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El fantasma del maracanazo
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Entre 1989 y 1993, es probable que la Copa América haya vivido su momento de mayor esplendor de los últimos cuarenta años. En 1989, un Brasil de un poder ofensivo asombroso, con Romario (foto) y Bebeto, se encaminaba al título, pero una serie de guiños del destino se sumaron. El último encuentro lo enfrentaba a Uruguay. Igual que en el Maracanazo. No era la final, pero eran los dos únicos equipos con posibilidades de ser campeones. Igual que en el Maracanazo. Y además, se jugaba un 16 de julio, igual que en aquella mítica final. Y el escenario no era otro que el Maracaná. Todo el morbo posible. Por Brasil jugaron Taffarel, Branco, Mauro Galvao, Ricardo Gomes, Aldair, Silas, Dunga, Mazinho, Valdo, Romario y Bebeto. Por Uruguay lo hicieron Javier Zeoli, José Herrera, Hugo De León, Nelson Gutiérrez, Alfonso Domínguez, Santiago Ostolaza, José Perdomo, Rubén Paz, Enzo Francescoli, Antonio Alzamendi y Rubén Sosa. Dos equipos verdaderamente espectaculares. Uno, el local, más lleno de fútbol y lujo. El otro, con una buena dosis de talento en la ofensiva y mucha garra para defender. Ganó Brasil, 1-0, con gol de Romario en el comienzo del segundo tiempo. En ese momento, muchos recordaron que, en 1950, Brasil también se había puesto en ventaja, en el mismo momento del juego, con gol de Friaca, antes de que llegara la reacción de Obdulio Varela y sus legendarios hombres, llenos de coraje. Aquel fue, indudablemente, uno de los mejores recuerdos de la historia de la Copa América.

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