SáBADO 3 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23499 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Transferencia de soberanía

Estados Unidos hizo esta semana en Irak lo mejor de todo lo que ha hecho en ese país desde que derrocó al régimen genocida de Saddam Hussein, en abril del año pasado: devolverle a los iraquíes la soberanía política —limitada— de su país.

Además, sin duda que la sorpresiva anticipación en dos días de la transferencia de la soberanía al Gobierno provisional iraquí, impidió a los terroristas concretar acciones espectaculares y más mortíferas que las habituales, que sin duda estaban preparando para esa ocasión.

Sin embargo todos los enemigos, adversarios y críticos del Gobierno de Estados Unidos coinciden en que éste ha sido derrotado en Irak, aunque no tan aparatosamente como lo fue en Vietnam de donde los funcionarios civiles y los militares estadounidenses tuvieron que salir huyendo. Según los detractores del Presidente de Estados Unidos, la “doctrina Bush” de guerra preventiva y acciones bélicas unilaterales ha fracasado estrepitosamente punto por punto.

En realidad, sobre todo después del escándalo por los abusos con los prisioneros en Abu Ghraib Estados Unidos no puede alardear de que le ha ido muy bien en Irak. Sobre todo porque no ha podido contener las acciones terroristas ni desmantelar la red de Al Qaeda, como se lo propuso cuando invadió Afganistán después del 11 de septiembre del 2001, y cuando, el año pasado, ocupó militarmente el Irak.

No obstante, lo bueno es que el Gobierno de Estados Unidos derrocó a los dos regímenes más criminales y pro-terroristas del mundo (el Talibán y Saddam Hussein). También demostró a los terroristas islámicos que sus acciones criminales no pueden quedar impunes, y puso a la defensiva a la poderosa maquinaria de Al Qaeda, que no ha podido asestar dentro del territorio estadounidense otros golpes tan demoledores como los del 11 de septiembre. Por otro lado, Estados Unidos ha sentado las bases mínimas para construir en Irak una sociedad libre y democrática, o al menos para intentarlo. Y, finalmente, Bush logró que la ONU se comprometiera a apoyar la pacificación y democratización de Irak en la nueva etapa de reconstrucción que comenzó esta semana.

En efecto, a principios de junio recién pasado, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución 1546, que asegura el respaldo al gobierno interino de Irak que asumió la soberanía política del país, sin perjuicio de que las fuerzas militares de Estados Unidos y sus aliados se mantendrán allí por el tiempo que sea necesario para exterminar al terrorismo e impedir que Al Qaeda se apodere del país.

Ahora las autoridades iraquíes, respaldadas por la comunidad democrática internacional, comienzan a cumplir un calendario de eventos políticos que debe culminar con la aprobación de una nueva constitución del Estado y la celebración de elecciones libres, a fines del próximo año.

Bajo los auspicios de la ONU deberá celebrarse en Irak un diálogo nacional con el objetivo de lograr acuerdos de reconciliación nacional entre los distintos partidos, etnias y corrientes religiosas; de garantizar el respeto a los derechos humanos de los iraquíes; de consagrar legalmente y asegurar la vigencia del principio de igualdad de la mujer; y de alcanzar un compromiso de convivencia pacífica bajo la sombra auspiciosa de un Estado de Derecho, un clima de tolerancia política y religiosa y un ambiente de libertad económica.

Cabe preguntarse, sin embargo, si será posible tanta bendición para una nación enconadamente dividida por antiguos y enraizados odios étnicos, religiosos y políticos y, lo que es peor todavía, sometida a la intimidación de una violencia terrorista patrocinada y ejecutada por fanáticos que pretenden representar la voluntad de Dios.

En todo caso, sus problemas deben resolverlos los mismos iraquíes. Lo cierto es que ha quedado claro —una vez más— que ninguna nación puede imponerle a otro pueblo la libertad y la democracia como manera de vida y como forma de gobierno; que se puede y debe ayudar a una nación a sacudirse el yugo de la tiranía; pero al fin y al cabo sólo ella puede decidir si quiere en realidad vivir en libertad. Y ojalá que así sea en Irak.
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