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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 31 DE JULIO DE 2004
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Santos Cermeño: válida herencia cultural

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Santos Cermeño Bermúdez.

 

Raúl Orozco

Sólo estando en la Costa Caribe nicaragüense, pudo el poeta de Masaya Santos Cermeño Bermúdez, tener acceso a palabras desconocidas en los años cincuenta, en nuestra región del Pacífico. Desconocidas, digo, en la poesía de este lado de Nicaragua. Bembas coloradas. Dice el poeta en su Epistoleta del canto: “parece oírse un rumor de besos y bembas coloradas y voces que hablan en extraña lengua”. Y el embrujo de Bluefields que otros encuentran en el paisaje verde o en el mar o en los barcos, para él se encuentra “en esa voz que se acompaña de los banjos. Ese canto de Oldbank que se retuerce en las noches, que aprieta la garganta de las mujeres parturientas y el pulso de los hombres que muerden sus miserias. El canto, lacrimoso y sensual a veces, alegre por las tardes, quejoso en la madrugada. Se trata, está claro, de un poeta-músico que oye rumores de besos y cantos.

Y viendo a las niñas negras camino hacia la iglesia, razonó que los ángeles allí tendrían que ser negros también:

“El sol de la mañana, en la perlada de la grama, incendiaba pomposas joyerías; y el ángel africano de la guarda iba cuidando de peligros y tentaciones a las niñas”.

David Mcfield, que buen ojo tiene y canta como Louis Armstrong, le salió al paso después, al maestro, con Dios es negro. Una herencia.

Y cuando alguien deja una herencia cultural válida para su pueblo, merece ser publicado, leído. Esto es lo que pensé cuando, después de un reiterado y casi perverso insistir a Julio Valle Castillo, en la necesidad de reflotar a Santos Cermeño, decidió por fin hacerlo, aprovechando el dudoso y discutido Centenario de Bluefields, con el apoyo del Fondo Editorial: Asociación Noruega de Escritores(ANE), el Centro Nicaragüense de Escritores(CNE) y la Agencia Noruega para el desarrollo (NORAD)

Para quienes no han leído a Santos Cermeño, la densa nota informativa que Valle Castillo escribió para Cañamazo y otros poemas, que incluye las antologías en las que ha sido incluido y los estudios realizados sobre dicho poeta, debería ser suficiente. Ya compartir premios nacionales con Manolo Cuadra, Ernesto Mejía Sánchez y Ángel Martínez, basta como carta de presentación; además, Valle Castillo nos informa del largo listado de amistades que frecuentó el poeta, con alturas como las de Joaquín Pasos, Manolo Cuadra, María Teresa Sánchez, Agustín Lara(el Músico y Poeta mejicano), Rodrigo Peñalba, José Román, Carlos Martínez Rivas, Ernesto Mejía Sánchez, León Felipe, además de sus carteadas con Federico García Lorca.(y Nicolás Guillén)

El poeta Cermeño Bermúdez publicó Cañamazo en 1954 y por allí entró a la poesía del Pacífico, la poesía de la Costa Caribe nicaragüense. Cermeño, nacido y criado en Masaya, poeta, músico y abogado, llega a Bluefields y queda deslumbrado: “Esto es Bluefields, Joaquín, el esclavo paraíso del canto”.

Y, vanguardista como lo era, sin pertenecer al grupo de Vanguardia de Granada, creó una poesía musicalmente afrocaribeña, paisajísticamente Bluefileña e introduce, por primera vez en la poesía nicaragüense, el famoso estribillo, “Sin saima simaló” que retomarían más tarde, David Mcfield y Carlos Rioby.

Según me dijo en una de las conversaciones que sostuvimos, existía (o existe, no lo sé) una vieja canción inglesa que decía “Sing Simon, Sing my love” Canta Simón , canta mi amor, que se convirtió en Sin saima simaló. Entiendo que para siempre. Lo que sea que eso signifique.

Yo lo recuerdo cuando tenía setenta años, en San José de Costa Rica, donde en medio de tazas de café y discusiones sobre “la tal poesía”, pasaba rápidamente de un tono fogoso, a uno humorístico que fácil podría ser humor negro de allí a la carcajada mientras recitaba fragmentos de Palos de mayo en Bluefields; con la mano derecha llevaba el compás y con la voz, hacía énfasis en la intención:

“Caray, ¡Caray! La Carey
(Sin saima simaló)

Seis meses amando está;
(Sin saima simaló)”

O, acelerando el ritmo:
“y siempre vivo, endiablado,
el ritmo africano, airado
(Sin saima simaló)”


y levantando de pronto los ojos chispeantes, me preguntaba: ¿qué harías vos con un Carey? Y se reía como ríen los niños.

Yo lo recuerdo desinhibido. En un crepúsculo de 1973, me hizo conocer, cantando a todo pulmón en pleno parque central de San José, la famosísima Balada para un loco, mientras los transeúntes nos observaban como a eso: locos. Me decía de su poema “monumental” Itinerario del frío que “pronto iba a ser publicado en Argentina” y apasionadamente, hablaba de la poesía, afirmando tajantemente que “para ser poeta, hay que ser músico”.

(Observo que el libro publicado dice “Tránsito del frío”e ignoro si así estaba escrito en sus papeles o se haya equivocado el poeta al decirme el nombre de su poema, que efectivamente, es monumental)

Cuando leía un libro, Cermeño, lo convertía en un laberinto de rayas, observaciones, asteriscos, notas (en acuerdo o en desacuerdo con el autor) hasta que consideraba haberlo entendido suficiente. Un probo lector que nos lleva a considerar, también, que se trataba de un escritor probo, como lo demuestran sus poemas. Porque su poesía está llena de hallazgo y ternuras poéticos:

“Pájaros, versos, niños libres,
y el origen radiante sería recobrado”.

“Cuando los niños duermen en sus casas
la escuela es un congreso de juguetes”.

“Tus pechos dan olores de melón”.
(Mayaya lost the ky Mayayaón)

“Tus sobacos me dan una safacoca peor que

desazón”.

Julio Valle Castillo, en el prólogo, afirma que la poesía de Cermeño se siente “lastrada por Vicente Huidobro, García Lorca y Rafael Alberti”, juicio a mi parecer, un tanto injusto sabiendo como sé el aprecio personal de Valle Castillo por S. Cermeño, no hay motivos para temer el dolo. Sigo a N. Frye cuando afirma que “cualquier poema puede examinarse, no sólo como una imitación de la naturaleza, sino como una imitación de otros poemas”, lo cual viene a significar que todos imitamos, en mayor o menor medida y que muchas veces, esa imitación es deliberadamente explícita y constituye un homenaje para el imitado que imitó a su vez. Es sabido de todos que el inmenso Shakespeare, en sus obras, toma de sus fuentes, literalmente, su material dramático. Concluyo, pues, estas líneas, agradeciendo a Julio Valle Castillo su interés por la publicación de un gran poeta nicaragüense y citando nuevamente a Frye: “Pero cualquier estudio serio de la literatura pronto demuestra que la real diferencia entre el poeta original y el poeta imitativo, estriba simplemente en que el primero es imitativo de modo más profundo”. ¡Vamos robando!

Escritor.  
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