Un excelente destino turístico
Mario Ruiz Castillo
La llamada industria sin chimenea tiene un gran potencial en este país subtropical con bellos escenarios naturales, cálidas playas y en general gente extrovertida y amable. Urgen sin embargo algunas medidas que permitan el goce al turista durante su estadía en la tierra de lagos y volcanes.
No es posible que aún subsistan bancos, restaurantes, posadas, comiderías y hoteles con deficiente atención al cliente y precios casi uniformes, sin importar la categoría del centro que presta el servicio.
No se incentiva el turismo donde se paga el 25 por ciento adicional al costo en concepto de impuestos y propina.
El visitante que nos honra con su presencia desea salir de la rutina diaria y aspira a nuevas experiencias; desea ver las cosas autóctonas, el arte, música y en general la cultura que prevalece. Nosotros, sin embargo, le brindamos con el objetivo de servirle mejor: música, comida y bebidas internacionales, olvidándonos que una de las atracciones es lo nuestro.
Existe la tendencia a imitar en vez de crear cosas nuevas, y el que nos visita viene precisamente para conocernos. Por ende, hay que brindar esa alternativa. El turismo debe promoverse desde los puestos fronterizos, resaltando lo nicaragüense, mostrando nuestras pinturas, música y arte. Los aeropuertos, puertos, hoteles y restaurantes, además de que deben cumplir la ley en la promoción del arte nacional, incrementarán sus ingresos al ser diferentes a otros.
La comida típica desaparece con la adaptación de arte culinario internacional, sin que aprovechemos las ventajas comparativas, curiosidad innata y destruimos nuestra preciosa flora y fauna con el cemento por todos lados, destruyendo nuestro entorno natural.
El turista viene a descansar, a experimentar la paz y armonía, a buscar contacto con la naturaleza exuberante. A veces, sin embargo, le damos estrés con una atención apresurada y despersonalizada, a lo que están acostumbrados. Ofrecemos todos los mismos servicios, sin distinción alguna entre uno y otro hospedaje o comidería; se ofrecen los mismos platos de comida. El turista busca informalidad y se la imponemos con los rígidos uniformes del mesero, inapropiados al entorno, en plena playa y con todo el calor se le viste de camisa blanca manga larga y corbatín.
Debemos competir y ofrecer lo mejor de lo nuestro. Actualmente competimos en una forma muy primaria. Todos ofrecemos lo mismo. No existe diferencia ni siquiera en el arreglo de las mesas, mucho menos en los menús que se ofrecen. Es preciso ofrecer algo mejor o diferente. Dejemos de luchar por la sobrevivencia y busquemos la excelencia.
Tenemos que brindar alternativas para todos los gustos y bolsillos y habrá entonces clientes para todos. Inconcebible, pero cierto, es que se come mejores mariscos y más baratos en las ciudades del país que en las propias playas, además que no existen promociones para visitar tales centros, a pesar de la cercanía y belleza de ellos. Falta infraestructura adecuada, que no necesariamente implica grandes inversiones, sino excelente aseo y atención.
Requerimos más innovación. Dejemos de imitar al vecino. Creemos algo diferente. Y se compite hasta en la música resultando al final una mezcla ininteligible de sonidos por la cercanía de los locales, ya que cada cual los pone al más alto volumen. Así, en vez de atraer al turista inevitablemente lo rechazamos con tanto ruido.
Corresponde a las autoridades asesorar, recomendar las formas de competencia que redunden en beneficio de todos, hacer de cada hotel, restaurante o bar algo único, así como la regulación en lo relativo a la higiene, precios y calidad de servicios, debiendo ser éstos de acuerdo a cada categoría.
El turismo es una mina inexplorada e inexplotada. Basta un poco de trabajo, inversión, innovación, crear cosas diferentes a los demás y respetar la naturaleza, para que tengamos un recurso sostenible; para que nadie tenga que buscar trabajo allende las fronteras.
El autor es abogado.

|