Una rosa para la niña que volvió por su muerte
Carlos Martínez Rivas
Arreglemos esto de una vez.
Tú sabes bien cómo desde el árbol de oro, cómo desde tus sueños, desde el mar, desde el aire, no has venido a este mundo sino a buscar tu muerte.
Para esto te he traído esta rosa. Esta mano cerrada de fuerza silenciosa que en tu pequeño oído es el amor que, ciego, viene a golpear tus puertas.
Ahora, no te muevas. Va naciendo la rosa: sube lenta hasta tu corazón y allí se queda, como un nudo de párpados que se abren para que nazca un ojo que te ama y quiere verte.
Porque sin duda te moriste un día a la carrera, tan a tientas, tal vez sin esperarlo, que cogiste otra muerte por llevarte la tuya.
Todos vimos entonces cómo aquélla no te venía bien y la llevabas como un traje ajeno, como un rostro prestado.
Una muerte que nadie te conoció jamás, porque tú eres propietaria de muchas muertes.
Tenías una alegre que la llevabas generalmente en los anillos, y que parecías nutrirla con el recuerdo de muchas fiestas. Otra, era una muerte serena a la que acostumbrabas trasladarte por pequeñas temporadas, de donde regresabas un poco inclinada hacia atrás.
Tenías también una muerte oscura, enlutada, como si a esa tu muerte se le hubiese muerto a su vez un pariente querido.
Otra era una muerte inmensa, sin bordes, desproporcionada, que más bien podía ser la muerte de una montaña, y que a todos nos parecía demasiado ancha para ti.
Una infinidad de muertes. Tanto que todos sabíamos cómo para ti andar, hablar, reír, tocar el piano... no eran sino distintas maneras que usabas para suicidarte, y era un ir probándote muertes como trajes hasta dar con tu número. Por eso en esta noche te he traído esta rosa. Te he traído este sorbo de brisa con abejas, esta pequeña colonia de perfume, quiero decir: esta provincia de rocío, esta isla de tránsito, este dulce aeropuerto para las mariposas.
Y te la entrego para que te sirva de brújula y con ella te guíes y recuperes esa muerte que se te ha muerto.
Tal vez mostrándole la rosa vuelva, y tú podrás de nuevo estar a solas en tu vivienda pura, en tu país de astros, en tu república de pájaros.
En tu alto y eterno paraíso perdido donde puedas vivir todas tus muertes. 
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