Gustos de los latinos en las Grandes Ligas
¿Qué hacen cuando se quitan el uniforme?
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Desde los costosos deleites de Alex a la sencillez de Guerrero |
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Manny Ramírez, uno de los favoritos de los fanáticos en Boston, no es tan desorganizado como muchos creen.
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Fernando Concepción Tomado del Listín Diario
SANTO DOMINGO.- Curiosidad, ¡oh! La incontrolable curiosidad. Exactamente por esa característica humana presente en cada uno de los más de seis mil millones de genomas que habitan este planeta es que muchos han amanecido en casas de campañas, a la intemperie, en furgonetas y todo lo que se ocurra, para descubrir los hábitos y costumbres de las figuras que idolatran; que van desde estrellas de cine, rockeros y las siempre perseguidas personalidades deportivas.
El beisbol no se ha quedado ajeno a esa especialidad. Algunos jugadores de primer nivel han sido ‘‘pillados’’ por los arrojados papparazzis y reporteros que se les han tirado en sus residencias, centros comerciales, vestidores de los estadios y hasta en los recreos que éstos disfrutan con sus familias fuera del horario normal de trabajo.
Leyendo una publicación llamada ‘‘Latin Baseball’’, regalada por el portal Amazon.com, por la compra de unos libros, hay más de diez páginas en inglés que contienen nada más y nada menos que a Pedro Martínez, Sammy Sosa, Alex Rodríguez, Manny Ramírez, Vladimir Guerrero, Rafael Palmeiro, Magglio Ordóñez, Iván Rodríguez y Esteban Loaiza, en un despliegue de interioridades que demuestran cuánto han cambiado desde que ingresaron a su opulenta y paradisíaca vida.
¿Les gustaría saber dónde viven, qué auto conducen, o si en realidad se desenvuelven como personas normales fuera de los diamantes, o si se comportan como lo que son: millonarios dedicados a gastarse todo lo que de manera justa se han ganado?
LOS AUTOS DE PEDRO Y MANNY
Dos autos llegan al parqueo del Fenway Park reservado para los jugadores, de un deportivo plateado sin marca visible pero con el aspecto de un Old Impala, sale una música estruendosa parecida a la que populariza el rapero Usher; el otro, azul metálico conservador, con música también, pero tranquilizante, y con una estrella de cinco puntas ubicada en la parte frontal y trasera. Una camada de fanáticos, reporteros y personal de seguridad de los Medias Rojas de Boston, se apresuró a rodear a las dos figuras, que son llamadas por los nombres de ¡Pedro! ¡Manny!, por voces que se confunden en inglés y español.
Son las 4:30 de la tarde. Ambas estrellas han llegado al estadio para ponerse a punto para el partido que comenzará a las 7:05 de la noche y donde Pedro será el lanzador que enfrentará a sus archirrivales, Yanquis de Nueva York.
Pedro Martínez, al igual que otros jugadores latinos siempre ha sido renuente a adquirir una vivienda propia, y lo que prefiere es una lujosa suite de hotel. Sus gustos son normales: comida dominicana, cocinada por él; bebidas corrientes, como refrescos, cerveza y uno que otro licor ligero. En su vivienda se puede percibir el toque femenino y está amueblada de manera normal. Su compañera sabe tratar su nido. Se mantiene adentro cuando no hay partido viendo televisión o leyendo algo; sale poco, y cuando lo hace, gusta de visitar el área de Theatre District, donde están ubicados teatros, restaurantes, los shows de Broadway, y otros eventos culturales.
Sus vehículos son todos normales: Mercedes, Lincoln y uno que otro deportivo, todos encargados especialmente. Se viste casual y su ropero no es tan despampanante como usted se imaginaría. Antes de los encuentros en que le toca lanzar, suele relajarse en su alcoba con música instrumental y en un estado de quietud total.
La vida de Ramírez podría parecer desorganizada, pero no lo es. El hombre es casado, tiene dos hijos a los cuales mima mucho y los saca a pasear por el centro de la ciudad, todos vistiendo pantalones anchos y camisetas con grandes números. Su vivienda está ubicada en la torre Ritz-Carlton de Boston, a cuatro calles del estadio, a parte de otro apartamento en Fort Lauderdale, Florida; todo bien amueblado y equipado con aparatos computarizados por todas partes. Gusta de la música rap, hip hop y el tecno, poseyendo una de las colecciones más extensas de esos géneros.
Sus autos no podrían ser más de su estilo: un Maisto Premiere Mercedes Benz, clase S; un TVR Speed amarillo, súper deportivo; Jaguar XJ220, y una motocicleta Honda Super XIXX, negra y azul plata. A parte de su esposa, sus juergas las suele realizar con varios amigos de infancia, y que como él, emigraron muy jóvenes de República Dominicana.
Su comida preferida: todo tipo de arroz, carnes y sancocho, acompañados de cerveza. Ropa: pantalones vaqueros anchos, sueters, gorras deportivas, y uno que otro medallón. Antes de los partidos suele jugar Nintendo en la sala de su casa.
A-ROD LLEVA UNA VIDA DE LUJOS
Un habitual de los gimnasios. Alex Rodríguez es el único latinoamericano de origen en quedar dentro de los diez primeros de las revistas People, GQ, Vanidades, Funny, y hasta Fortune le publicó un artículo a sus 252 millones de dólares. Precisamente en un gimnasio fue que conoció a su esposa Cynthia, y a ambos les gusta la vida exclusiva. La vivienda de la pareja está ubicada en un apartamento de East Side, sector exclusivo de Nueva York, cuyos habituales suelen ser apellidos no muy comunes. Alex gusta de la sencillez, tiene apenas tres autos, algo sorprendente para un hombre de tanto dinero, pero cuya adquisición no es asequible para un estadounidense común: Lamborgini Diablo reconfigurado, un Mercedes Benz clase C con interior hecho a mano, y un Rolls Royce, mandado a fabricar.
La vivienda de los Rodríguez suele estar deshabitada, pero no sin seguridad, ya que ambos son adictos a las compras y la publicidad, les gusta que la gente los reconozca en los centros comerciales; sus marcas son Oscar de la Renta, Carolina Herrera, Stunz, Laurini, Benetton, Givenchy, entre otras exclusividades.
La comida es cualquiera, según el mismo A-Rod, cuando les da hambre se preparan lo que encuentren en el refrigerador. Pero ¿qué pueden encontrar en su nevera? Pavo ahumado de Ohio, jamón español, vino borgoñés, pan de trigo procedente de Bélgica, y una que otra manzana de la finca de Ronsford en Colorado. En el vestir le gusta la informalidad, y prima la ropa cómoda, pero cuando se trata de ir a una fiesta o encuentro, usa lo mejor de lo mejor; trajes de dos mil dólares diseñados por la casa Versace, y el modisto de Mónaco, Raphe Benuger.
Antes del partido, trabaja en su gimnasio, y luego toma una ducha relajante, para irse al estadio en instantes en que el personal de limpieza termina su labor.
GUERRERO ES UN TIPO SENCILLO
Un caso interesante. Todo lo que usted ha leído arriba no es aplicable en la vida de este excelente jugador. Poco ha cambiado en su estilo personal, excepto la abundancia de la que ahora disfruta, su vida ronda en lo esencial. Pocos lujos, sencillez en extremo, dos autos sencillos para su poder adquisitivo, una yipeta y un vehículo último modelo Toyota, utilizado por toda la familia.
Su madre Altagracia es la reina de la casa que ahora ocupan en Anaheim, antes, era del apartamento en Montreal, todo amueblado con lo indispensable, pero sin la parafernalia de otras estrellas millonarias. Su vestimenta es como la de cualquier persona, vaqueros, camisetas, zapatos deportivos, en fin un tipo común. La preparación de la comida es típica de su país, y algunos ingredientes son importados de allá.
Sus frutas preferidas son el mango y la naranja (china); toman agua normal, visita la disco en raras ocasiones, y suele compartir con los suyos en los instantes libres.
SOSA, CONSERVADOR
El más conservador de todos. Sosa es un ‘‘GQ Boy’’ por ser el jugador latino que ha tomado más portadas en revistas ajenas al mundo del beisbol. Su apartamento ubicado dos pisos arriba de Oprah Winfrey’s, en el downtown de Chicago, es uno de los más lujosos de toda la ciudad.
Posee al menos ocho autos de lujo, Rolls Royce es su marca favorita; su comida no es dominicana, más bien es una mezcla de España, Estados Unidos y Francia, para llegar a una paella, como el plato favorito de los Sosa. Su esposa cuida todo muy bien, la ropa del jardinero derecho es formal, muy pocas piezas ocupan la casualidad, mientras que su colección de perfumes tiene poca competencia en el estado de Illinois.
El agua que toma es Perrier; el champagne es el estimulante perfecto, pero tiene que ser Krug, y los bombones holandeses es el postre de las comidas principales. Con poca frecuencia es visto de compras o paseando por el centro, es casero, y casi una decena de personalidades de Illinois han dicho querer ser como él: simpático, millonario y con una bonita esposa. Suele llegar al estadio tres horas antes del partido, y durante ese tiempo realiza calentamientos especiales con un entrenador.
OTROS LATINOS
El venezolano Magglio Ordóñez también figura en esa investigación, al igual que el mexicano Esteban Loaiza y el cubano Rafael Palmeiro.
El primero compró una residencia de cinco cifras en las afueras de Chicago, al estilo barroco, y amueblada con muebles en roble; su flotilla de vehículos es de doce autos, donde entran todas las marcas, y su última adquisición es una Lexus de sesenta y dos mil dólares. A pesar de todo, es un tipo familiar que le gusta navegar por Internet.
Loaiza es informal y posee cuatro residencias, una en Florida, otra en Chicago, una en Nueva York y una de tres niveles en Tijuana, México. Es un loco de la música ranchera, teniendo una colección de todo en esa modalidad, siendo Vicente Fernández su ídolo, y Bob Gibson su icono deportivo. Es un coleccionista de antigüedades, y entre sus piezas están pelotas de beisbol de los cincuenta y sesenta, un guante perteneció a Gibson, y dos bases piezas del estadio Three River, de Pittsburgh.
En vez de autos, Palmeiro cuenta con una mini flota de yates. Dos de la línea Sea Front, uno de Bay Classic, y dos de Marine and Blue, el cubano se las pasa navegando en los ratos libres, y su residencia de dos niveles de Miami es su casa preferida. Sencillo en su forma de ser, le gustan las joyas, pero para tenerlas en casa y usarlas en ocasiones especiales. La pasta es su comida preferida. Su carro preferido es un Dodge Viper GTS, como los que se usan en las carreras. También tiene un jet Lockheed, para ocasiones especiales.

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