Liston se “derritió”
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Hace 40 años Clay gritó, picó y mató |
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Aún severamente enfermo del mal de Parkinson, Muhammad Alí impone respeto donde se presenta. Hace 40 años ganó su primer título del mundo.
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Edgard Tijerino M. edgard.tijerino@laprensa.com.ni
Cuando sonó la campana para el séptimo asalto, Sonny Liston, tan gigantesco y tenebroso como King Kong, derrumbado en su butaca, dijo sorprendentemente, “no más”.
Esa noche, mientras el Centro de Convenciones de Miami echaba humo por sus cuatro costados y la multitud permanecía con sus bocas abiertas observando a Cassius Clay levantar sus brazos y agitar las piernas, el planeta boxeo explotó de incredulidad.
Ocurrió hace 40 años, un 25 de febrero, pero las imágenes no se desvanecen. Siguen tercas y resplandecientes, sobreviviendo como las pinturas del Palacio de Versalles.
Charlatán incurable, Clay de 22 años, ganador del oro olímpico en 1960, había abrumado al oso feroz durante la ceremonia del pesaje, con unos desbordes emocionales quiebra sismógrafos.
Favorito 7-1 para ser triturado, el futuro Muhammad Alí fue calificado como payaso, bocón, insoportable, y seguro “cadáver”, antes de subir al ring.
Y pensar que en la revancha realizada en 1965, sólo necesitó de un golpe fantasma para terminar con Liston en el primer asalto.
Su “cacería del oso”, fue a lo largo de los cuatro primeros asaltos, una faena magistral. Parecía haberle robado el movimiento de pies a un bailarín del Bolshoi, en tanto sus veloces y precisas combinaciones de golpes se aproximaban a las de Ray “Sugar” Robinson.
Ciertamente, Clay volaba como una mariposa y picaba como una abeja. Su habilidad, fue derritiendo la furia del oso ante el asombro de todos.
Según los expertos, Liston, un natural “matador”, no arriesgaba su corona, pero el retador si arriesgaba su cabeza. “Podría caer en una de las últimas filas del ring side. Así que, estén atentos para no perderla de vista una vez sea arrancada de sus hombros”, escribió con macabra solemnidad, un columnista .
Para el quinto asalto, con Liston cortado debajo de su ojo izquierdo, Clay dijo al entrenador Angelo Dundee: “No veo, la picazón en mis ojos es muy fuerte, parece que tengo piedritas y piedritas, por favor sácamelas”.
Se dijo que durante el friccionado cuarto asalto, una sustancia en los guantes de Liston, afectó la visión de Clay. Pero Dundee consideró que no era momento para discutir, y recomendó: vas a ver una sombra yendo hacia ti, trata de mantenerse lejos, siempre en movimiento.
Clay se resistía a salir, y Dundee tuvo que empujarlo mientras le gritaba: “Tenés que seguir. Estás aquí para ganar y vas a hacerlo. Así que, pelea muchacho”.
Después de atravesar ese quinto round, Clay se estabilizó y controló el ritmo en el sexto, y Liston, viéndose desnudo en su incipiente boxeo, no salió para el séptimo asalto.
“Tengo desgarro en uno de los bíceps”, explicó, pero el desgarro era en su corazón. Ya no tenía nada que ofrecer. El versátil, atrevido e indescifrable Clay, lo había destruido.
Esa noche, hace 40 años, se inició la más grande leyenda del boxeo.
PARECE MENTIRA
Ver ahora a Muhammad Alí atrapado por el mal de Parkinson, arrastrando los pies, con dificultades para expresarse débilmente. Su boca, ya no se abre lo suficiente y sus mágicos patines han desaparecido.
Ese síndrome le quitó toda su energía, pero no la remembranza de su grandiosidad. “Nunca veremos en los pesos pesados otro como él”, escribió el ganador del Pulitzer, Norman Mailer, autor de Los Desnudos y los muertos, una novela sobre la guerra de Vietnam, y gran fanático del profeta.
Liston murió en 1971. Su cadáver fue encontrado en el cuarto de un hotel en Denver. Un fin previsible para alguien de vida tan turbulenta.

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