SáBADO 10 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23506 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Julio contra septiembre

Las dos celebraciones partidistas reconocidas en Nicaragua, la del Partido Liberal y la del Frente Sandinista, coinciden en este mismo mes de julio; mientras que las dos efemérides patrióticas —la Independencia Nacional de 1821 y la Batalla de San Jacinto de 1856—, se celebran en el mismo mes de septiembre.

Ciertamente, mañana 11 de julio los liberales celebrarán el día de su partido y el 111 aniversario de la revolución liberal; y 8 días después, el 19 de julio, los sandinistas festejarán el día de su partido y el 25 aniversario de su revolución. Pareciera que el mes de julio actuara contra el de septiembre; como si los dos partidos mayoritarios actualmente coludidos contra el país mediante el pacto de1 99 y la reforma constitucional del 2000, se hubieran confabulado contra la Patria también con sus efemérides partidistas.

Pero el hecho incuestionable es que, para bien y para mal, las revoluciones liberal y sandinista son jalones trascendentales en la historia nacional, acontecimientos que dejaron una profunda huella en la sociedad y siguen uniendo a sus partidarios y dividiendo a la nación.

Ambas revoluciones causaron beneficios y perjuicios al país, pero sin duda que mucho más mal que bien. La revolución liberal de 1893 estableció el laicismo del Estado, produjo reformas estructurales indispensables para acelerar el desarrollo económico y social de Nicaragua y aprobó una Constitución libertaria ejemplar. Pero casi inmediatamente después reformó la constitución "Libérrima" para imponer la reelección de su caudillo, José Santos Zelaya; e inauguró la política perversa del Estado botín, el caudillismo, el continuismo gubernamental y la corrupción, que perduran hasta ahora y empobrecen y envilecen a la nación.

Por su parte la revolución sandinista de 1979 liberó a Nicaragua de la dictadura somocista, pero a cambio estableció un Estado policíaco de corte totalitario, suprimió las libertades fundamentales de los nicaragüenses, usurpó la propiedad ajena, destruyó la economía nacional y, por querer expandirse a toda Centroamérica,provocó una guerra civil con ramificaciones internacionales.

Lógicamente, los liberales y los sandinistas sólo reconocen lo bueno que hicieron sus revoluciones, y eso es lo que celebran el 11 y el 19 de julio. Es que, como escribió el ilustre literato francés Anatole France, Premio Nobel de Literatura en 1924: "lo que queda de un glorioso pasado es el consuelo del presente y la esperanza para el futuro".

Sin embargo, para la sociedad y los ciudadanos en general, la importancia de recordar y analizar aquellos hechos históricos de naturaleza partidista, que han quedado simbolizados en las fechas del 11 y el 19 de julio, es que permite entender por qué el país está en la deplorable situación en que se encuentra actualmente. Y permite comprobar que lamentablemente el país no ha podido modernizarse y ponerse a la altura de los retos contemporáneos, por la hegemonía de los partidos que representan el pasado y bloquean el acceso al futuro.

Por otro lado, se dice con razón que los hechos históricos no se pueden justipreciar ni es posible cerrar las heridas que abrieron, mientras viva todavía la generación que los provocó, protagonizó y sufrió. Sólo con el paso del tiempo y el relevo de las generaciones es que los acontecimientos históricos se pueden evaluar con frialdad. Tal es lo que ocurre con la revolución liberal, que como ha pasado tanto tiempo desde 1893, ahora se puede juzgar con ánimo intelectual y afán de aprender. Por el contrario, la revolución sandinista es un acontecimiento histórico contemporáneo, y los que se beneficiaron con ella no sólo están vivos sino que pretenden repetir la aventura, mientras quienes sufrieron sus consecuencias también existen todavía y temen volver a caer en aquella larga "noche oscura" de la historia reciente de Nicaragua.

Ahora deberíamos estar viviendo en la época de la plena tolerancia, que según Voltaire es hija de la razón y exigencia suprema de la sociedad. Pero la tolerancia del derecho ajeno y las ideas de los demás, no significa tolerar que quienes suprimieron la libertad y destruyeron el país lo sigan haciendo y vuelvan a hacerlo de nuevo.

En Nicaragua es septiembre el que debe prevalecer sobre julio, no al revés.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Julio contra septiembre