Ecos 25 años después
“Bueno es el que no roba... no mata, el que mira por el pobre”
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Lejos de aquellos días infernales de la Guardia somocista, Angelina Díaz Aguilar, una de las mujeres de El Cuá, subsiste vendiendo tortillas en Matagalpa |
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Angelina Díaz, sobreviviente de El Cuá.
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Las caminatas extensas y nocturnas al unísono de las chicharras atestiguaron los malos partos. Unos hijos salían de sus vientres envueltos en hemorragias, otros no resistieron y nacieron muertos. “Caminábamos todos los días y a los tres días de nacido murió otro, sólo aguantó tres días”, recuerda Angelina Díaz Aguilar, una de las mujeres campesinas sobrevivientes de las torturas en El Cuá.
Así era la vida clandestina de las mujeres de El Cuá, una comunidad de Matagalpa embestida por la Guardia Nacional.
Angelina Díaz Aguilar es una campesina que procreó siete hijos con el guerrillero Jacinto Hernández, de los que sólo viven dos. Lejos de aquellos días infernales hoy subsiste vendiendo tortillas en Matagalpa.
El martirio de Angelina, cuya crudeza persiste en su memoria, comenzó con la toma de un comando formado en Zinica, descubierto por la Guardia. Nunca se supo quién los denunció, pero creen que la guardia los olfateó cuando los guerrilleros se fueron a buscar un cerdo a la comunidad El Chile.
Unos 500 guardias, según recuerda, se presentaron como a las 9:00 a.m. Oyeron los tiros y huyeron diez mujeres con cinco chavalos hasta llegar a Santa María de Pasoá, donde ocho días más tarde los alcanzó la Guardia.
“Fue allí donde nos capturaron como a las ocho de la mañana, en Santa María de Pasoá. Ahí había una casa, donde vivía un viejito, él nos dio posada. Estaba Saturnino, Francisco González, doña Catalina, la Aurelia, la Emelina, la Cándida, la Martina, todos esos veníamos. Eso fue en el 69 y luego nos llevaron al comando de El Cuá”, recuerda, y añade que estuvieron tres meses detenidas, tiempo en el cual fueron torturadas.
Angelina, después de tantos años recorridos de historia política en Nicaragua, sabe quién puede ser el bueno y el malo: “Bueno es el que no roba, el que no mata, el que mira por el pobre, por cada uno de nosotros, que tiene buena conciencia, si está enfermo lo llega a ver y le dice: tomá este guacal de agua. Eso es unión”.

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