ESPN
Historias de América
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En cuarenta ediciones, la copa america ha vivido infinidad de emociones, ha visto a los mejores futbolistas de la historia deL continente y ha sufrido muchos cambios. pero guarda el recuerdo de muchas figuras excepcionales |
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La historia de la Copa América tiene mucho que ver con el fútbol argentino. Hay que tener en cuenta para comprender esto que, hasta 1930, los grandes animadores del fútbol sudamericano eran Argentina y Uruguay... y se enfrentaban muy a menudo. No por casualidad, los dos grandes vecinos registran un increíble historial que incluye 178 partidos entre selecciones mayores. De hecho, ya se habían enfrentado en 45 ocasiones (desde su primer choque, el 20 de julio de 1902), cuando en julio de 1916, Argentina decidió organizar la primera edición del por entonces llamado Campeonato Sudamericano de Fútbol, que formó parte de los festejos por el centenario de la Independencia argentina y que se disputó entre el 2 y el 17 de julio, con la presencia de las únicas selecciones existentes en el momento: Uruguay, Brasil y Chile. Lo ganó Uruguay, en un torneo en el que jugaron todos contra todos y que comenzó con Uruguay 4-Chile 0. Lo cierto es que aún no existía la actual Copa América, que fue adquirida al año siguiente en un comercio de Buenos Aires pocos días antes de la segunda edición desarrollada en Chile, pero aquel torneo marca un hito en la historia del fútbol: la Copa, más allá de la enorme cantidad de modificaciones y problemas que ha sufrido, es el torneo de selecciones más antiguo del mundo.
Desde entonces, la Copa América fue un espejo de la realidad del fútbol sudamericano. Brillante en las décadas del veinte, del cuarenta y el cincuenta; ciertamente violenta en los sesenta, cuando en el fútbol de América del Sur parecía valer todo; pálido en los setenta, cuando uno de los tantos cambios reglamentarios la convirtió en itinerante; y despareja desde mediados de los ochenta, cuando retomó su organización inicial pero fue quedando eclipsada por el evidente mayor brillo de la Euro.
Lo curioso de la Copa América es que, en su larga historia, sólo registra en 40 ediciones, nueve finales. En el resto, el campeón se definió por el sistema de puntos. Pero tanto en 1975 como en 1979, fue necesario jugar tres partidos para definir al ganador. En 1975, los finalistas, Perú y Colombia, ganaron como locales y debieron definir en Caracas, donde un gol del extraordinario Hugo Sottil abrió el festejo de los peruanos. Y cuatro años más tarde, Chile y Paraguay repitieron la historia. Pero esta vez, el tercer encuentro disputado ante apenas 6.000 espectadores, en Buenos Aires, concluyó empatado en cero, otorgándole el título a los paraguayos que habían obtenido una mejor diferencia de gol en su triunfo, en Asunción. Pero, probablemente, la mayor curiosidad entre tanto cambio reglamentario se haya producido en 1987, cuando Uruguay sólo necesitó jugar dos partidos para quedarse con el título, ya que la Confederación Sudamericana decidió que el campeón defensor se integrara al torneo en semifinales, sumándose a los tres equipos que ganaran los grupos de la primera fase. Uruguay, entonces, venció a Argentina en semifinales y a Chile en la final para refrendar su condición de campeón. Dos años más tarde, Uruguay volvió a jugar la final, pero en condiciones muy distintas (ver recuadro El fantasma del Maracanazo).
Luego, a comienzos de los noventa, Argentina tuvo dos éxitos consecutivos de la mano del entrenador Alfio Basile y con un equipo que marcó una época: Sergio Goicochea, Oscar Ruggeri, Diego Simeone y Gabriel Batistuta (foto derecha) eran los símbolos indiscutidos. Pero en 1993, se produjo una transformación que sería fundamental en el desarrollo de la Copa: la Confederación Sudamericana de Fútbol decidió invitar a México y Estados Unidos. Los aztecas aprovecharon bien la oportunidad y llegaron a la final. Estados Unidos, dos años más tarde, en la edición de 1995 en Uruguay, dio uno de los grandes golpes de la historia de la competencia al derrotar 3-0 a la Argentina.
En 1995, la Copa comenzó a decaer. La ganó Uruguay, con un equipo armado en torno del viejo ídolo, Enzo Francescoli. A partir de entonces, llegaron los problemas. En 1997, Bolivia armó su Copa América y sólo Brasil fue superior en la altura. La competencia comenzó a perder importancia y en 1999, la mayoría de los integrantes de la selección argentina decidieron no participar. Fue una fiesta, entonces, para Brasil, que llevó un equipo de excepción con Rivaldo (foto izquierda) y Ronaldo, ansiosos por quitarse de encima la espina que les había dejado la final del Mundial de Francia. Y en 2001, la situación se desbordó por completo. Las amenazas de la guerrilla hicieron que Argentina decidiera retirar su equipo (la competencia fue cambiada de fecha, pero no de país como reclamaban los directivos argentinos para garantizar el viaje de su gente) y la Copa se llenó de suplentes. Colombia tuvo su fiesta (Mauricio Molina, el jugador clave del equipo, festeja en la foto de abajo), pero el nivel general fue paupérrimo y la competencia resultó ciertamente deslucida. De hecho, aquel equipo campeón perdió como local, pocas semanas después, con la débil selección peruana y se quedó sin chances de ir al Mundial de Corea-Japón. La Copa había entrado en una etapa muy difícil. Y ahora, en Perú, continúa por esa senda. Es evidente que sólo una verdadera fiesta de fútbol bien jugado puede revertir esta tendencia negativa.

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