Variaciones sobre la Verónica
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 | A propósito de las pinturas de Julio Valle-Castillo |
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Julio Valle-Castillo. |
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Raoul Shade /(Fotógrafo)
Antes de abordar el tema, permítanme exponer mi pensamiento estético sobre la pintura. Se puede adquirir destreza literaria con metáforas tradicionales y con rimas cadenciosas pero no necesariamente creatividad innovadora, sobre todo cuando no se experimenta. No sabría decir si la literatura tiene el mismo problema que la pintura la cual ha llegado al fin de una infinita subdivisión de estilos pictóricos cada vez más arcaicos. Ignoro si mi lector está claro de esto, yo sí lo estoy. Cualquier obra pintada en las últimas décadas carece de creatividad artística en el estricto sentido de la palabra. Bajo los tumultos de colores y composiciones prodigiosas no hay nada.
Lo único que le queda al pintor en este siglo XXI es la técnica y una cierta sensibilidad para copiar estilos. El resto es una mentira comercial perpetuada por la elite Europea y Norteamericana para mantener un negocio multimillonario, a menudo engañabobos. Prueba de ello es que los verdaderos artistas siempre se han muerto de hambre. ¿Por qué este siglo tendría que ser una excepción a la regla? No es casualidad que las pinturas más cotizadas sean las de los artistas muertos.
En cuanto a la Verónica de Julio Valle-Castillo, antes de condenarla, como lo han hecho en una página de Internet, acaso salida de un bacanal... cargada de emoción y lenguaje ordinario y pobreza estética, conviene recordar que ningún pintor de la actualidad, en ninguna parte del mundo, puede considerarse innovador. Todo ha sido dicho y pintado hasta la exaltación. Incluso Picasso dijo que los verdaderos artistas creadores son contados en la palma de una mano. Él no se había incluido.
Dolor sublimado de una pasión meditativa, éste es el rasgo más sobresaliente de los lienzos collage de Julio Valle-Castillo. Para aquéllos que no son religiosos (yo soy uno de ellos) no deben de dejarse descorazonar por el tema. Su principal inspiración temática es Zurbaran. Sin embargo, sus colores nos recuerdan al Cristo de Rouault de 1937 y la intensidad de los rojos con sombras de los murales de Mark Rothko de los años cincuenta en Nueva York. Valle-Castillo posee una técnica muy efectiva pero lo que más sobresale es su sentimiento y eso es lo principal en una pintura.
En el arte cualquier tema es válido; lo que nos concierne es la forma y el contenido. El contenido no debe confundirse con el tema. Este es la fuerza interior del artista la cual será percibida por el espectador sensible a través de los colores. El contenido se percibe, no se explica técnicamente. El tema puede ser una virgen, un Che Guevara, un paisaje, una naturaleza muerta, un mendigo, etc. El contenido surge de los colores.
La presentación de Valle-Castillo de una candorosa imagen devota, sin pretensión modernista, nos muestra con su eclecticismo impecable una textura lacónica que no necesita ser interpretada. Aquí está la receta perfecta para lograr, no la paz interior, que es algo muy difícil de alcanzar para nosotros que vivimos en una sociedad tan deshumanizada, sino la rescatada y recatada tranquilidad. Procuro resumir lo anterior: Valle-Castillo tuvo el candor de pintar una imagen habitual, en vez de una imagen sorprendente tipo abstracto. Mi mensaje a esos críticos intolerantes es: vive y dejar pintar. Precisamente por que Valle-Castillo es poeta que posee la sensibilidad para incursionar en otras artes, sin ser necesariamente revolucionario.
¿Cómo fue incoada la temporalidad del arte? El gran aniquilador de los oleos sobre tela y los murales, es el tiempo. Los elementos del pasado y del porvenir no cuajan. No encajan en la nueva era cibernética. Para más detalles sobre la crítica del arte, ver mi artículo Orozco y su Prometeo, publicado en la Prensa Literaria del 28 de Junio del 2003 (Pág.9) 
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