. El único pedazo de tierra que pudiera tener es el que tiene mi papá. Aspiro a tener un pedazo de tierra algún día, pero lo voy a comprar, no me lo va a dar el Gobierno”.

Con cierta participación revolucionaria desde 1976, integrado a la entonces Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES), Jáen fue uno de los fundadores de la Juventud Sandinista en Matagalpa, agrupación que, según él, le encomendó la tarea de organizar el Movimiento Juvenil del Campo, a inicios de la década de los ochenta.

Pero Jáen dice que su inclinación por defender los intereses del campesinado también se debe al “origen campesino” de su madre, y porque de niño y joven pasaba mucho tiempo en la finca de su abuelo, en el sector de El Coyolar, municipio El Tuma-La Dalia.

Con el triunfo electoral de Violeta Barrios de Chamorro, Jáen pasó a ser parte de la ATC y en 1993 fue electo ejecutivo de esa asociación que considera “gremial y no política”.
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“Cada día de protesta cuesta mil dólares”