LUNES 5 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23501 / ACTUALIZADA 11:43 pm





EL HUMOR DE





ESPN
Herederos del triunfo

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. A DIFERENCIA DE LA INFINIDAD DE TENISTAS PRESIONADOS POR SUS PADRES PARA TENER EXITO, EN EL CIRCUITO INTERNACIONAL HAY MUCHAS HISTORIAS DE JOVENES CUYOS PADRES YA HAN CONOCIDO LA GLORIA deportiva

 

Melanie Molitor tuvo sueños de tenista. Y de hecho, fue una buena jugadora en juniors, que llegó a darse el lujo de enfrentar a su ídola, Martina Navratilova. Tanta era su pasión por el tenis y su admiración por la checa radicada en Estados Unidos, que cuando tuvo una hija, consideró que el destino estaba escrito: la pequeña lograría todo lo que ella no había podido. Incluso, le puso el nombre de la famosa tenista. Martina Hingis, entonces, salió al mundo con una misión: triunfar en el tenis. Y lo logró. Pero cuando los resultados comenzaron a darle la espalda, la frustración la devoró y se retiró prematuramente. Su madre tampoco pudo soportar la decepción y su inevitable presencia en toda aparición pública de Martina, también se hizo más espaciada. Casos como el de Melanie Molitor hay miles en el mundo. El deseo de abandonar el anonimato a través de la vida de los hijos es moneda corriente en el tenis, un deporte en el que es posible el éxito prematuro, en plena adolescencia. Incluso, la presión de los padres para que sus hijos triunfen llega a la violencia física, como en los casos de Jelena Dokic o Mary Pierce. Pero también hay casos opuestos, mucho más curiosos, por supuesto. Son aquellos en los que los tenistas son hijos de deportistas famosos, de hombres y mujeres que ya conocen la gloria y el triunfo.

El estadounidense Taylor Dent es, probablemente, el mejor ejemplo. Representa una verdadera dinastía deportiva, que tiene a su padre, el australiano Phil Dent, como estandarte. Dent padre fue uno de los mejores tenistas de la década del setenta e incluso llegó a jugar la final del Abierto de Australia en 1974, donde cayó ante Jimmy Connors. Dent, un clásico jugador de servicio y volea, tuvo además un abuelo tenista (John Alexander Dent). Pero los parentescos no quedan allí: su madre, Betty Ann Grubb Stuart también fue tenista y llegó a la final de dobles del Abierto de Estados Unidos, en 1997, junto a Renee Richards (el polémico transexual que sacudió el ambiente del tenis), igual que su hermanastro Brett Hansen-Dent. “Es obvio que en una familia así, hablar de tenis es lo más común del mundo, pero yo nunca sentí la presión de las comparaciones. Si lo sufriera, no podría jugar”, asegura Dent. Entre los varones, la más reciente aparición es la de Sergei Bubka Jr., un tenista prometedor, hijo del increíble ucraniano del mismo nombre, el mejor saltador con pértiga de toda la historia.

Entre las mujeres, hay muchos casos. El más renombrado es el de la belga Kim Clijsters (foto principal), cuyo padre, Leo, fue un importante futbolista de la década del ochenta (el mejor de Bélgica en 1988) que se radicó en Estados Unidos a comienzos de los noventa para dedicarse a la dirección técnica. La madre de Kim, Els, fue gimnasta y su hermana, Elke, también jugó en el circuito, pero debió retirarse prematuramente por una lesión en la espalda. Kim, además, es la novia de Lleyton Hewitt, el ex número uno del mundo, que ahora quiere volver a los primeros planos.

A Svetlana Kuznetsova se la conoció por haber sido elegida por Martina Navratilova para regresar al circuito de dobles. Pero ella ya sabía bien lo que era tratar con consagrados del deporte, porque su padre, Alexandr Kuznetsov fue un ciclista campeón olímpico y mundial y luego afamado entrenador, caracterizado por su rigurosa disciplina, que incluyó a su hija: “Yo crecí sabiendo que si quería dedicarme al deporte, debía hacerlo con dedicación total. Esa fue la única condición que me puso mi padre”. Su madre, Galina Tsareva también fue ciclista (seis veces campeona del mundo), igual que su hermano, Nikolai, ganador de una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta. Nadia Petrova, semifinalista de Roland Garros en 2003, también desciende de una familia de deportistas. Tanto Victor como Nadejda, sus padres, fueron atletas destacados.

De todos modos, el caso más curioso de todos es el de Alexandra Stevenson. Esta californiana sorprendió al mundo del tenis cuando en 1999, con sólo 18 años, llegó hasta las semifinales de Wimbledon. Ella es mestiza, pero su madre, la ex periodista de deportes Samantha Stevenson es rubia. ¿Quién es el padre? Nada menos que el basquetbolista Julius Irving, el famoso Doctor J., que tuvo una aventura con su madre.
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