MIéRCOLES 14 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23510 / ACTUALIZADA 1:22 am





EL HUMOR DE




Marcha silenciosa contra la inseguridad

Federico Dueñas*

En México el domingo 27 de junio pasado hubo una impresionante megamarcha cívica pacífica (¡imagináis, sufridos managuas!: sin morteros, robocops, magnavoces, tranques al transporte, saqueos comerciales, Telémaco, Quiñónez ni graffitis), sin participación de partidos políticos ni patrocinio gubernamental. Marcharon simultáneamente en ciudades como Tapachula, frontera con Guatemala, hasta Tijuana, frontera con Estados Unidos, pasando por importantes poblaciones como Guadalajara, Monterrey, Veracruz, Torreón, Ciudad Juárez, Querétaro, Puebla, Mérida, entre otras.

En la capital azteca la concentración ciudadana estimada por los medios de comunicación (TV-azteca, Televisa, CNN y BBC y sesenta medios más que no recuerdo, ni intenté memorizar), entre ¡trescientas y quinientas mil personas!

Ciudadanos pertenecientes a distintos estratos sociales, sexos y edades, casi todas ellas vestidas de blanco. Una gigantesca masa cívica ofendida e indignada, que partió del monumento del Ángel de la Independencia, sobre el Paseo de la Reforma, ordenada y silenciosa hasta llegar al Zócalo (centro) de la ciudad, donde la multitud entonó emocionada el bello Himno Nacional mexicano.

Se exigió a los gobiernos federal, estatal y municipal a nivel nacional, ejercer acciones concretas e inmediatas para terminar con la corrupción gubernamental, frenar la delincuencia organizada (asaltos, tráfico de enervantes y secuestros) y acabar con la corrupción policial y judicial a todo nivel coludidos con el hampa organizada a vista y paciencia (¿o complicidad?) de sus superiores.

Políticos y gobernantes contemplaron sorprendidos y asustados, esa espontánea manifestación masiva de repudio a sus indolentes irresponsabilidades por parte de la ciudadanía, la que “rebasó sus expectativas” con relación a la magnitud de la misma, como varios confesaron en posteriores entrevistas a los medios.

La ineficacia e ineptitud del Gobierno fueron cuestionadas con severo valor por las propias víctimas ciudadanas, las que ante el “hartazgo” de la inseguridad en el ámbito nacional, se lanzaron a las calles (por ahora) pacíficamente, demandando de las autoridades públicas realizar el trabajo para el cual fueron elegidas y financiadas con sus impuestos. La población exigió al Gobierno seguridad ciudadana, efectivas atenciones médicas y hospitalarias, mejoras sustanciales en planes de educación, depuración de cuerpos policíacos y un sistema judicial humano, expedito y efectivo, como principales puntos a dialogar personal y directamente con el presidente Vicente Fox, quien recibió el jueves siguiente a los directivos de la marcha en la residencia de Los Pinos, comprometiéndose a cumplir diez puntos acordados y a presentar resultados concretos a la nación en un término máximo de sesenta días.

La pelota caliente está con el Gobierno. Testigos somos millones de personas que alrededor del mundo contemplamos, con envidia sana y sentida emoción cívica, la mega marcha mexicana. No hay excusas, ni marcha atrás. No se demandan objetivos inverosímiles, inalcanzables o milagrosos. Los mexicanos anhelan vivir en paz, con seguridad, donde sus derechos ciudadanos sean respetados. O comienzan a ver resultados efectivos inmediatos, o la población optará por tomar medidas personales, familiares o zonales directas para protegerse ellos mismos contra la inseguridad, en el entendido de que el Estado fue incapaz de protegerles.

Este ejemplar reclamo ciudadano masivo es encomiable en extremo, digno de imitar por ciudadanos de países donde se encuentran desprotegidos e indefensos ante sus propios gobernantes y el hampa, donde los Derechos Humanos poco o nada logran hacer ante la tiránica obcecación del Estado indolente y opresor. No recuerdo una marcha similar con objetivos tan claros, sencillos y difíciles de lograr cuando no existe la voluntad gubernamental. ¿Qué otros de nuestros países serán los que harán marchas similares?

* El autor es empresario
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