SáBADO 17 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23513 / ACTUALIZADA 12:57 am





EL HUMOR DE




Ecos 25 años después
Somoza planeaba retirarse en 1981

Foto  

Benjamín Elizondo.

 

Douglas Carcache

Una noche el general Anastasio Somoza Debayle llamó por teléfono a Benjamín Elizondo. “¿Qué estás haciendo?”, le preguntó. “Descansando en mi casa”, respondió éste. “Vení, acompañáme”, le pidió. Elizondo se fue a la hacienda El Retiro y pasó toda la noche con él viendo televisión y conversando. El hombre con más poder en Nicaragua, antes de 1979, tenía momentos de soledad y buscaba a sus amigos.

Elizondo era uno de los administradores de las empresas personales del general Somoza, el Presidente de Nicaragua hasta 1979. Estuvo al frente de la Mercedes Benz y participaba en otros 15 negocios, como Komatsu y el Banco de Centroamérica en el que era miembro de la junta directiva.

Desde hace 25 años vive en Miami. Llegó a esa ciudad de la Florida el 13 de junio de 1979, para ver a sus hijos y ya no pudo regresar a Managua. Así concluyeron sus 12 años de trabajo continuo con Somoza, a quien recuerda como un amigo que “siempre fue muy amable” y “nunca me reprochó”.

Treinta y cuatro días después de estar en Florida, se enteró de la noticia de que Somoza había partido de Nicaragua. Era el 17 de julio de 1979 y Elizondo se sintió adolorido. Hoy, al volver la mirada al pasado, piensa que fueron las misiones internacionales, apoyadas por Estados Unidos, las que impidieron al general terminar su período gubernamental. Éstas le allanaron el camino a los guerrilleros sandinistas.

“Él (Somoza) tenía planes de retirarse de la política en 1981 y había ordenado la construcción de un complejo habitacional en la hacienda El Pozo, cerca de Las Piedrecitas, donde iba a vivir”, relata.

Ahora, después de dos décadas y media, Elizondo cree que el general “tuvo la mala suerte de que mucha gente actuó en contra de él, lo traicionaron”. El general, por su lado, mal negoció la entrega del poder y “creyó que era mejor seguir luchando”, afirma.

Recuerda a Somoza como un hombre al que no le gustaba repetir las órdenes y se interesaba en el progreso económico del país. “Fue el iniciador de los paniquines (depósitos de granos), algo que no existía en Latinoamérica”, explicó Elizondo. “Con los paniquines el agricultor ya no tenía que salir a las ciudades a buscar cómo vender su cosecha”.


ERA AUTORITARIO

¿Cuál era el defecto más visible de Anastasio Somoza? Benjamín Elizondo responde sin titubear: “Era muy centralista y autoritario”. Luego le atribuye como debilidad “la buena amistad, sincera, honrada”.

El 17 de julio de 1979, Elizondo se debatía entre volver a Nicaragua o quedarse en Miami, pero cuando supo la noticia de que el general había perdido el poder, tuvo que plantearse una nueva vida. Tenía 52 años y vio que su mejor opción era empezar a hacer inversiones y así se ha sostenido hasta hoy.

Ya no pudo ver más a Somoza. Éste llegó a Miami y pronto salió hacia Paraguay, donde lo mataron en 1980.

Elizondo asegura que Somoza nunca le encargó hacer algo indebido y cree que el general tampoco llegó a tener más de 250 millones de dólares. “Cuando mucho tenía eso, no tenía el dinero que decían”.
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