DOMINGO 18 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23514 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Las muchas salidas de Somoza

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. Luis Pallais Debayle,presidente del Congreso Nacional hasta julio de 1979, primo y principal asesor de Anastasio Somoza Debayle, relata las múltiples negociaciones que desde 1976 se dieron para buscar una salida pacífica al régimen somocista y evitar la toma del poder por el Frente Sandinista

Luis Pallais Debayle.

 

Adolfo Pastrán Arancibia
Especial para LA PRENSA

I PARTE

La caída del gobierno del general Anastasio Somoza Debayle comenzó mucho antes de 1979, promovida por el mismo Departamento de Estado de Estados Unidos, que financió a grupos opositores internos para que desestabilizaran al régimen y se propiciara el adelanto de elecciones generales, pero más bien debilitaron el sistema y abrieron las puertas a la insurrección armada.

Para 1974, cuando Somoza se lanza de nuevo como candidato por el Partido Liberal Nacionalista por un período de 6 años y asume otra vez la Presidencia, sus relaciones con Estados Unidos comenzaron a deteriorarse, en gran parte porque la renuncia forzosa del Presidente norteamericano Richard Nixon, envuelto en el escándalo del Watergate, desencadenó cambios importantes en la política exterior hacia América Latina.

Estados Unidos se encontraba desgastado por la guerra en Vietnam y las constantes denuncias de abusos y violaciones a los derechos humanos en muchos regímenes latinoamericanos que eran presididos por juntas militares.

El Departamento de Estado veía con malos ojos el hecho que Somoza había designado a su hijo, Anastasio Somoza Portocarrero, como jefe de la recién formada Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería, (EEBI)

Luis Pallais Debayle, primo hermano de Somoza, quien fue uno de sus principales consejeros y presidente del Congreso Nacional, confirmó que fue a él a quien le pidieron transmitiera un mensaje directo a Somoza.

“Los Estados Unidos y los Gobiernos democráticos del Continente no estaban de acuerdo con este nombramiento, que daba la impresión de que el presidente Anastasio Somoza quería repetir la historia, cuando su padre (Anastasio Somoza García) lo nombró director de la Academia Militar y desde entonces se prolongó la sucesión de los Somoza, que en estos tiempos no era ni aceptable, ni posible”, dice Pallais.

Estando en Washington, con el mensaje recibido, Pallais le informó de la conversación al entonces Embajador nicaragüense en la capital norteamericana, Guillermo Sevilla Sacasa, y ambos acordaron viajar a Managua para darle personalmente el recado a Somoza.

“Cuando llegamos a Managua, nos fuimos al Bunker, y yo le informé al presidente Somoza el mensaje de Washington y le aconsejamos que era conveniente poner a otro oficial al frente de la EEBI, la escuela militar con la que Somoza Portocarrero pensaba eliminar las revueltas guerrilleras. Llamó a su hijo por teléfono y lo invitó a almorzar, junto con el embajador Sevilla Sacasa y conmigo”, dice Pallais.

Cuando llegó Somoza Portocarrero y sentados ya en el comedor, le dijo a su hijo: “Que te cuente tu tío Luis lo que le dijeron en Washington”.

“Yo repetí lo que me dijeron en el Departamento de Estado y la opinión confirmada de la mayoría de los países miembros de la OEA, él escuchó todo en completa seriedad. Tanto el Embajador Sevilla como yo, dimos nuestra opinión, de que sería conveniente y prudente acatar con la recomendación dada por Estados Unidos”, apunta Pallais.

“El embajador Sevilla Sacasa sugirió que como a Tachito le gustaba mucho Inglaterra que lo nombrara embajador allá”.

“Tachito, se levantó de la mesa, sin almorzar, saludó militarmente a su padre que estaba vestido de uniforme militar de camuflaje, y le dijo: ‘Jefe, si usted me quiere mandar al exilio, hágalo’”, dice Pallais, pero al mismo tiempo confirma que “el presidente Somoza no tomó ninguna determinación sobre este tema tan importante políticamente, y lo dejó de Jefe de la EEBI”.

Ante la negativa, funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos contactaron a los opositores en Nicaragua y los financiaron para desestabilizar al régimen, lo que unió en determinado momento a empresarios, líderes políticos y sindicales con el Frente Sandinista alrededor del mismo objetivo: derrocar a Somoza.

Entendido de la situación, Somoza intentó sostenerse en el poder hasta el fin de su mandato en 1981 y mandó a Pallais por Washington, Panamá, México y Venezuela, para llegar a un arreglo con los presidentes de esos países, para que dentro del marco de la OEA se formara en Nicaragua un Gobierno de Unidad Nacional, pero que permitiera a Somoza terminar su período, pero la oposición no aceptó.

EL AUTOGOLPE

“En mi última visita a Venezuela, a una reunión con el presidente Carlos Andrés Pérez, después de una larga conversación, yo siempre tratando de que el Presidente Pérez influyera para que la oposición y el capital aceptaran la formación de un gobierno de unificación nacional, que culminara al término del período del presidente Somoza, con elecciones supervisadas por la OEA y otros países, el presidente Pérez me dijo muy claramente que él y otros gobiernos tenían la solución al problema de Nicaragua y yo entonces pregunté cuál era”, dice Pallais: un autogolpe de Estado.

El Presidente venezolano proponía que Luis Pallais Debayle, entonces presidente del Congreso Nacional, asumiera la presidencia de una Junta que gobernaría Nicaragua y que culminaría el mandato de Somoza hasta 1981 y de ahí convocaría a elecciones supervisadas por la OEA y que Somoza abandonaría el país hasta con la cuarta promoción de la Guardia Nacional, sin derramamiento de sangre.

Pérez prometió gestionar el apoyo y el reconocimiento del Gobierno de Estados Unidos y de todos los países latinoamericanos a favor de esa junta cívica.

“Yo no he venido a esto, qué va a pensar mi primo, el presidente Somoza, que yo vine a jugarle sucio”, le contestó Pallais al mandatario venezolano, quien insistió diciendo que todo estaba arreglado y tomó el teléfono pidiendo hablar con Somoza, pero le dijeron que se encontraba fuera de Managua.

De regreso a Managua hizo escala en Panamá y en la base militar lo esperaba el general Rubén Darío Paredes, quien le dijo que Torrijos quería hablar con él.

“Me llevaron en un helicóptero, creo que a la casa del señor Rori González, muy amigo del general Torrijos. Cuando entré Torrijos me recibió, diciéndome ‘Qué te pasa Lucho que no querés resolver el problema de Nicaragua, que cada día se le pone peor a Tacho, ¿que no querés ser Presidente?’”, narra Pallais y agrega: “Yo le contesté: ‘Mirá Omar, esto no es cosa mía, es Tacho el que tiene que resolver y aceptar esta oferta de ustedes. Lo que me preocupa es que Tacho vaya a creer que yo soy partícipe de este plan’”.

Entonces, el general Torrijos le dijo: “Yo lo aclaro esto con Tacho, ésta es la última solución si no quiere la guerra. Los muchachos del Frente tienen mucho apoyo dentro y fuera de Nicaragua, y la única manera de calmarlos es esta solución que apoyamos todos”.

Torrijos, entonces el hombre fuerte de Panamá, llamó telefónicamente varias veces a Managua a Somoza y le contestaron lo mismo, que se encontraba fuera de la capital y no podían comunicarlo.

Somoza sabía que su primo Luis regresaba ese mismo día y seguramente esperaba conversar con él sobre las gestiones.

“Yo me fui inmediatamente al Bunker. Cuando llegué, él estaba de pie y cuál fue mi gran susto que me recibe diciéndome: ‘¡Que tal señor Presidente de Nicaragua’”, asegura Pallais.

Sorprendido, “lo único que se me ocurrió fue preguntarle si ya había hablado con Carlos Andrés y con Omar, y me dijo que no, pero que le explicara la propuesta”.

Al sentarse a conversar en la sala de juntas del Bunker, Somoza le mostró un cable de la agencia de noticias EFE, en el que informaban que el primo de Somoza le había dado un golpe de estado.

“Yo casi me desmayo, y le expliqué a Tacho en detalle toda la conversación con el presidente Pérez y con Torrijos, la oferta que hacían y que trataron de informarle por teléfono y no pudieron comunicarse”, dice Pallais. Sin embargo, Somoza no aceptó el plan para darse un autogolpe y abandonar el poder.

EL PLEBISCITO

A inicios de abril de 1979, Pallais viajó de nuevo a Washington con otra propuesta para el Departamento de Estado que consistía en convocar a un Plebiscito para que los nicaragüenses decidieran si Somoza debía quedarse hasta 1981 y no postularse más o debería abandonar el cargo inmediatamente.

Si Somoza era derrotado se iría al exilio con cuatro promociones de la Guardia Nacional y el Congreso Nacional escogería a un presidente interino para que concluyera el período hasta 1981.

A Pallais lo citaron en Washington para pedirle que recibiera al embajador Lawrence Pezzullo, quien tenía un mensaje muy importante que darle personalmente.

“En efecto, se presentó el embajador Pezzullo y nos transmitió el mensaje urgente de que la OEA y Estados Unidos estaban de acuerdo en que el presidente Somoza debía renunciar en el término de 24 horas e irse del país. Que se iba a nombrar una Junta de Gobierno Nacional”, dice Pallais.

Una vez en Managua, Pallais informó a Somoza. Para entonces, la ofensiva final militar del FSLN no había comenzado.

Somoza se quedó reflexivo y le dijo a Pallais que no quería derramamiento de sangre y que si eso era necesario para darle paz a Nicaragua y si la Guardia Nacional lo aceptaba, él renunciaba e inmediatamente tomó papel de su despacho y con su puño y letra redactó la renuncia, la dobló y se la guardó en el bolsillo.

Pero en los precisos momentos en que Somoza alistaba maletas le informaron que Estados Unidos retrasaría un poco su salida de Nicaragua y le pidieron que mejor se quedara hasta el 19 de abril para negociar detalles del traspaso.

LA FUSIÓN GN-FSLN

Pasaron los días y Somoza negociaba con Pezullo la forma en que se haría el traspaso del poder y la cantidad de oficiales de la Guardia Nacional y del Gabinete de Gobierno que igualmente abandonarían Nicaragua y la forma en que lo harían. Somoza exigía seguridad y garantías y Pezullo le aseguró que estarían fuera de Nicaragua durante un año.

Somoza accedió a entregar el poder, pero bajo algunas condiciones. El embajador norteamericano aceptó que la Guardia Nacional permaneciera intacta como institución armada del país. Para eso se puso en contacto con Humberto Ortega, con quien acordó que una vez tomara posesión el nuevo gobierno civil provisional se conformaría un nuevo ejército nacional unificado, es decir habría una fusión.

Con esto los norteamericanos aseguraron a Somoza que el país no caería en manos del comunismo, el sólo hecho que la Guardia Nacional se mantuviera incólume y después se fusionara era una garantía que no habría un gobierno de izquierda. El problema después sería cómo convencer a los dos ejércitos enemigos y antagónicos de transar por el bien del país.

Según cuenta Pezzullo en su libro, Somoza intentó aún mantenerse en el poder, confiando en que podía sofocar la nueva ofensiva sandinista. “Este empecinamiento de Somoza de no dejar el poder, cuando había acordado con el Departamento de Estado que dejaría el Gobierno en un par de semanas, molestó mucho... El presidente Carter ordenó dar un ultimátum a Somoza para que dejara el país”.

El propio Somoza en Nicaragua traicionada reconoce que en su última conversación con Pezzullo hubo palabras fuertes y fuera de tono.

Somoza ya estaba convencido de abandonar el Gobierno, lo que buscaba de alguna forma era continuar controlando los hilos del poder.

Mientras tanto en San José se había asentado la Junta de Gobierno provisional y ya habían recibido el reconocimiento de la Organización de Estados Americanos (OEA)

A mediados de junio, dio inicio la ofensiva final de los sandinistas que duraría hasta el 17 de julio, cuando Somoza decide abandonar el país.

Casi todos los miembros del Congreso habían abandonado el país y Luis Pallais Debayle tuvo que ir hasta Miami a traerlos para lograr el quórum de ley y para que aceptaran la renuncia de Somoza el 17 de julio de 1979 en horas de la madrugada, en el Salón Rubén Darío del Hotel Intercontinental Managua.

“El presidente Somoza y yo tuvimos varias reuniones, barajando nombres para sustituirlo. Le sugerí al doctor Francisco Urcuyo Maliaño”, dice Pallais.

A la medianoche del 16 de julio, Somoza se sacó de la camisa la renuncia que había redactado a inicios de abril, la leyó y entregó la Banda Presidencial a Luis Pallais, Presidente del Congreso y éste propuso como nuevo presidente a Francisco Urcuyo Maliaño a quien le impuso la Banda y lo instituyó como el nuevo gobernante.

A las 5 de la mañana del 17 de julio de 1979, Somoza abordó un helicóptero desde la explanada de Tiscapa hasta el Aeropuerto Las Mercedes.

Pallais no lo acompañó en el vuelo porque viajó de regreso a Miami en otro avión fletado de diputados liberales somocistas.

Pallais asegura que inclusive él hizo el discurso de aceptación a Urcuyo, para que no se cometieran errores y para que llamara al cese de hostilidades e invitara a la pacificación nacional, tal como se acordó con Estados Unidos.

Momentos antes de partir, Somoza llamó a Pezullo y le sugirió que la reunión que tendría el presidente Urcuyo con el Cuerpo Diplomático, el arzobispo Obando y Bravo y la Junta de San José, no se llevara a cabo en el Casino Militar, ya que cerca estaba el cuartel de la III Compañía de la Guardia Nacional y el Cuartel de la EEBI y debido a su partida hacia el exilio y la lealtad de la Guardia Nacional podía haber confusión y propuso que ese traspaso se hiciese en el Hotel Las Mercedes, lo que Pezzullo aceptó.

Cerca de las seis de la mañana Somoza abandonó Nicaragua para siempre. Iba acompañado de su hijo, Anastasio Somoza Portocarrero, Dinorah Sampson, el general Adonis Porras, un general de apellido Linarte y el general José Somoza.

Ése era el plan de Somoza y Estados Unidos, pero la historia tenía otro.

MAÑANA: LA JUNTA QUE NUNCA FUE
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