MIéRCOLES 14 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23510 / ACTUALIZADA 1:22 am





EL HUMOR DE




Editorial
La preferencia por los corruptos

Algunos lectores de LA PRENSA de dentro y fuera del país (estos últimos, usuarios de nuestra edición en internet) nos escribieron para comentar la información que ofrecimos el lunes de esta semana sobre la Convención Nacional del PLC que se celebró el 11 de julio recién pasado.

Uno de los mensajes que recibimos se refiere al ostensible predominio que tuvo la figura de Arnoldo Alemán en la convención liberal del domingo pasado, a pesar de que se encuentra en la cárcel purgando una pena de veinte años por graves delitos de corrupción cometidos cuando fue Presidente de la República: “¿Acaso en Nicaragua —se dice en el mensaje— están pidiendo a gritos líderes declarados corruptos, aún a sabiendas de que han robado dinero del pueblo?”

Para quienes desconocen el desenvolvimiento del proceso político de Nicaragua en los últimos veinticinco años, así como para los nicaragüenses que han vivido mucho tiempo fuera de la Patria y residen en países donde la democracia funciona con problemas pero de manera transparente y básicamente decente, el fuerte liderazgo que ejercen los políticos corruptos nicaragüenses tiene que ser sorprendente y muy difícil de entender.

Pero el arraigo del liderazgo del doctor Arnoldo Alemán en el partido liberal, a pesar de que fue juzgado, condenado y encarcelado por corrupción, tiene explicación, la cual podría ser una de las dos razones siguientes, o ambas al mismo tiempo:

Primero, que los seguidores de Arnoldo Alemán no creen que su líder es corrupto y están convencidos de que la situación en que se encuentra se debe en realidad a una traición del presidente Enrique Bolaños, y a una venganza política sandinista. Y por cierto que esta percepción se ve favorecida por el hecho de que la lucha del Gobierno contra la corrupción se ha concentrado prácticamente sólo contra Arnoldo Alemán; además de que no puede haber ninguna duda de que la administración de justicia en Nicaraguaestá dominada y manipulada políticamente por el Frente Sandinista.

Segundo, porque a los seguidores de Alemán no les importa que éste sea corrupto, y más bien lo apoyan y le son fieles precisamente por eso (“Alemán es corrupto pero cuando gobernó hizo muchas obras de progreso; además, él se relaciona con la gente humilde y comparte lo que roba”, dicen cínicamente algunos de sus seguidores).

Eso mismo ocurre con la gran mayoría de los seguidores del líder sandinista Daniel Ortega, que no dejaron de apoyarlo fervorosamente ni siquiera cuando su propia hijastra le hizo una terrible acusación. Y no ocultan que lo apoyan porque propició la piñata que enriqueció a la cúpula del partido pero también favoreció —a unos más y a otros menos— a muchísimos militantes y simpatizantes sandinistas.

Sin embargo, los que piden a gritos que los líderes corruptos vuelvan a gobernar no representan a todo el pueblo de Nicaragua. Es cierto que el PLC y el FSLN son los partidos mayoritarios de Nicaragua, pero no son la mayoría de los nicaragüenses. Ésta lo que quiere es que surja una alternativa diferente al PLC y el FSLN, tal como lo indican las encuestas de opinión política que se hacen regularmente en el país.

Lo que pasa es que la gente todavía no ha visto en ninguno de los partidos y líderes políticos ajenos al PLC y al FSLN, o disidentes de éstos, capacidad para derrotar a aquéllos. Además, por la polarización política e ideológica que hay en la sociedad, y por lo tanto, por el temor de unos a que los sandinistas vuelvan al poder y por la fobia de los otros al PLC y a Arnoldo Alemán, a la hora de votar a la gran mayoría de la población no le qieda más remedio que hacerlo por uno u otro de los dos partidos grandes y sus líderes corruptos.

La verdad es que mientras no surjan y se impongan dentro del PLC y el FSLN nuevos dirigentes que representen la modernización y la transparencia; y mientras no haya un partido o liderazgo político intermedio que se gane el corazón y la mente de la mayor parte de la población, el PLC y el FSLN —con sus caciques autoritarios y corruptos— seguirán dominando el escenario de la política nacional, repartiéndose el botín del Estado y avergonzando a Nicaragua.
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