JUEVES 8 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23504 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Convenciones contra la corrupción

Hoy y mañana se reúnen en Managua representantes de los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), para dar seguimiento a la Convención Interamericana contra la Corrupción que fue aprobada por dicho organismo en 1995. Esta reunión fue convocada por la Asamblea General de la OEA que se reunió en Quito, Ecuador, en la primera semana de junio recién pasado, y la escogencia de Managua como sede es, sin duda, un reconocimiento a los esfuerzos que ha hecho hasta ahora el actual gobierno de Nicaragua, en la lucha contra la corrupción y el esfuerzo por crear una cultura gubernamental de transparencia.

Precisamente por eso fue que también el G8, o sea el grupo de los 8 países más desarrollados y ricos del mundo, escogió recientemente a Nicaragua para un programa piloto de apoyo a la lucha contra la corrupción, que es reconocida como una de las principales causas de la pobreza y freno al desarrollo.

Incluso la ONU, en la que generalmente ejercen mucha influencia los gobiernos corruptos y violadores de derechos humanos, ha adoptado un tratado internacional de lucha contra la corrupción. En efecto, en noviembre del año pasado la Asamblea General de la ONU aprobó en Nueva York la Convención Mundial contra la Corrupción, que ya fue ratificada por Nicaragua, en la que los gobernantes de los países miembros de dicha organización mundial que ratifiquen ese instrumento jurídico, se comprometen a adoptar y ejecutar una serie de acciones legales y políticas contra la corrupción y los corruptos, como por ejemplo penalizar el soborno y el lavado de dinero y devolver los fondos robados a los Estados de donde fueron extraídos o robados.

"La corrupción daña a los pobres desmesuradamente… es un elemento clave en los problemas económicos y un obstáculo principal para el desarrollo y la eliminación de la pobreza", expresó Kofi Annan, secretario general de la ONU, al clausurar la sesión de la Asamblea General que aprobó la Convención Mundial contra la Corrupción.

Por su parte, la OEA, en su Asamblea General celebrada hace un mes en Quito, Ecuador, llamó "a intensificar el combate contra los funcionarios corruptos del hemisferio, a quienes negarán acogida y buscarán extraditar a sus países de origen", según reportó en esa ocasión la prensa internacional. "Nos comprometemos a negar acogida a funcionarios corruptos en el sector público y privado, a quienes los corrompen y a los bienes producto de la corrupción, así como a cooperar en su extradición y en la recuperación y restitución de los activos originados en la corrupción a sus legítimos propietarios", dijeron los cancilleres en su Declaración de Quito.

Para dar seguimiento al cumplimiento de ese compromiso es que se reúnen hoy y mañana en Managua, cancilleres y embajadores de los países miembros de la OEA, quienes según el Canciller nicaragüense Norman Caldera no se ocuparán de los problemas propios de la corrupción y la lucha contra los corruptos en Nicaragua ni en ningún país en particular, sino que tratarán sobre la cooperación internacional para contrarrestar la corrupción y sobre todo para facilitar la extradición de los ex funcionarios corruptos de los países en donde se refugien o traten de refugiarse con el propósito de escapar de la justicia.

Como sea, la oportunidad es propicia para comprobar que la corrupción está más enraizada y es mucho más difícil erradicarla, que lo que se creía antes de que comenzara la lucha contra ella a nivel gubernamental. Aunque esto es algo que nosotros sabíamos muy bien desde hace mucho tiempo, porque LA PRENSA nunca le ha dado tregua a los corruptos, ya fueran del somocismo y del sandinismo como durante los gobiernos de la nueva etapa histórica de la democracia, o sea de 1990 hasta ahora.

Sin duda que lo más difícil de la lucha contra la corrupción es que ésta se ha enquistado profundamente no sólo en la clase política sino también en el sector privado y en toda la sociedad. Pero el hecho de que sea difícil luchar contra ella y erradicarla, no significa que la corrupción sea invencible. Así lo demuestra el caso de Arnoldo Alemán, aunque por ahora los demás corruptos se sigan amparando en la impunidad.
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