Dramático relato a una maestra
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Las lesiones que un niño tenía en su cuerpo, producto de verdaderas sesiones de torturas aplicadas por su tío, condujeron a dos profesoras de la escuela de Cofradía a descubrir la violación a que era sometida una niña por su padrastro. |
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Una niña de 11 años sufrió violación, mientras su primo era cruelmente torturado.
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Luis Alemán Saballos
Seguramente nadie se hubiera dado cuenta de las vejaciones que “Luisa” —nombre ficticio con el que identificaremos a nuestro personaje—, sufría en manos de su padrastro, a no ser por la preocupación de sus maestras que cada día descubrían en ella cambios que no eran normales en el ánimo de aquella niña de tan sólo 11 años y que por sus cualidades servía de ejemplo para el resto de sus compañeritos.
Los cambios eran visibles. “Algunas veces la miraba como agresiva, siempre a la defensiva, pero en otras estaba callada y aislada”. Y aunque Eda Méndez no era su profesora de cabecera, para ella los cambios en la niña no eran normales.
“Algo anda mal”, reflexionaba, mientras cada día había algo nuevo en la expresión de la pequeña que le llamaba aún más la atención. “Luisa” se frotaba las manos, “era un tic nervioso muy raro en una niña”, dice Méndez. En ocasiones le temblaban sus manos y miraba para todos lados llena de nervios.
“Yo no soy su profesora. Sé que iba muy bien en sus clases pero le puse mucho cuidado y esos cambios me preocuparon”, aseguró la docente.
Con el paso de los días los cambios en la niña eran aún más evidentes. “Su físico ya no era el mismo, esa niña no está bien ni física ni moralmente”, reflexionó Méndez, y poco a poco se le fue acercando para ofrecerle su confianza. “Sabía que había algo malo”, asegura.
EL DESCUBRIMIENTO
La confesión de aquella niña la dejó perpleja, helada. Infinidades de veces había leído y escuchado relatos de violaciones a través de los medios de comunicación, pero nunca había tenido conocimiento directo de un caso y mucho menos de una persona tan cercana como una alumna.
Por momentos eso la hizo trastabillar y dudar sobre lo que debía hacer. Lo primero que se le vino a la mente fueron sus hijas, sus sobrinas, las muchachitas del vecindario. Llorar no, eso no. No podía expresar esa debilidad en momentos tan difíciles y lo que creyó más oportuno fue ofrecer seguridad y confianza a aquella pequeña que entre llantos comenzaba con su doloroso relato.
Las sospechas de la profesora Méndez quedaron al descubierto. Estaba frente a un caso más de violación contra una niña donde el principal sospechoso era el padrastro de ésta.
“No quiero a mi padrastro”, fue lo primero que la niña dijo mientras se soltaba en llantos protegida entre los brazos de la profesora que impresionada hacía grandes esfuerzos para no llorar.
“Pero... mi amorcito ¿qué es lo que te pasa?” “No quiero a mi padrastro, no quiero estar en mi casa, por favor lléveme con usted, no me deje sola”, fueron las palabras de aquella niña que comenzaba así la descripción de sus sufrimientos.
UN PRIMO TORTURADO
Pero no sólo “Luisa” sufría en silencio los ultrajes. Michael, un primo de “Luisa” y también de menor edad, reflejaba en su cuerpecito el drama de la tortura a que era sometido por su tío y a la vez padrastro de “Luisa”.
Las lesiones en las rodillas de Michael eran evidentes. Lo obligaban a pasar horas de rodillas sobre la arena. Las razones para ello eran las supuestas malacrianzas del pequeño de siete años.
“Había que castigarlo porque era malcriado y además hurtaba cosas que no eran de él”, argumentó Marlene Marina García Blandón, tía política del pequeño, tratando de justificar ante la Policía el actuar violento de su esposo Martín Díaz Brenes, tío materno del menor.
Michael no sólo presentaba las lesiones en sus rodillas, también tenía lesiones en su ojo derecho producto de golpes propinados por su tío. Además presentaba equimosis (magulladuras) en su estómago. Su prima “Luisa” le habría dicho a su maestra Teresa Blandón que el niño era castigado por su tío con la punta de una raja de leña. “Lo despiertan jincándole la barriga con la raja de leña”, relató la menor.
La profesora Teresa del Carmen Blandón Hernández contó lo que vio en el cuerpecito de Michael a su compañera Eda Méndez y juntas interpusieron la denuncia en el Distrito Ocho de Policía en Tipitapa. “Es un niño muy malcriado”, se defendió Martín Díaz Brenes, cuando fue llamado por la Policía a responder por la denuncia en su contra.
LA VIOLACIÓN
Díaz Brenes fue sentado en el banquillo de los acusados por las lesiones provocadas a su sobrino, pero hacía falta que respondiera a las acusaciones por supuesta violación en contra de su hijastra.
“Luisa” continuaba llorando en el regazo de su profesora, mientras ésta le acariciaba la cabecita y pedía contara lo que había pasado. “Él (padrastro) mucho me pega y a Michael también le pega”, dijo la niña que por segundos se quedó calladita, luego levantó su carita y vio fijamente a la profesora.
“Mi mamá me deja sola con él y a veces él me lleva a Managua a un lugar donde trabaja”, afirmó la pequeña, mientras la profesora asombrada comenzó a corroborar sus sospechas.
“A mí no me gusta ir, pero mi mamá me obliga a ir y me llevan a la fuerza”, dijo la niña casi en susurro.
En medio de su llanto “Luisa” fue contando su drama. “¿Te hizo alguna vulgaridad?”, fue la pregunta de Méndez. La pequeña nuevamente la vio y llorando contestó: “Me ha tocado varias veces”.
Días después, la profesora Méndez se presentaba a la Policía de Tipitapa para denunciar a Martín Díaz Brenes por la supuesta violación contra su hijastra. “Cuando regresé a la Policía a rendir mi declaración, me di cuenta que la niña había sido violada por su padrastro”, aseguró la profesora.
Ese día Méndez vio nuevamente a “Luisa”. “Ella se me acercó, estaba llorando, me abrazó y me dio gracias por lo que había hecho”, relató.
ES UNA VENGANZA
Marlene García Blandón, madre de la niña supuestamente violada, negó que su marido fuera el autor de esas vejaciones contra su hija; y más bien lo defendió asegurando que todo se trataba de falsas acusaciones de las maestras donde estudian sus hijos.
“Todo esto vino de las maestras, es un problema personal”, aseguró, tras indicar que si es cierto que su hija fue violada, pudo ser un hecho que ocurriera en la escuela y por eso “las maestras tratan de limpiar su centro”.
García Blandón pone su cabeza en defensa de su marido y aunque reconoce que éste se llevaba a su hijastra a su trabajo en Managua, rápidamente lo justifica asegurando que también se llevaba a su sobrino.
“Usted sabe, una violación en una niña... Ella hubiera venido derrengada, sangrando, pero nada de eso ocurrió. Yo le lavaba sus calzoncitos y nunca vi sangre”, asegura.
QUE NO SE ESCAPARA
Para García Blandón resulta raro que funcionarios de la Fiscalía en Tipitapa, donde se presentó a declarar, le hubieran recomendado que no le contara nada a su marido porque si no se iba a escapar.
“Parece que es un plan para afectar a mi marido, es algo que estas maestras están montado contra mi marido”, afirma. Y es que según García Blandón, si su hija fue realmente violada, eso pudo ocurrir dentro de la escuela, razón por la cual las maestras ahora buscan a quién culpar.
“Yo me di cuenta que la niña tenía dos enamorados en la escuela. Yo estoy en duda, no sé si fueron ellos los que la fregaron”, afirmó.
Otra cosa que según Marlene le parece rara es por qué su hija tuvo que buscar a una persona extraña para contar la supuesta violación. “Ella nunca me dijo nada, nadita de nada me dijo la niña. Yo me pregunto ¿cómo es que se lo contó a su maestra y a mí que tengo años de cuidarla no me dijo nada?”
García Blandón asegura que su marido es un buen hombre y que se porta con sus hijos como si fuera su propio padre.
“Yo no estoy encubriendo nada ni a nadie. El comportamiento con ellos es así como es conmigo”, aseguró.
FISCAL CONFIRMA
La fiscal auxiliar de Tipitapa, Leyla Prado, relató que las investigaciones policiales confirmaron que Díaz Brenes se llevaba a la niña y a su sobrino al trabajo que tenía como vigilante en una empresa en Managua.
“Al niño lo mandaba a dormir dentro de unos carros y él se quedaba con la niña a quien violaba”, relató.
El dictamen del Instituto de Medicina Legal confirmó la violación en la menor. Igual, otro dictamen médico confirmó que Michael sufría del síndrome de niño maltratado, tanto de forma pasiva como por falta de cuidos nutricionales y medidas higiénicas.
La niña actualmente es atendida por especialistas del Ministerio de la Familia quienes la mantienen en un centro de protección de menores, mientras Michael se encuentra en un hogar sustituto, según confirmó el licenciado Luis Pineda, director de Relaciones Públicas del Ministerio de la Familia.
EN LOS TRIBUNALES
Martín Díaz Brenes actualmente guarda prisión en el Sistema Penitenciario de Tipitapa en espera del jurado que decidirá su culpabilidad o inocencia en la acusación por la supuesta violación en contra de su hijastra. El jurado fue programado para el próximo 23 de julio.
Pero también tendrá que responder por las lesiones que supuestamente ocasionó a su sobrino Michael Díaz, delito por el que fue acusado por las profesoras Teresa del Carmen Blandón Hernández y Eda Méndez, de la escuela Rubén Darío en la comarca de Cofradía.
El caso fue tipificado como lesiones y según la fiscal auxiliar, Leyla Prado, será procesado en los tribunales del municipio de Tipitapa.

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