DOMINGO 18 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23514 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





Ecos 25 años después
Expropiado y desterrado

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. “La revolución me quitó a mis hijos, me robó mis tierras y me arrebató a mi familia”, asegura con rabia don Juan Miguel Sequeira, confiscado por el Gobierno sandinista

Salomón Rizo López, perdió a tres hijos, su familia, sus propiedades y hasta el derecho de volver a Nicaragua en los años de la revolución.

 

De sus 80 años, don Juan Miguel Sequeira ha consumido los últimos 20 en pelear porque le regresen un terreno que le fue arrebatado a su hermano en los años ochenta. El terreno, un solar de 13 varas de frente por 50 de largo, ubicado en el barrio Santa Rosa, era el negocio del hermano mayor de don Juan, quien hizo construir tres casitas dentro del terreno y las alquilaba para vivir.

Una mañana de 1983, la gente del Comité de Defensa Sandinista del barrio decidió que en la revolución no podían existir desigualdades e injusticias, y orientó a los inquilinos a no pagar más el alquiler y hacer suyo el pedazo de tierra que ocupaban, por aquello de que la tierra no es de quien la tiene, sino de quien la necesita.

Y así, sin papeles, sin órdenes, sin nada legal que avalara el despojo, una tierra pasó de las manos de un hombre humilde, a las manos de destacados hombres defensores de la revolución en ese barrio, de gente que se destacaba en las jornadas rojinegras de limpieza y que disciplinadamente realizaban vigilancia revolucionaria.

Han pasado muchos años y la tierra, ahora heredada a don Juan Miguel por su difunto hermano, sigue en manos ajenas. “Ya ni siquiera puedo acercarme porque me amenazan con golpearme”, cuenta el señor, a quien sus hijos le han dicho que se olvide del asunto.

“¿Cómo voy a olvidarme de algo propio, que nos costó sudor y que le causó la muerte de pena moral a mi hermano? No puedo dejar así las cosas, no es justo”, dice con voz apagada don Juan Miguel Sequeira.

HUYENDO

Con peor suerte corrió Salomón Rizo López, a quien le mataron a tres hijos en la guerra de insurrección y perdió una finca de 500 manzanas en Matagalpa, donde lo acusaron de somocista antes de confiscarlo.

“Si no he huido me hubieran matado”, dice Rizo, con palabras cargadas de rencor por lo que significó su vida a partir del triunfo de la revolución.

“Hui a Costa Rica con una mudada, y mi familia, a como pudo, se escondió en Honduras”, recuerda y agrega con dolor que desde entonces no supo más de ellos hasta el final de la guerra, cuando supo que estaban en Estados Unidos. Para entonces, sus hijos que sobrevivieron ya estaban casados y su familia ya no era la misma.

“Hasta yo hice mi vida allá en Costa Rica. La revolución me quitó a mis hijos, me robó mis tierras y me arrebató a mi familia. Ni siquiera me dio la oportunidad de ver mi tierra por diez años. Eso no se olvida”, dice él con las palabras mascadas con rabia, la vista reflejando dolor, y las manos crispadas de odio.
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