Jorge Edwards: Presencia hispana
Elena del Castillo/Reportajes-EFE
Jorge Edwards (Chile, 1931) participó en un foro organizado por la Fundación Ortega y Gasset y la Fundación Wellington, con el patrocinio de la embajada de EE.UU. en España que llevaba por título: “El español como lengua de creación literaria en Estados Unidos”.
En él coincidió con otros expertos en el tema, como el escritor puertorriqueño Edgardo Rodríguez Juliá, profesor de Literatura de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico. La conclusión general es que, todavía hoy, la creación literaria en español en Estados Unidos es de carácter marginal.
RODRÍGUEZ JULIÁ
“El español en EE.UU. procede desde la perspectiva de la marginalidad. Todo chicano que quiera publicar tiene que ser traducido porque escribir en español te identifica con pobreza o marginalidad”.
En EE.UU. hay más hablantes de español que en España. Este debate sobre el idioma español también recogió opiniones más alentadoras, como la del ex director del Instituto Cervantes, Fernando Rodríguez Lafuente, quien consideró que el panorama cultural de EE.UU. está cambiando por momentos y añadió:
“En pocos años EE.UU. va a tener más hablantes de español que España. Hoy existen allí 35 millones y el idioma se imparte en todas las universidades”.
Otros datos positivos revelan que ocho de cada diez anglosajones eligen el español como segunda lengua, en lugar del francés, alemán, italiano o chino.
En Estados Unidos, un alumno que sepa ambos idiomas tiene 10 oportunidades más de encontrar trabajo que aquel que sólo maneja una lengua, además de conseguir un sueldo mejor, tanto en el caso de los anglohablantes como en el de los hispanohablantes, según datos de un informe del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos.
La dimensión que trasciende el español son los 400 millones de hispano parlantes que existen. El español ya no es sólo el idioma que se habla más en las casas, el idioma doméstico, sino que en los últimos años también se usa en muchos entornos laborales, convirtiéndose, además, en el idioma del trabajo.
IDIOMA DEL MESTIZAJE
La lengua como fenómeno social, económico y seguramente político en un futuro, tiene que ver con la mezcla, que es culturalmente un nuevo “boom” en EE.UU. El español es una lengua que siempre se habla con acento mientras que el inglés siempre ha tenido un prejuicio sobre el acento distinto a la norma. De ahí la tensión entre la mezcla y la norma, que se traslada a la literatura también.
Las literaturas hispánicas en EE.UU. son producto de las mezclas del español con otras cosas. La literatura por sí misma lo es, ya que si fuera pura sería extraña. Como ya dijo en cierta ocasión el escritor mexicano Carlos Fuentes: “el español es una lengua de andariegos e inmigrantes, es decir de mestizaje”.
Es positivo recordar que la política de España como puerta de Europa hacia América Latina pasa por EE.UU., que es el primer país hispano del continente.
Así los expertos opinan que no sólo se puede llevar a cabo una política cultural con Chile, Argentina y Colombia sino que se tiene que triangularse con EE.UU.
“EE.UU. NO ES SÓLO UN MUNDO DE VAQUEROS”
Con el escritor de Chile hablamos sobre esta candente cuestión.
Ha destacado que donde mejor se ha estudiado la literatura española ha sido en las universidades de EE.UU. ¿También ocurre eso en cuanto a la crítica literaria?
Creo observar que la mejor crítica literaria que se hace con relación al mundo hispanoamericano es la que se hace en EE.UU. porque la crítica literaria en Chile está reducida al folletín periodístico rápido, pero la crítica de autores como Neruda o Donoso es una crítica que se hace desde los departamentos de español de las universidades norteamericanas. A veces las elaboran latinoamericanos radicados allá, a veces son hispanistas norteamericanos, ingleses, suecos, etc. La crítica universitaria en países como Chile o Perú es más débil. Eso es sorprendente.
Fui a estudiar a la universidad estadounidense de Princeton porque en Chile no se podía escribir. Mi primer contacto con el mundo de la crítica, digamos con un enfoque científico, se produjo con los hispanistas de esa universidad. Allí conocí a Américo Castro, Claudio Guillén, Vicente Llorens, Francisco Ayala. Ese mundo hispánico se debía en parte al exilio, pero también tenía que ver con la acogida por parte del entorno universitario norteamericano para los estudios más curiosos.
Cuando a veces me dicen que los norteamericanos no saben nada, les digo que hay lugares allí donde saben más de nuestras cosas que nosotros mismos. Estoy seguro que en algún lugar de EE.UU. hay una persona que sabe más de Cervantes que los españoles. Seguro que hay alguien que sabe más de mí que yo mismo. Me he encontrado con eso.
EE.UU. no sólo es un mundo de vaqueros, es muy complejo, y hay enclaves de conocimiento muy particulares, que son los universitarios.
FAULKNER Y EL QUIJOTE
¿También existe mucho interés de la literatura norteamericana por la literatura española?
Sí. Hace quince años no se sabía que William Faulkner era un lector de El Quijote. A mí me pasó entonces. Estuve en Oxford (Mississipi) donde daba una charla sobre el cuento latinoamericano y, al final, hice mención de que allí había nacido Faulkner.
La persona organizadora por parte de la universidad me preguntó que si me interesaba Faulkner. Le contesté que más que el cuento latinoamericano, porque parte de esa narrativa latinoamericana moderna venía de este escritor, como la de Vargas Llosa, Carlos Fuentes o García Márquez. Entonces me llevaron a la casa de Faulkner y me mostraron una edición de El Quijote en inglés que él leía. Me comentaron que esa fue la última lectura que leyó a su familia, ya que acostumbraba a leerles textos en voz alta.
Más tarde, otro especialista universitario en Cervantes me dijo que tenía anotadas todas las citas de El Quijote que existen en la literatura norteamericana, pero no conocía las de Faulkner. Todas esas referencias del escritor en sus novelas estaban relacionadas con episodios de Rocinante porque era un gran aficionado a los caballos. Todo eso ahora se da por sabido y cuando uno lee a Faulkner con esa visión se da cuenta que sus libros están llenos de personajes quijotescos.
Se ha definido al español como idioma de mestizaje, ¿qué aspecto negativo con lleva esa característica?
El problema de fondo es hasta qué punto en EE.UU. el español que llega de Puerto Rico o México se puede mantener allí con el idioma español. Matices tiene que haber, pero hay algunos que repercuten en la estructura gramatical del idioma como ocurre con el fenómeno del ‘spanglish’.
Sobre la dificultad de publicar literatura saltando fronteras, el panorama ha mejorado considerablemente.
No soy tan optimista. Digamos que la comunicación es menos mala que en mi tiempo. Supe de la existencia de Alejo Carpentier a través de una traducción al francés en una revista literaria. También supe de Borges en francés. Borges iba a Chile como de turista porque nadie le conocía, sólo le leíamos 30 personas.
La comunicación sigue siendo difícil porque las editoriales españolas allá agarran a un autor latinoamericano y lo publican sólo allá. Mientras no esté claro que se conviertan en alguien tan leído como Isabel Allende, sólo lo hacen circular en un país. Es difícil salir de ahí. Hay muchos autores de literatura en español con dificultad para publicar y distribuir sus libros incluso entre los propios países latinoamericanos.
¿Qué rasgos destacan de las actuales características del idioma español en EE.UU.?
Primero, la presencia de un mundo de hispanismo muy sólido en las universidades. Segundo, el crecimiento del mundo que habla español en EE.UU. Eso tendrá que producir muchas cosas en el futuro: literatura, hechos culturales y hechos políticos. Y tercero, lo interesante que es observar la relación de la cultura y de la literatura norteamericana con respecto a nosotros.
ACTITUD HUMANISTA
¿Cuál es el papel en América de la diversidad de las lenguas con que cuenta España?
Cuando nosotros —los hispanoamericanos— publicamos nuestras primeras cosas en España, los correctores de estilo nos traducían del castellano de Chile al español de acá. Cuando llegué por primera vez a España mi primera sorpresa fue comprobar que no había un español de España, sino que había muchos españoles y muchas formas de pronunciar el español. El tema de la regionalización de la lengua también era enteramente aplicable en España.
Me sorprendí de esa diversidad. En el Chile de mi tiempo no había una noción clara de que en España se hablara catalán, vasco o gallego. Primero vi la diversidad de idiomas y después la diversidad de acentos. Recuerdo que una vez llegué a una sala donde se estaba hablando andaluz y pensé qué curioso era lo que se parecía al chileno. Esa diversidad se siente desde adentro y no se conoce mucho en América. Igualmente en España no se conocen lenguas de allá. Por ejemplo, en Paraguay se habla el guaraní, en el sur de Chile se habla la lengua mapuche, etc.
¿Tendrán esas lenguas un papel más relevante en un futuro?
Ese es el tema contemporáneo, el de respetar al otro y entenderlo. Una actitud culta frente al idioma es tener apertura y conciliación por lo que se habla en otras partes. El asunto del idioma español implica que el castellano tiene que entender al de Extremadura, de Andalucía, de Bolivia y de Chile. Es un problema cultural completo que implica una cierta actitud humanista frente al idioma.
¿Cuál es el papel de la Internet en la relación de los jóvenes con la literatura en lengua española?
Seguro que básica. Veo que su papel aumenta en tamaño cada día. Creo que en el fondo, el idioma español tiene éxito en estos momentos porque se amplía. Uno va a discusiones sobre el portugués, el rumano o el francés, y todos se quejan. A mí me tocó hace poco una de esas reuniones y no me puedo quejar porque el idioma español está en crecimiento. El problema es que en ese crecimiento llegue a perder su estructura misma, pero creo que de momento está mantenido.
Otro problema es el de la creación literaria, que es impredecible e incontrolable y que vendrá no se sabe de dónde. Eso siempre ha sido igual. Pero lo importante es que va. 
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