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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 5 DE JUNIO DE 2004
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Las pruebas de Rivero

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.Personajes e historias sorprendentes pero reales, narradas por el periodista y poeta cubano Raúl Rivero, cruzan las fronteras en un nuevo libro Pruebas de contacto, mientras el autor sigue confinado en una cárcel de la isla.
.Por sus apuntes periodísticos nos enteramos de la mujer que tiene prohibido lanzar flores al mar, donde desaparecieron tres familiares suyos; o del hombre que a veces se viste de traje y corbata, sólo para sentirse humano y civilizado después de haber estado años en prisión

 

Douglas Carcache*

Juana Carrazana, la mujer que perdió a su hija, su nieta y a su esposo en el barco que hundieron los militares de Cuba la noche del 13 de julio de 1994, cuando unas 70 personas intentaban escapar de la isla, seguía siendo hostigada y amenazada años después de aquel día fatídico.

Su historia quedó en la libreta de notas del periodista Raúl Rivero Castañeda, quien está preso en Cuba desde el 20 de marzo del 2003, donde lo juzgaron por “traición a la patria”, lo condenaron a 20 años de prisión y lo confinaron en la cárcel de máxima seguridad de Canaleta, en la provincia de Ciego de Ávila.

Para conocer el “delito” que cometió Rivero basta leer el libro Pruebas de contacto, publicado este mes en Miami por la Editorial Nueva Prensa Cubana, que reúne una serie de crónicas, entrevistas y notas que cuentan lo que pasaba en Cuba cuando se acercaba el año 2000.

Lo que el periodista fue apuntando en su libreta es prohibido divulgarlo en Cuba, pero son hechos y vivencias cotidianas de la gente común.

“Estoy sufriendo hostigamientos sistemáticamente por agentes de la Seguridad del Estado —cuenta Juana Carrazana—, por el sólo hecho de querer ofrecerle misas a mis seres queridos. En el hundimiento murió mi hija Yuliana, de 28 años; mi esposo Reynaldo Joaquín Marrero, de 48, y mi nieta Hellen Martínez, de cinco meses”.

Los cubanos que trataban de huir de Cuba, ese 13 de julio, se apoderaron de un remolcador anclado en la bahía de La Habana y las fuerzas del Gobierno lo hundieron. Murieron 37 personas, entre ellas 10 niños.

La tragedia, para Juana, se prolongó. “Me prohíben ir al Malecón a tirarles flores los 13 de julio o cualquier otro día”, le dijo a Raúl Rivero. “Incluso me persiguen y me acosan cuando voy a la iglesia de la zona donde vivo. Lo peor no es eso, sino que me amenazan con que si sigo en esas actividades van a desaparecer a mi hijo Reynaldito, el único que me queda ya. Quieren dejarme sola en el mundo, dejarme sola”.

PRONÓSTICO TRISTE

El periodista se topó un día con una “estadística escalofriante”, un indicador de que para el año 2010 Cuba tendrá unos 14 millones de habitantes, nueve dentro de la isla y cinco fuera. Comenzaba el año 2000 y se percató que faltaban 11 veranos para que se cumpliera ese pronóstico. “No creo que nadie resista tanto fuego”, escribió.

Rivera, quien fundó en 1995 la agencia de prensa independiente Cuba Press para enviar información al exterior, relata que en la isla hay “una epidemia de incredulidad, de desilusión y de aburrimiento que tiene a la juventud aferrada a una palabra: irse; y a los más viejos a otra: resignación”.

“Sucede que Jesús Labrador, un periodista de 42 años, que vive en la zona oriental de Manzanillo, tiene que salir todos los días a pescar a la bahía, en una recámara (neumático) de tractor para vender los pescados y alimentar a su familia”, relata en Pruebas de contacto.

También “decenas de escritores y artistas fundamentales para la cultura cubana, agobiados por la burocracia, la torpeza y la arrogancia policial viven con la imagen en Cuba y los pinceles en el extranjero”.

“Se impone una filosofía de la fuga porque ante la agudización de los problemas, ante la oscuridad del conflicto la gente sólo encuentra solución saliendo del país”.

LAS LETRAS DE LA EXCLUSIÓN

Un hombre aguardaba una tarde en la sala de su casa, vestido con traje y corbata. Al verlo, el periodista le preguntó a qué evento especial asistiría. A ninguno. “A veces me despierto por la mañana con la prisión en la cabeza —explicó el hombre—. Fueron muchos años encerrado y vestido de harapos y entonces me dan deseos de vestirme como una persona, verme elegante y limpio y civilizado”.

En el libro de Rivero también encontramos la historia de Michel Charnícharo Pláceres, quien tenía 17 años en 1994 cuando participó, el 5 de agosto, en la primera manifestación popular masiva en contra del socialismo cubano. La gente gritaba “abajo Fidel, que se vaya Fidel, queremos libertad”.

Charnícharo fue apresado. “Me dieron una patada y me tiraron en el calabozo, mientras me golpeaban por la espalda... En un patiecito que hay en los calabozos, me entran a piñazos dos calaboceros. Allí perdí un diente... Me desmayé por la pateadura y desperté otra vez dentro de la celda”.

Al joven lo acusaron de rebelión y de contrarrevolucionario, entre otros cargos. “Ya en la calle, no he podido conseguir trabajo más nunca”, le contó a Rivero. El problema de Charnícharo es que su expediente político tiene dos letras: CR. Significan contrarrevolucionario.

DESAHOGO EN PAREDES

De las notas periodísticas de Rivero, reunidas en Pruebas de contacto, salta en ocasiones un humor con destellos de tristeza o amargura. Es el caso de tres hombres que van escondidos hacia una playa para lanzarse en una balsa al mar y “llevaban 12 hamburguesas McCastro —como llaman los cubanos, en sorna, a una torta de rancio sabor en forma de albóndiga— de carne de cerdo y soya”.

O el letrero en un sitio público, que reza: “Las inundaciones no surgen porque el río se desborde, sino porque el país se hunde”. Lo hicieron con tinta negra en una de las columnas del monumento a los presidentes constitucionales de la República (construido antes de 1959), el sitio elegido por los artistas para inscribir mensajes, poemas y admoniciones.

Como las autoridades mandan con frecuencia a quitar esos letreros, alguien escribió esta conjugación: “Yo pinto, tú pintas, él pinta, nosotros pintamos. Ellos borran”.

*(Editor de LA PRENSA)  
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Las pruebas de Rivero