Arde Troya en Lisboa
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Asombró la tenacidad de los griegos en su juego.
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AP
LISBOA.- Grecia desplegó su caballo de Troya en el Estadio de la Luz de Lisboa para liquidar el último obstáculo que le faltaba a fin de codearse con los grandes y convencer a los más escépticos que merece lo que tanto luchó por conseguir: la Eurocopa.
Los griegos pegaron primero y pegaron dos veces, porque volvieron a ganarles a los dueños de casa, esta vez por 1-0, para llevarse el título y aguarle la fiesta a toda una nación que, al igual que sus vencedores, soñaba con su primera conquista internacional.
Desafiando todos los pronósticos, el torneo se decidió entre dos equipos “chicos” después que fueron desfilando rumbo a casa los supuestamente poderosos, empezando por el campeón Francia y luego Italia, Alemania, España e Inglaterra.
Grecia asestó la primera sorpresa al ganarle a Portugal 2-1 en el debut y luego fue dando una sorpresa tras otra: avanzó a cuartos de final, luego eliminó a Francia en cuartos de final, a la República Checa en semifinal y a Portugal en la final, en los tres casos por 1-0.
El torneo mismo fue un triunfo de los chicos, ya que Portugal llegó a su primera final internacional después de vencer a su archirrival y vecino España en la primera rueda, a Inglaterra en cuartos de final y a Holanda en semifinal.
Los grandes se fueron, los chicos se agrandaron y gana el futbol.
El triunfo griego se fundamentó en la disciplina que impuso el “Rey” Otto Rehhagel, un alemán que supo dominar el carácter emotivo de los griegos convenciéndolos de que el negocio era jugar en equipo, uno para todos y todos para uno.
Grecia ganó con la mejor defensa del torneo, un “candado” a la italiana de hace décadas aunque perfeccionado con un despliegue físico monumental y concentración los 90 minutos.
Pero también tuvo su arma mortífera en Charisteas, autor de tres goles decisivos y un golpe de cabeza de rara precisión.
Portugal, el otro chico agrandado, se va con la satisfacción del deber cumplido porque durante tres semanas desencadenó el carnaval en todo el país.
Su técnico brasileño, Luiz Felipe Scolari, motivó a sus jugadores a modo de padre severo y quedó en el umbral de sumar el título europeo al mundial que logró con Brasil hace dos años.
Dos grandes animadores del torneo fueron los semifinalistas perdedores.

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