Halle Berry: vivir con Oscar
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La actriz nos habla de la experiencia de ganar un Oscar y de sus proyectos |
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Halle Berry.
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Fabián W. Waintal
Reluciente, como siempre, Halle Berry halaga con su presencia, manteniendo una seductora mirada que empalaga con ternura. Y el atractivo es todavía mayor, sabiendo que está sola desde la separación del marido Eric Benet, agregando la sensualidad, en plena filmación de la película Catwoman, con todo el erotismo que genera el clásico personaje de Gatúbela.
Nosotros la encontramos en el hotel L’Ermitage de Beverly Hills, escoltada por un asistente, aunque es Halle quien lleva su propia cartera, Louis Vuitton en el brazo derecho y una percha con saco colgado en la otra mano. No trae el Oscar con ella, pero el título de ganadora, no se lo quita nadie.
—¿Gracias al Oscar se convirtió en una de las actrices más poderosas del momento?
—Me siento poderosa por la forma en que disfruto todas las facetas de quien soy yo, realmente. Desde el lado sexy hasta el lado intelectual o el lado materno que también tengo. Igual que mi lado divertido, mi lado vulnerable, me permito ser quien soy. Todo eso me hace sentir poderosa como mujer.
—¿Cómo recuerda desde la distancia, aquel momento en que recibió el Oscar?
—Todavía lo siento como un momento increíble y surreal. Cada vez que me acuerdo o veo el video de nuevo, todavía lo sigo sintiendo igual de surreal, como cuando lo viví. No lo siento para nada verídico. Fue como una experiencia de otro cuerpo, como si realmente hubiera estado en Michigan, en vez del lugar donde me dieron el Oscar.
—¿Dónde guarda la estatuilla?
—Está en la oficina que tengo en casa.
—¿En un lugar dónde se ve, enseguida, al entrar o escondido?
—No. Lo tengo en exhibición, aunque tampoco está centrado en la atención del que entra. Pero claro que lo tengo a la vista para que lo vean.
—¿Molesta cuando solamente destacan su sensualidad por encima de las demás cualidades?
—Es realmente difícil para cualquiera, darse cuenta de quien soy yo. Me siento cómoda con todas mis cualidades y defectos. Así que no me molesta. Está bien que destaquen el lado sensual o sexy, porque también sé que tengo otras facetas.
Además de haber sido la primera actriz de color que ganó un Oscar, también es la mujer más adulta que los medios remarcan como sexy ¿nota una nueva tendencia en destacar la sensualidad de la madurez?
—¿Te parezco vieja? Cumplí 37 años, el 14 de agosto.
—Al contrario, me parece genial porque yo tengo 40, pero en otras épocas, los medios reservaban el apodo ‘sexy’ para las chicas de 20. ¿No lo ve como algo positivo?
—Sí, sí. Es algo positivo. La belleza es una forma de ser, una forma de pensar, un sentimiento. No se puede asociar con un número. Me encantaría que nadie tuviera una edad determinada. Me gustaría que la gente dejara de preguntar “¿qué edad tiene?” cuando recién se conocen. Deberíamos sentirnos tan viejos o jóvenes como queramos. La edad no debería estar basada en un número. Yo me siento hoy tan joven como hace doce o veinte años atrás. No reparo en la edad. Tengo 37 años, pero no los siento.
—Suponiendo que este año tuviera la oportunidad de subir al podio del Oscar...
—(Interrumpe) Es imposible que me gane un Oscar este año. No estoy entre las nominadas.
—Es una suposición. Puede subir para entregar un premio. Lo que pasa es que este año, le toca a Adrien Brody, entregar el Oscar a la Mejor Actriz...
—(Interrumpe otra vez) Antes que me lo preguntes, te digo que no, no lo voy a besar a Adrien Brody, como él me besó a mí. No sería novedad, porque ya lo hicimos. Ahora, si fuera Russell Crowe, probablemente lo haría.
Un Oscar en el mismo camino de James Bond y la heroína de XMen, marcaron el mejor momento para Halle Berry, acentuada con la filmación de la versión en cine de Gatúbela. Mejor, imposible. Sin embargo, la balanza del amor no la favorece, porque sigue separada del marido Eric Benet, desde el último fin de semana de septiembre. Y ella misma lo confirmó públicamente, admitiendo: “Teníamos problemas maritales con Eric, desde hace tiempo y habíamos tratado de solucionar los problemas, entre nosotros. Pero, en este momento, siento que preciso un tiempo de separación para reevaluar nuestra unión”.
Respaldándose en el trabajo, Halle está en Vancouver (Canadá), filmando Gatúbela, mientras Eric Benet se quedó en Los Ángeles, solo.
La pareja se había conocido en 1999 y ella lo presentó oficialmente cuando lo nombró en el agradecimiento por el primer premio del Globo de Oro, que recibió con la película Introducing Dorothy Dandridge, dedicándoselo con el mensaje “Me has dado el mejor regalo que me hayan dado, la libertad de ser quien soy”.
Halle Berry se casó en enero del 2001, pero los primeros problemas surgieron cuando varias revistas aseguraron que Eric le había sido infiel, en julio del 2002. Trataron de reconciliarse y él buscó ayuda en la clínica Meadows (Arizona), especialista en adicción sexual, pero la separación demuestra que todavía no logran curar las heridas.
Sería el segundo divorcio para ella, porque entre 1992 y 1996 estuvo casada con el beisbolista David Justice, en la época que incluso, pensó en el suicidio, después de la separación.
Hoy, con Eric Benet, sólo comparte la tenencia de la hijastra India (12), que Halle sigue criando como si fuera suya, aunque pierda el parentesco de madrastra, después del divorcio oficial.
—¿Conserva el buen humor a pesar del mal momento personal que está viviendo?
—Claro que sí. No me quejo de mi vida. Estoy saludable, mi hija está bien y tengo muy buen espíritu, por el contrario de lo que se publica en los medios. Me siento muy bien.
—¿Se enoja cuando publican tantos rumores sobre su vida privada?
—Hace tiempo que estoy en esta carrera, lo suficiente como para darme cuenta que es parte del juego. Estoy feliz con mi vida. Siempre hay algo malo en todo tipo de trabajo que tengas. Siempre va a ver algo que odies, no importa la profesión. Y yo lo acepto.
—¿Su situación como diabética tampoco se entromete con su estilo de vida?
—No. Nunca tuve problemas. Por suerte tomo la diabetes con toda seriedad. Como lo correcto y también me fijo bastante en mis niveles de azúcar. Tomo mis medicinas y me cuido lo suficiente.
—¿Su madre era psiquiatra?
—Mi madre era enfermera psiquiatra. Y por eso crecí rodeada de psicología, toda mi vida. Es el tema que discutíamos todo el tiempo en casa. Y tuve terapia desde muy chica, simplemente porque era lo que hacía mamá.
—¿Utiliza la psicología para vivir también los personajes que interpreta en cine?
—Sí, pero yo no vuelvo a casa con el personaje. Evolucioné lo suficiente como actriz y aprendí a dejar el personaje en el estudio de cine. Es bueno saber que puedo ‘actuar’, sin ‘ser’ o ‘vivirlo’. Me siento bien al final del día.
—¿No se lesionó nunca filmando tantas películas de acción?
—Solamente me lesioné una vez, cuando me quebré el brazo filmando Gothika, en una escena que tuve con Robert Downey Jr. Y aunque tenía el apoyo del elenco y los productores, tuve que filmar con el brazo enyesado. Pero no me quejo. Es mi profesión.
—¿En el minuto que Robert Downey Jr le quebró el brazo, lo odió con toda su alma?
—No, porque sabía que no lo hizo a propósito. Además tenía demasiado dolor como para pegarle a nadie. No recuerdo un dolor tan duro como cuando me rompí ese brazo.
—¿Y ahora cómo está?
—Ya está curado y todo volvió a la normalidad.
—¿Los médicos le recomendaron que no hiciera más tomas de acción con ese brazo?
—Es que no estaba filmando ninguna escena de acción cuando me pasó. Así que volví a trabajar enseguida.
—¿Entonces no perjudicó la filmación de Catwoman?
—No, porque en general, el hueso se vuelve mas fuerte de lo que era antes de quebrarse, por todo el calcio que rodea el área. Técnicamente, mi brazo derecho es mucho más fuerte ahora que el brazo izquierdo.
—Y el traje de Gatúbela ¿cómo le queda?
—Paso un poco de frío, pero ya me estoy acostumbrando.
Michelle Pfeiffer contó que en la filmación de Batman returns que no podía hacer sus necesidades por lo cerrado del traje y era la primer recomendación que daría para la próxima Gatúbela.
Mi traje es completamente diferente al de Michelle Pfeiffer. Ya no es una sola pieza como el de ella, es mucho mas urbano, del año 2004. Cambió un poco con la época. Es de cuero, pero pantalones de cuero. (Se ríe) Yo no tengo problemas en hacer mis necesidades...
—¿Se va a quedar con un traje de recuerdo o tiene que devolverlo?
—No, no. Tengo un traje de Catwoman guardado para mí, que no pienso devolver.
—¿Desde que la vimos acompañanda a James Bond, le parece que hay un cambio en el cine, con muchas más heroínas que antes?
—No sé si yo tengo que ver con el cambio, pero me siento parte. Es bueno que la mujer pueda ocupar ese tipo de rol, como Angelina Jolie. Nosotras también podemos protagonizar este tipo de cine. Eso dice mucho sobre la mujer y lo que el público quiere ver. Y por supuesto, se siente muy bien.
El chef Wolfgang Puck es el encargado de preparar los exquisitos platillos para la ceremonia del Oscar, que se realizará el fin de semana próximo. El plato que muestra tiene un valor de 800 dólares.

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