Código Da Vinci, fórmula para un best-seller
Nicasio Urbina urbina@tulane.edu
El libro de Dan Brown, The Da Vinci Code. A Novel. (New York: Doubleday, 2003. Traducción española de Juanjo Estrella. Barcelona: Umbriel, 2003) lleva 65 semanas en la lista de best-sellers del New York Times. La traducción española ha corrido la misma suerte tanto en Madrid como en Buenos Aires y México. ¿Qué ha hecho que este libro se convierta en best-seller de forma tan contundente? La respuesta no es singular y trataré de responderla en el limitado cuerpo de esta reseña.
The Da Vinci Code es una novela escrita, mejor dicho “planificada” para ser un best-seller. Dan Brown ha escogido como tema un punto medular de la cultura occidental: la vida de Cristo. Una y otra vez la vida y la pasión de Cristo despiertan el mayor interés entre cristianos y no cristianos. Aún no se ha aplacado la controversia de la cinta de Mel Gibson The passion of the Christ, la obra que de forma más descarnada muestra la tortura a la que fue objeto Cristo. En muchos todavía resuenan las melodías de Jesus Christ superstar, la ópera de Andrew Lloyd Weber que se estrenó en el Hellinger Theater de Nueva York el 12 de octubre de 1971, llevada luego a la pantalla en 1973 por Norman Jewison.
Pero El código Da Vinci tiene más en común con The Last Temptation of Christ, basada en la novela de Nikos Kanzantzakis (O Xristos xanastavronetai) llevada al celuloide por Martin Scorsese bajo la adaptación de Paul Schrader. Brown retoma la controversia sobre la descendencia de Cristo y su éxito editorial demuestra que la fórmula funciona.
Brown propone que María Magdalena no sólo era la compañera de Cristo sino que tuvo un hijo de su simiente, fue una de los 12 apóstoles y Cristo le confió la dirección de su Iglesia. Sin embargo, la misoginia de Pedro y Pablo llevó a la persecución de María Magdalena, a tildarla de prostituta y condenar a su descendencia. El Santo Grial es, según Brown, María Magdalena. El Priorato de Sion resguarda todos los documentos que demuestran esta hipótesis y su localización sólo al conocer cuatro miembros del Priorato.
Ahora bien, no es solamente el seudo-debate teológico lo que compone esta fórmula de masificación de la literatura. En el centro de la trama está también la fórmula de la novela policíaca, el crimen que clama por solución, el enigma por discernir. En la Gran Galerie del museo Louvre en París se encuentra el cuerpo sin vida de Jacques Saunière, director del museo, una de las mayores autoridades del mundo en simbología femenina, y (más adelante lo sabremos), Gran Maestro del Priorato de Sion. La novela policíaca ha demostrado ser el subgénero más consumible de la literatura, produciendo fenómenos de la talla de Agatha Cristie, y logrando que un libro como Il nome de la rosa de Umberto Eco lograra colocarse en la lista de los más vendidos y llegar al celuloide.
La novela también ofrece la fascinación de los poderes terrenales. El Opus Dei y el Vaticano empeñados en que no se revele el contenido de los documentos de Sangreal (la descendencia de Cristo). Un profesor distinguido de Harvard, Robert Langdon, especialista también en simbología sagrada, haciendo de víctima falsamente acusada del crimen de Saunière; una especialista en decodificación de la policía francesa, Sophie Neveu, nieta de Saunière, y a quien se le confía el secreto del Santo Grial; un comisario francés Bezu Fache empecinado en arrestar a Langdon y aparentemente a las órdenes del Opus Dei. El obispo Manuel Aringarosa, representante del Opus Dei en EE.UU., donde recientemente construyeron un edificio de 47 millones de dólares para sus oficinas en 243 de Lexington Avenue en Nueva York; y el albino Silas, numerario del Opus Dei, la mano mortal por medio de la cual actúa Aringarosa. Finalmente el millonario inglés, Sir Leigh Teabing, quien ha dedicado toda su vida a la búsqueda del Santo Grial. Este es el elenco de personajes, planos y carentes de profundidad, que van a poblar las páginas de El código Da Vinci.
Otro elemento importante en la manufactura de este thriller es el aire intelectual que rodea la trama. Hay mucha historia sagrada, mucho detalle que aspira a los más oscuros y misteriosos conocimientos de la iconografía judeo-cristiana. Textos sagrados, investigaciones neotestamentarias, misterios y acertijos que pretenden mantener al lector en suspenso. Leonardo Da Vinci, el gran genio de Renacimiento, como eje central de la novela rige y dirige los misterios de la trama, la escritura especular, los códigos secretos de sus pinturas, de sus diarios. El gran Isaac Newton en su tumba en Westminster Abby parece encerrar el secreto del paradero de los documentos. La gran base de datos de historia sagrada de King's College ofrece la oportunidad de combinar las informáticas con los incunables. En fin, todo un tinglado seudo-intelectual que, a la Indiana Jones, nos lleva de la mano por dos mil años de misterios.
En realidad ninguno de los elementos de la novela resulta ser verdaderamente controversial, auténtico, profundo. Aún los pasajes que podrían ser explosivos, logran salvarse hacia el final de la narración. El Vaticano y el Opus Dei, que parecían ser los autores intelectuales del crimen resultan exonerados de toda culpa. No voy a revelar quién es el verdadero criminal para no arruinarle la lectura a aquellos de ustedes que deseen leerla. Robert y Sophie terminan en una historia de amor que desde el principio sospechamos. El capitán Fache resulta ser un comisario honesto que simplemente trataba de hacer su trabajo a conciencia. ¿Y los descendientes de Cristo? ¿Sabemos al final qué ha pasado con el hijo o hija de María Magdalena? Por supuesto que no. Un libro que entrara de verdad a esclarecer ese tema nunca llegaría a la lista de best-sellers. The Da Vinci Code. A Novel es entretenimiento, con una dosis de intelectualismo, dos cucharadas de poesía, medio litro de misterio, cocinado a fuego lento y en capítulos breves y fáciles de leer. A 24.95 dólares el ejemplar, con una versión ilustrada para lo que nunca han visto la Piedra Roseta, la versión en audio, el libro de cocina, y los datos reales detrás de la ficción, hacen de esta novela una verdadera empresa comercial.
El autor es catedrático de la Universidad de Tulane en Nueva Orleáns

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