DOMINGO 18 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23514 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





Ecos 25 años después
“Los jóvenes de ahora no son como los de antes”

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La Cruzada Nacional de Alfabetización es otro hito sin precedentes en la historia del país y América Latina. En 1980, el 53 por ciento de los nicaragüenses no sabía leer ni escribir. El Ejército Popular de Alfabetización (EPA), compuesto por miles de jóvenes entusiastas, redujo la tasa de analfabetismo al 12 por ciento.

 

“La Cruzada Nacional de Alfabetización fue algo muy hermoso. Si se repitiera me encantaría ir a la montaña otra vez”, expresa sin vacilación Marta Lorena Rivas.

Contaba apenas con 17 años, en 1980, cuando se trasladó al valle Maquengale, en la comarca Wamblán, municipio de Wiwilí, Jinotega. Era alumna del Instituto Nacional Ramírez Goyena y fue nombrada responsable de la escuadra Sergio Ayerdis.

“Alfabeticé a 25 señores y aprendí muchas cosas en el campo. Lo más bonito de esa experiencia fue la relación con los campesinos y la comunicación con ellos”, comenta Marta Lorena mientras atiende a Héctor, un pequeño de 12 años que padece de osteoporosis congénita que vive en un hogar de niños huérfanos y discapacitados.

Ella tiene ahora 42 años, es madre de tres hijos y vuelca su vida casi por entero al hogar Pajarito Azul. Los niños de la calle son su principal preocupación. No en vano ha acumulado 19 años de experiencia en centros de asistencia social.

Quiso ser sicóloga, pero llegaron los hijos y la vida la condujo por otros rumbos hasta convertirla en educadora social. Los jóvenes pandilleros son su otra preocupación constante. “Los jóvenes de ahora no son como los de antes. Nosotros siempre estuvimos ocupados en cosas buenas y útiles”, dice.

Sin embargo, 25 años después del triunfo de la revolución, dice sentirse un tanto defraudada. “Todo lo que hicimos quedó en el aire, en la nada. Es lamentable que no se asegurara la continuación de cosas buenas como el rescate de los jovencitos que deambulan por las calles”, explica.

“Los dirigentes (sandinistas) se han desobligado y siguen de una u otra forma en el poder, pero no le dieron importancia al trabajo de tantos jóvenes”, señala Torres, quien se confiesa sandinista y dice no arrepentirse de nada.
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