Laura Restrepo o la multiplicidad encauzada
Dixon Moya*
Laura Restrepo, podría representar un grave caso clínico, pues un psiquiatra aficionado quizás infiriera que se trata de una mujer poseída por múltiples personalidades, un bocado apetitoso para un exorcista de la inquisición. En realidad, Restrepo es una bogotana con actitud universal, nacida en 1950 aunque lo de menos sea su edad, ha sido periodista, docente universitaria, militante política, funcionaria pública, migrante como buena colombiana (por los dos motivos básicos, necesidad y placer), pero todos esos roles confluyen en una actitud vital, escritora.
Esta faceta creadora de su múltiple personalidad, le ha deparado una gran satisfacción, obtener uno de los más importantes premios literarios en español, el Alfaguara para novelas inéditas (el mismo que ganara en 1998 el escritor nicaragüense Sergio Ramírez), no es su primer reconocimiento, en años anteriores le fueron otorgados entre otros, el Sor Juana Inés de la Cruz en México y el Prix France Culture que concede la crítica francesa a la mejor novela extranjera. Sin embargo, si le preguntan a Laura Restrepo si se siente literata, es posible que conteste: “Periodista... Sí, durante años lo ejercí en los medios y ahora lo sigo ejerciendo en mis novelas, porque lo que estoy escribiendo ahora es ficción pero se apoya en reportajes y en un tipo de trabajo similar: una primera etapa periodística y una segunda parte de elaboración literaria”.
Ese tratamiento novelado de la realidad circundante, es lo que ha llamado Gabriel García Márquez una “singular amalgama entre investigación periodística y creación literaria”, al comentar la obra de Restrepo. Es indudable que los temas sociales siempre le han interesado a la novelista colombiana, desde la época en que siendo una adolescente precoz proveniente de una familia acomodada, se convirtió a la edad de dieciséis años en profesora de una escuela pública en Bogotá. Graduada de Filosofía y Letras, así como de Ciencias Políticas, profesora en la Universidad Nacional de Colombia, editora de las Revistas Cromos y Semana, periodista televisiva e integrante de la Comisión de Paz en 1983, ente negociador entre el gobierno de aquella época y el por entonces grupo guerrillero M-19. Los últimos años los ha dedicado a la literatura, actualmente es Directora del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, dependencia de la Alcaldía Mayor de Bogotá, la cual coordina las múltiples manifestaciones artísticas de la capital colombiana.
Su primer libro apareció en 1986, Historia de un entusiasmo, luego continuaron La isla de la pasión (1989), Leopardo al sol (1993), Dulce compañía (1995), La novia oscura (1999), La multitud errante (2001). La novela premiada por Alfaguara, Delirio estará disponible en pocas semanas. Su temática es la social, su método implica una investigación previa muy intensa, conviviendo con las personas que luego se convierten en personajes, haciendo preguntas que terminan en denuncias, denuncias que empiezan las preguntas. Ha incursionado en la novela histórica, aunque no le interesa tanto el pasado, opina por ejemplo, que el conflicto colombiano es una muestra no de una reminiscencia feudal sino ejemplo de lo que puede ocurrirle a toda la humanidad en un futuro postmoderno, postatómico, cuando la globalización se identifique cada vez más con el consumismo desenfrenado.
Algo que habla sobre el carácter de Laura Restrepo, es que ante sus colegas periodistas, declaró que lo más emocionante de la noticia del Premio Alfaguara, fue escuchar la opinión de José Saramago, Premio Nobel y uno de los jurados, quien catalogó a Delirio como “una gran novela... literatura de primera clase”, en cita textual. Sin embargo, Restrepo descartó cualquier compromiso diferente al que adquirió hace un par de meses, como rectora institucional del quehacer cultural en Bogotá, ciudad de la cual rescata la actividad lúdica y la extraordinaria dinámica cultural como remedio frente a la locura.
Es precisamente la locura el tema principal de su novela, aunque tratado con un gran sentido del humor, porque como ella afirma, la “palabra y el humor, son las herramientas de los desarmados”. Sobre esta mujer valiente que odia la violencia, mujer singular que se expresa en plural, puede decirse que de sus diversas vocaciones, la mayor sea la del compromiso con las causas, aquellas nobles, buenas y necesarias.
Febrero del 2004
*Diplomático colombiano 
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