DOMINGO 11 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23507 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Acerca de yanki, yanqui y yankee

Foto  

 

Jorge Eduardo Arellano

En una de sus innumerables caricaturas (LA PRENSA, 13-VI-04), nuestro gran artista gráfico Manuel Guillén optó por la grafía yanky (con /y/ al principio y al final) que en español resulta impropia (como yankee, yankey, yanke, yanki y yanque). La castellanización correcta, si es que nos interesa apegarnos a la norma de nuestra lengua escrita, es yanqui. Con esta aclaración, no pretendo censurar a Manuel, cuya ingeniosidad gráfica justifica la licencia que se tomó. Pero el sobrenombre colectivo de los estadounidenses, desde hace un siglo por lo menos, debe escribirse yanqui. ¿Estamos claro?

Rubén Darío, en su “Salutación del águila” -leída en la Conferencia Interamericana de Río Janeiro (1906)- estampó el término con /q/ e /i/ latina: “Que los hijos nuestros...”, “...aprendan de los yanquis la constancia, el vigor, el carácter”. Más de veinte años después, en su poema-cartel “Intervención” (1930), Pablo Antonio Cuadra hizo lo mismo: “Ya viene el yaqui patón”, al igual que en su ensayo “América o el Purgatorio” (El Pez y la Serpiente, Núm. 7/8, 1965-66: 41), aludiendo a Walt Whitman: “El profeta yanqui condena el pasado”. Por su lado, el autor de la letra del Himno de la unidad sandinista (1979) utilizó la misma grafía.

Como era de esperarse, el DRAE (1992: 2114) sólo registra yanqui: “(del inglés yankee), adjetivo. Natural de Nueva Inglaterra, en los Estados Unidos de América del Norte, y por extensión, natural de esa nación”. Pero no resulta ocioso recordar los seis Estados de Nueva Inglaterra (Maine, New Hamphire, Vermont, Massachussets, Rhode Island y Connecticut) y que el apelativo comenzó aplicándose a la gente angloamericana de esa área fundacional de los Estados Unidos, en contraposición a la que habitaba en los Estados del Sur. Más aún: allí se pronunció con encono durante la Guerra de Secesión (1861-1865).

El Diccionario del Español Actual de Manuel Seco y otros (Vol. II, 1999, 4583) trae dos ejemplos. Uno del pensador José Ortega y Gasset (1883-1955): “Nadie podía ser otra cosa que víctima de los yanquis”; el otro del novelista Miguel Delibes (1920): “En la Semana Santa de Valladolid, la proyección de un filme yanqui suele despertar fuertes pasiones”. Según Ricardo J. Alfaro, en su Diccionario de anglicismos (2ª ed., 1970: 475), el vocablo “es considerado por algunos proveniente de yengee (propiamente yengui), corrupción india de English. Para otros viene del diminutivo holandés de Jan (yan), con que los holandeses de Manhattan designaban a los ingleses de Connecticut”. Señala su carácter coloquial y, a veces, despectivo, específicamente fuera de los Estados Unidos; y que en español suelen recurrirse a todas las grafías enumeradas, puntualizando yanqui como la apropiada en nuestra lengua.

Una tradición de uso entre los nicaragüenses, sin embargo, ha impuesto las grafías yankee y yanque, o sea, en el primer caso, la palabra original en inglés: lo que llaman los especialistas un anglicismo crudo. La inició el poeta de la Guerra Nacional (1856-57), Juan Iribarren, en su conocida composición patriótica “Contra los filibusteros”; en ella leemos tres veces la palabra yankee (con dos /e/ y una /s/) subrayada en el manuscrito que conservamos, y una vez yankee (sin ese). La continuó el corrido “La Mama Ramona” que, rescatado por Berta Buitrago en León, publicó Ernesto Mejía Sánchez (1946: 116): “A la pobre mama Ramona /la gran vaina le pasó, /por meterse con los yankes /el diablo se la llevó”. Seis veces se cita la palabra: cuatro en plural y dos en singular.

Esta versión había sido reelaborada por el pueblo, pues el mismo Rubén, en un artículo de La Nación (Buenos Aires, 28 de septiembre, 1912, p. 8) afirmó que había alcanzado oír cantar, durante su infancia, estas dos coplas anónimas: “La pobre doña Sabina (?) /un gran chasco le pasó, /que por andar tras los yanques /el diablo se la llevó”. Recordaba la primera, en perfectos octosílabos. (Doña Sabina era de apellido Estrada y viuda del interino Jefe de Estado Silvestre Selva, cuando manifestó su adhesión a William Walker y sus hombres). “No se decía yanquis, sino yanques” -observó Darío, antes de transcribir la segunda: “Por allá vienen los yanques /con cotona colorada, /gritando ¡hurra! ¡hurra! /En Granada ya no hay nada”.

Indistintamente, como veremos, nuestra máxima gloria usó las grafías yanqui y yankee (tanto en singular como en plural). En un artículo de La Nación (30-XII, 1901) se refirió a “la vasta columna yanqui"; en otro, aparecido en el mismo diario bonaerense el 23 de abril de 1902, habló de la “Centro América yanqui”. Mas en el poema XVII de la tercera sección de sus Cantos de vida y esperanza (1905), proclamó: “Inútil es el grito de la legión cobarde /del interés, inútil el progreso /yankee, si te desdeña”, no sin enfatizar la palabra en letra itálica o cursiva. En 1910 volvería a emplearla en una carta al latinoamericanista argentino Manuel Ugarte (1874-1951): “Yo no tengo la voluntad de ser yankee...” (Cartas desconocidas de Rubén Darío, 2000: 306). Y anteriormente -sólo para citar dos ejemplos más- había llamado a Walt Whitman en “Los colores del estandarte” (La Nación, 27 de noviembre, 1896): “El fuerte y cósmico yankee” y escrito en “El Triunfo de Calibán” (El Tiempo, Buenos Aires, 20 de mayo, 1898): “He visto a esos yankees, en sus abrumadoras ciudades...”, como también hablar, en ese mismo texto protestatario, del “apetito yankee demostrado”.

Por fin, es imprescindible citar al lúcido ensayo de José Coronel Urtecho (1906-1994): “El hombre americano y sus problemas” (Educación, 9, 1959: 1-20), donde constatamos siete veces el uso del anglicismo crudo yankee. El mismo Coronel Urtecho, uno de los más profundos admiradores y estudiosos en América Latina de la cultura estadounidense, dejó una frase significativa en su obra Tres conferencias a la empresa privada (1974: 129): “Todavía no somos, afortunadamente, una pálida réplica o una triste caricatura de los que Julio Vivas llama el yanke”.

El autor es Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Acerca de yanki, yanqui y yankee

Los americanismos: palabras compartidas

El mito de la mayoría liberal

José Santos Zelaya: apóstol y reformador

Recordando a un estadista y prócer