Ecos 25 años después
“Me enamoré de la revolución”
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Llegó a Nicaragua en 1980 y ocho días le bastaron a María Luisa Atienza, religiosa de la Institución Javeriana, para enamorarse del país. Tres años más tarde regresó para quedarse |
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María Luisa Atienza aún
lleva la revolución en su
corazón. Vino como
cooperante y se quedó para siempre en Nicaragua.
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María Luisa se convirtió en monja a los 28 años en su natal España. “Era un apostolado de vanguardia. Usábamos trajes corrientes y no hábitos, todo autorizado por el Vaticano, debido a que había un sentimiento anticlerical entre los trabajadores después de la guerra civil y había que llegar a ellos de alguna manera”, explica.
En 1952, un viaje a México la puso al frente de una residencia de obreras. “Ahí me caló muy hondo la situación de pobreza de esas muchachas. Regresé a España y solicité ser enviada a trabajar a cualquier lugar de Latinoamérica”, cuenta Atienza.
La popularidad en el exterior de la revolución nicaragüense la trajo a nuestra tierra. “Venía de paseo para conocer un poco de Nicaragua, en octubre de 1980, y me enamoré de la revolución. El entusiasmo en la gente era contagioso. Pero regresé hasta 1983 para trabajar como enfermera voluntaria”, relata.
Su llegada coincidió con la primera visita de Su Santidad Juan Pablo II. “Me impactó mucho que el Papa no fuera capaz de rezar un Padrenuestro por los muchachos caídos en San José de las Mulas. Creo que fue un acto antievangélico”, dice Atienza desde su particular punto de vista.
VIRTUDES Y DEFECTOS
Sus años de trabajo en Nicaragua le costaron la separación de la Institución Javeriana. Laboró mucho tiempo en el centro de salud Edgar Lang, del barrio San Judas. “Fue mi trabajo más feliz, porque el Ministerio de Salud estaba en función de la gente. Siempre había una respuesta a todo”, manifiesta.
Hoy, a sus 79 años, María Luisa dice no arrepentirse de nada. “¿Acaso hay que pedir perdón por la alfabetización y muchas otras cosas buenas? Hubo quienes aprendieron a leer y escribir en la Cruzada y ahora son médicos”, asegura.
“Hubo errores, por supuesto, como el enriquecimiento de algunos dirigentes y la manera de reclutar a los jóvenes al Servicio Militar, sobre todo al final de la revolución, porque al principio hubo muchos voluntarios. Pero todas las revoluciones de la historia no fueron hechas por ángeles sino por hombres con errores y defectos”, concluyó.

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