SáBADO 17 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23513 / ACTUALIZADA 12:57 am





EL HUMOR DE




Yoya, la artista exiliada

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. Se fue el 17 de julio de 1979, volvió pero no soportó el régimen sandinista

Ha expuesto cuadros como éste en Miami y Nueva York.

 

Douglas Carcache

Le dijo adiós a su tierra de forma inesperada. Era el 17 de julio de 1979 y de Chinandega, al occidente de Nicaragua, se fue a El Salvador, donde pretendía tomar un avión hacia Estados Unidos, lo que no fue posible de inmediato porque se enfermó y la operaron de emergencia de la vesícula.

Su ciudad, Chinandega, estaba destruida por la guerra. Las noticias informaban aquella mañana que el presidente del país, el general Anastasio Somoza Debayle había renunciado y antes del amanecer había volado a Miami. Aurora López López, mejor conocida como Yoya, también partió, como miles de nicaragüenses, temiendo lo peor con la llegada de los guerrilleros sandinistas al poder.

Días después, en la cama de un hospital salvadoreño sólo atinó a enviar a sus hijos a Los Ángeles, California, donde vivía su hermana. Cuando le dieron de alta y supo que los fusiles se habían callado en su país, volvió a Chinandega, todavía con miedo y deprimida, pero con la idea de mandar a traer a sus hijos.

Pronto se dio cuenta que sus temores tenían algo de razón y tuvo que volver a irse. “Me llené de más miedo cuando vi a las turbas sandinistas destruyendo todo, apoderándose de todas las propiedades, los CDS (Comités de Defensa Sandinista); estaba allí cuando devaluaron los billetes de mil córdobas, los bancos estaban tomados por el ejército, te faltaban al respeto cada día y los crímenes sucedían a diario, era algo de terror”, recuerda 25 años después.

En Miami, Yoya López es un nombre ligado al arte. Ha hecho exposiciones personales de pinturas hasta en Nueva York. Su conversación es amena y dos temas son recurrentes, sus obras y Nicaragua, la tierra de su amor y su miedo, porque mientras los sandinistas estuvieron en el poder, el pánico le acechaba.


¿Por qué tuviste tanto temor de volver a Nicaragua?, le pregunté cuando departíamos en un restaurante de nicaragüenses en Miami.

¿Miedo? No, terror de criar a mis hijos en ese ambiente tan terrible de irrespeto hacia todo, tanto hacia el ser humano como hacia la propiedad. No, por favor, yo siempre he creído que en la vida uno debe luchar porque los hijos tengan algo mejor que lo que tuvimos nosotros.


¿Cómo es la Nicaragua de hoy, comparada con la de hace dos décadas y media?

Definitivamente que hoy está mejor, por el simple hecho de que ya no hay ese terror que se vivió en la era sandinista (1979-1990), aunque, claro, la miseria y el hambre que hay después de 25 años de saqueo no da esperanzas a muchas personas para vivir allá.


¿Dónde estudiaste pintura?

Soy autodidacta, desde muy pequeña había leído la Historia del Arte Universal, luego en el colegio fui siempre premiada por el dibujo y las artes manuales. Siempre me he mantenido leyendo todo lo relacionado al arte, asistiendo a exposiciones y, sobre todo, relacionándome con los demás artistas, de los que siempre hay algo bueno que aprender.


¿Cuándo lograste hacer de la pintura tu profesión?

Yo pinto desde el año 1972 y ya viviendo en Estados Unidos y por esas cosas de la vida que te empujan, por el año 1981 tuve un accidente automovilístico muy malo que me tuvo en silla de ruedas por más de tres meses, debido a múltiples fracturas; y como yo vivía sola con mis cuatro hijos menores, todos tenían que buscar cómo ganar un dinero para poder sobrevivir ese tiempo. Fue ahí mismo cuando comencé a pintar cuadritos primitivos pequeños y comencé a venderlos, siempre pensando que me los compraban para ayudarme. Así que cuando salí de mis problemas médicos busqué trabajo de nuevo y me dediqué a mi trabajo, pero siempre pintando, hasta que un día, hablando con un amigo y una amiga que también eran pintores, me motivaron para que expusiera en una galería. Con mucho miedo lo hice y gracias a Dios me fue muy bien, fue una exhibición colectiva de nicaragüenses en el lobby del Miami Herald y de casualidad estaba de visita el senador por Massachuset, Paul Tsongas, que a su vez era el director del comité de colecciones de arte de su ciudad, Lowell, quien se encantó por uno de mis trabajos y lo compró. Eso fue para mí como una inyección de optimismo y seguridad y, no sé, cuando me di cuenta solamente estaba dedicada a la pintura.


¿Otros éxitos que recordás?

Cuando representé a Nicaragua en el Salón de Pintoras Latinoamericanas en el Hotel Intercontinental de Miami, cuando participé en la Subasta de Arte en el Hotel Mandarín, en Miami, a beneficio de los enfermos por distrofia muscular. He participado en la ONU, hice una exhibición personal en Soho, New York, pero especialmente me sentí orgullosa cuando fui a Nicaragua y tuve mi exhibición personal en el Centro Cultural (antiguo Gran Hotel). Allí sentí que estaba llenando un hueco que yo sentía. A esa exhibición le llamé Raíces, allí mismo cabía decir misión cumplida.


¿Has pensado volver a residir en Nicaragua?

Siempre he pensado regresar, pero primero me debo a mi familia, ayudarlos a salir adelante y mientras tanto trabajar desde aquí (Miami) como lo estoy haciendo, para ayudar a todos los nicaragüenses que nos encontramos sin el apoyo ni el respeto de nuestro Gobierno, tratando de recuperar nuestra dignidad como ciudadanos nicaragüenses. Por eso pido a todos los nicaragüenses que se encuentran en todas partes del mundo, que se nos unan en este esfuerzo (la Unión de la Diáspora) que es para el bien de todos y luchemos juntos, para que al fin se nos reconozcan nuestros derechos ciudadanos.


¿Cuáles son los temas más frecuentes en tus obras de arte?

Tinajas y frutas, las que muchas veces acompaño de ventanas. ¿Por qué las frutas? Porque encuentro que la naturaleza nos brinda por medio de ellas la delicia, el sabor y la belleza de sus formas sensuales. Para mí el olor a barro, que siento cada vez que pinto una tinaja, me hace volver a mi infancia; pintando las tinajas siento que es un homenaje a nuestras raíces, al origen de la humanidad, ya que es el primer material que se usó para hacer los primeros utensilios de cocina, incluso las urnas donde enterraban a sus muertos. He querido darle al barro la belleza que tuvo para aquéllos que lo moldearon como primeros utensilios.


¿Qué crees que le falta hoy a Nicaragua?

Sólo una cosa, nada más: gente honesta que la maneje, que dejen de pensar en enriquecerse para pensar en su Patria y en su población que se muere del hambre; ya es tiempo de que paren el saqueo nacional, ya casi no queda nada, que por lo menos dejen algo con que impulsarse para levantar de nuevo.


¿Cómo te afectó esa salida intempestiva de hace 25 años?

Pues, más que todo, lo más duro fue separarme de mi familia, especialmente de los mayores que ya no podían viajar a emprender una nueva vida por estos lados. Algunos de ellos murieron y no los pude ver antes, por no tener papeles para viajar y definitivamente la balanza se inclinó siempre hacia mis hijos que eran los que más me necesitaban. Me afectó mucho porque jamás hubiera pensado que tendría que escoger entre mis mayores y mis menores; fue muy doloroso, hasta el día de hoy llevo esa carga en mi corazón que me ha afectado desde entonces.


¿Qué sueño desearías realizar en Nicaragua?

Sueño con hacerme una cabaña en una finca, a la orilla de un río, con corredores a su alrededor donde pueda escuchar el canto de los pájaros, las gallinas, los gallos, el sonido del agua corriendo, campanitas de viento por todos lados. Por dentro no necesito mucho; mis pinturas y mis equipos completos para pintar, un buen equipo de sonido con mi música, una pared llena de libros, mis fotos de familia y una buena reserva de vino para los amigos.


ANTEPASADOS

La pintora Yoya López es nieta de Alberto López Callejas (q.e.p.d.), quien fue Ministro de Hacienda del presidente José Madriz. Su abuela, Aurora González de López, era hermana del general Roberto González, a quien llamaron “El León del Namasigüe”, por la famosa batalla de Namasigüe. Por otro lado, Yoya es sobrina del compositor Tino López Guerra.
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