Cosas Veredes Sancho Amigo
Yader Antonio, último vestigio del “imperio de los chocolates
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Dicen que del sótano de la casona salían lamentos que se oían como las penas del viento por todo el verde valle nandaimeño. Cuentan que esos ayes eran emitidos por esclavos traídos desde la patria de Jean Jacques Dessalines y Toussaint Louverture para el emporio de los Menier |
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Interior de la residencia de los franceses, que eran dueños del valle Menier,
al sur de Nandaime.
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Mario Fulvio Espinosa
Existen recuerdos que a pesar de ser vagos, casi etéreos, los vamos arrastrando durante toda la vida como si existiera la certeza de haber sido vivencias objetivas. Así me pasa con algo que pudo suceder allá por 1938 cuando, siendo un niño de cinco años, una tarde fui con mi madre allá por La Mecatera, frente al costado sur del Aeropuerto Xolotlán, a comprar una barra del famoso chocolate Menier.
Como en una película borrosa, con más niebla que claridades, me veo despojando la golosina de la envoltura de papel estaño que la protegía y deleitándome con aquel regalo a la dulzura, sabor predilecto de Carlos V, tan especial, tan delicioso, imposible de describir porque sencillamente no hay otro con el que se pueda comparar.
No me explico la terquedad de esa evocación. Al pasar el tiempo pregunté a los viejos si por aquellos lugares cercanos a La Mecatera había existido una factoría o venta de chocolates, nadie me dio razón. A lo mejor ahora algún amigo lector lo haga, ojalá así sea porque aquel recuerdo tiene algo que ver con esta historia.
SOBRE JEAN ANTOIN BRUTUS MENIER
Un recio arco de piedra alto, ancho, blanco y elegante, marca la entrada al valle Menier, al sur de Nandaime, ahí el terreno transpira feracidad, es vasto, parejo, verde por todos lados, abundan los árboles de acacia, malinches, eucaliptos, guanacastes, mangos y palmeras.
El arco da acceso a lo que fue años atrás una alameda de árboles que un día fueron derribados, al fondo se ve una casona blanca, alta, de grandes ventanales y piso de tambo, que está flanqueada por otras dos construcciones que siendo más bajas y de menor prestancia prolongan el área hasta en unos cien metros de construcción.
A la izquierda de la casa, a unos 200 metros, se ven las ruinas de lo que fue una represa, lo que permite suponer que ahí desembocaba una corriente de agua que con el tiempo llegó a secarse, dejando al descubierto el seco muro de contención.
A excepción de esas cosas, casi nada queda de la fabulosa plantación de cacao que en 1816 fundara el francés Jean Antoine Brutus Menier (1795-1853), para alimentar la fábrica de chocolate Menier que había instalado en Noisiel, a orillas del río Marne, en la Francia industrializada de esa época.
Menier calculaba que teniendo su propia plantación lograría controlar las fluctuaciones en los precios del cacao que le llegaba de África, México y Brasil. También le atraía el proyecto del ingeniero francés Ferdinad Lesseps de construir un canal interoceánico por Nicaragua, lo que de algún modo beneficiaría a su industria, y ya por último, su plantación estaba ubicada en las cercanías de San Juan del Sur y de un puerto lacustre, en Granada, con salida al Atlántico, a través del Río San Juan.
Otros incentivos eran la mano de obra nicaragüense, barata, esforzada y dócil, y la posibilidad de comprar mano de obra esclava cercana, proveniente de Louisiana o de la colonia francesa de Haití.
Si no todos los planes salieron a pedir de boca, lo cierto es que para 1862, Emile Justin Menier (1826-1881), el hijo heredero de Jean Antoine, ya contaba con su propia flota de barcos, entre ellos el Belem y el Triomphant, la plantación se había agrandado hasta casi las ocho mil manzanas, habitaban en ella más de 1,200 trabajadores con sus familias, viviendo en relativa comodidad bajo costumbres francesas, y la producción de cacao alcanzaba las 20 mil toneladas métricas anuales.
Se dice que valle Menier era una plantación modelo, no sólo por sus métodos de cultivo y excelente producción, sino por el sistema social que protegía a los trabajadores que contaban con un buen salario, vivienda, escuela, hospital y una casa de asilo para los ancianos.
En 1959 murió Hubert Menier, el último de cinco generaciones de Menier, y la empresa quedó bajo la administración de don Mauricio Marragou, un verdadero dandy francés que vivía en la colonia Frixione de Managua.
EL AMPLIO SALÓN ENTRE PENUMBRAS
El hombre es alto, delgado, se ve fuerte. Cubre el rostro moreno curtido por el sol con una vieja gorra de beisbol. Parece de pocas palabras pero con amabilidad nos lleva hasta la casa hacienda, abre el viejo candado de la puerta principal y nos invita a penetrar al salón que permanece en penumbras.
Abre una, dos, tres ventanas para dejar entrar la luz. Estamos caminando sobre el piso de tambo, cada paso nuestro produce un sonido sordo sobre el tablado, de pronto de una juntura sale corriendo a toda prisa un alacrán que se pierde en la semioscuridad.
¿Cuál es su nombre estimado amigo?
Yader Antonio Castillo Calderón, soy mandador y vigilante al mismo tiempo.
¿Cuánto tiempo tiene de estar viviendo aquí?
Mire yo de la edad de 19 años para acá he convivido en el valle, antes vivía en un lugar que se llama La Chipota al otro lado del río, después de 20 y tantos años viví en Nandaime y trabajaba aquí. Después en los 80 viví aquí en el valle de vuelta, y me fui en el 84 de aquí.
Ahorita sólo tengo sólo 9 años de vivir aquí. Era una plantación muy alegre, había bastante trabajo, es decir había mucho movimiento de gente.
¿Más o menos cuántas personas trabajaban aquí?
Mire, cuando yo conocí aquí todavía trabajaban unas 400 ó 500 personas, ya no era el personal antiguo que estaba que eran unas mil o mil y pico de gente.
¿Qué recuerda del cultivo del cacao?
Yo recuerdo que lo que hacían era cortar, quebrarlo, lavarlo y secarlo, ese era el trabajo que se hacían con el cacao aquí, y lo demás lo exportaban para afuera.
(Ha abierto otras ventanas y podemos apreciar en las paredes algunos carteles de fines del siglo XIX, que hace publicidad al chocolate Menier, más allá una lujosa silla de barbería de la misma época y en otro ángulo una pintura del emperador Napoleón Bonaparte, que parece extraída del Napoleón en Arcola, del pintor David)
¿Esa producción de cacao la sacaban en carreta o en camiones?
Mire, cuando yo comencé a trabajar aquí el cacao venía en trencitos que poseía la plantación, aquí quebraban el cacao y de aquí lo sacaban en camiones para embarcarlo. También había instalaciones para almacenarlo.
¿Quiénes eran los dueños en ese tiempo, estamos hablando de 1950?
Mire, en ese entonces a quien yo conocí como dueño fue a don Julio Gauvinet. Cuando don Andrés se fue quedó en la administración un señor que se llamaba Mauricio Marragou, ese fue el que vendió a los Somoza la industria. Después sembraron plátanos.
DEL CACAO QUEDÓ LA LEYENDA
¿Ya diversificaron la cosa... desaparecieron todos los árboles de cacao?
Sí, ya cambiaron el cultivo. Los botaron, los hicieron leña. Los derribaron con tractores pesados de oruga, destroncaron la tierra y metieron de esos tractores de ruedas de goma para arar, sembrar lo que fue la caña, el plátano. Primero los Holmann y después los Somoza, botaron los plátanos y sembraron la caña.
¿Conoció usted a don Mauricio Marragou?
Sí, era un señor alto, chele. Vestía muy bien. Él vivió aquí con todo y su familia y después se fue.
¿Probó usted alguna vez el chocolate Menier?
Pues para serle sincero no. La última administración que se conoció aquí fue la de Mauricio Maradiaga, después la propiedad fue a dar a los Somoza, luego ya brincaron los Mc Gregor que son los dueños que quedaron actualmente. Allá eran las bodegas, aquí eran los patios de secar cacao. Aquí caminaban los trencitos en los que quebraban las mujeres y los hombres, de allí lo mandaban para allá para lavarlo y secarlo.
¿Cuándo usted era chavalo y venía aquí notaba bastante movimiento?
Sí, había bastante movimiento, acuérdese que en ese tiempo, idiay, mujeres y hombres trabajaban revueltos y había una buena cantidad.
¿Existía alguna Iglesia en ese tiempo?
Hubo una capilla en ese tiempo, pero ya no la conocí. Me platicaba mi mamá que aquí vivió, no le puedo decir de qué religión eran, si eran judíos, si eran católicos o si eran ateos.
¿Y su papá vivió aquí también?
Sí, aquí vivió, se llamaba Cándido Castillo Reyes y mi mamá Ángela Sosa Calderón. Mi mamá me contaba que ella trabajó aquí hace cincuenta y pico de años y el trabajo era bueno, que todos trabajaban, hombres y mujeres.
¿Todas las casas tenían luz?
No todas las casas. Ésta sí tenía luz porque era de la administración y después quedaba la avanzada, que era la gente que trabajaba en el campo. En ese tiempo eran como 30 casas.
¿Era alegre la vida en el valle?
Alegre, alegre era. La gente era bien pacífica, tranquila. Esto se ha descompuesto por la juventud, usted sabe, ahora con la cuestión de las Maras, que son las pandillas, es que se ha descompuesto la gente, pero antes la gente era bien tranquila, aquí bebías, fumabas y todas las cosas, pero ahora no. Nos divertíamos en el beisbol, el beisbol se jugaba.
¿Y los McGregor?
Mire, él se llama don Alberto
McGregor, vive en Managua, Evita Benard de McGregor es otra. Pues para serle franco, no vienen muy seguido pero vienen, el domingo estuvieron aquí, vinieron como a las cuatro.
BUSCANDO FANTASMAS EN EL SOTANO
El mandador Yader Antonio Castillo asegura que mucha gente llega a visitar la plantación de cacao que fundara el francés Jean Antoine Brutus Menier: “Pues viene bastante gente con intenciones curiosas. Algunos dicen que aquí había un sótano debajo de esta casa donde metían a los esclavos con grilletes, pero aquí no hay nada, yo no he descubierto ningún sótano. La otra vez vinieron también por ese mismo motivo. Algunos dicen que se escuchan llantos y lamentos, yo que vivo aquí no he oído nada. Puede ser que halla o que no halla”.
Pero también Yader reconoce que aquí ha venido mucha gente también con investigaciones sobre los jamaiquinos que aquí se murieron. Dicen que eran esclavos familiares, pero difícilmente se logra saber eso. “Otros dicen que a los esclavos que trajeron les ponían grilletes y los ponían a trabajar. Eso debe ser cierto porque aquí se hicieron muchas construcciones bonitas, estaba la presa que dicen se construyeron con esclavos. Acuérdese que esto data de 1816 antes de la guerra de Walker, estamos hablando de 186 años, tal vez ni mi papá había nacido.
“Sobre eso de los ayes y lamentos usted sabe que la mayoría de los nicaragüenses somos muy supersticiosos, decimos asustan y asustan. Yo vengo a dar vuelta a toda hora, aquí yo vengo a dormir y aquí no oigo nada. Dicen que en esa casa de abajo, donde ponen los inodoros, los baños, que hay llantos que hay lamentos, pero que yo sepa no, no asustan”, asegura Yader.
LO QUE QUEDA DEL EMPORIO
Yader Antonio Castillo Calderón, dice sobre lo que queda del emporio de los Menier: “Mire, la hacienda en la actualidad, con todo lo que es áreas verdes o árboles de sombra son 1,400 manzanas. Aquí viven algunos colonos porque a la mayor parte de ellos los sacaron y se fueron a ese caserío, a ese asentamiento que está allí. Ha quedado alguna que otra persona desperdigada”.

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