MIéRCOLES 25 DE FEBRERO DEL 2004 / EDICION No. 23373 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





Entrevista - Mauricio Gómez Lacayo: Viceministro-Secretario de Relaciones Exteriores y Cooperación de la Cancillería
“La persona hace el cargo”

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. Uno de los viceministros de la Cancillería (son dos), Mauricio Gómez, se caracteriza por su bajo perfil ante los medios de comunicación, pese a estar desde hace más de diez años en el servicio público. Muy enfático asegura que los altos cargos no deben cambiar a las personas en el Gobierno y recuerda que su función primordial es servir a la población.

 

Gustavo Ortega Campos
gustavo.ortega@laprensa.com.ni

Muy próximo a cumplir 37 años, Mauricio Gómez Lacayo, Viceministro-Secretario de Relaciones Exteriores y Cooperación, la pensó mucho para brindar esta entrevista al enterarse que se le harían preguntas personales, algo que le incomodaba debido a su personalidad sobria que lo caracteriza.

Corpulento, marcado bastante por las canas y con cara de bonachón, este viceministro está encargado de coordinar y organizar desde el Ministerio de Relaciones Exteriores (nombre oficial de la Cancillería de la República), los recursos que ingresan al país en concepto de cooperación externa, sean préstamos o donaciones.

Su oficina, ubicada en el tercer piso del peculiar edificio de la Cancillería, está muy acorde a su manera de ser, ponderada, con un par de cuadros que le dan un toque elegante, y con documentos muy bien apilados en su escritorio y los libreros que lo circundan.

Una de las cosas que más le han marcado en su vida fue haberse exiliado en Estados Unidos desde los 12 años sin sus padres.



—Tenemos entendido que se separó muy joven de sus padres...

—Salí muy joven de Nicaragua, tenía 12 años, en ese momento era menor de edad y tenía que responder a las instrucciones de mis padres, doy hasta cierto punto gracias a Dios que tuve esa oportunidad porque eso me dio diferente perspectiva sobre la vida y el mundo. Desde muy pequeño cuando salí de Nicaragua tuve que trabajar, repartía periódicos... a las seis de la mañana yo ya andaba repartiendo los periódicos en el vecindario y eso creo que ayuda mucho a la formación del carácter y de la persona, y por otro lado tuve unos padres ejemplares.



—Usted es graduado en Economía Política, pero cuando escucho ese título me traslado a las enseñanzas logradas en Nicaragua al amparo de lo escrito por Marx, Engels, Rumianzev en los años ochenta...

—Mirá, una de las asignaturas que recibí fue la economía comparada y una de las cosas que ahí se aprende es el pensamiento de libre mercado, la economía de demanda agregada o pensamiento keynesiano y también los sistemas de economía centralizada y los esquemas mixtos que se implementaron en el mundo, lo interesante de esta carrera es que es un movimiento que se viene organizando para unificar la economía y las ciencias políticas, pero antes, durante la época de los grandes pensadores de la economía (Thomas) Malthus, (Adam) Smith, (John M.) Keynes, todos ellos eran economistas políticos porque la economía y la política no las podés separar, son cosas que van entrelazadas.



—En este cargo que desempeña le toca hacer de economista y de político... ¿lo ve como una meta deseada?

—Después de graduarme de economista político estudié Derecho... algo que viene de familia porque mi tío-abuelo fue Decano de la Facultad de Oriente y Mediodía donde dicen que salían antes los mejores abogados... Lo que me sucedió a mí fue bastante particular, en 1989 inicié Derecho, vine de vacaciones, trece años pasé fuera, siempre tuve la espinita de regresar; comencé a venir en 1990, en 1992 terminé mis estudios, volví de vacaciones, por casualidad vine a la Cancillería, me dijeron que había un puesto de trabajo en la asesoría legal internacional, metí mi aplicación y cuál fue mi sorpresa que me llamaron, entonces comencé en la parte legal que tiene que ver con convenios y tratados, derecho consular... en algún momento me ofrecieron el puesto de director de Proyectos Especiales donde se trabajaba con las embajadas de ciudadanos afectados con las confiscaciones...



—Lo recuerdo en el Ministerio de Cooperación Externa como uno de los principales funcionarios de aquel momento...

—Luego fui asesor legal de la dirección superior de la Cancillería, en 1994 conocí a mi esposa... en octubre.



—Buena memoria... obviamente esas cosas no se olvidan...

—Fue en una fiesta de Halloween, estábamos disfrazados los dos (risas), yo andaba disfrazado de hippie...



—Algo raro en usted siendo tan serio...

—(Risas) bueno, ideay, es sólo un disfraz, andaba unos pantalones azulones rotos y una peluca que se la había quitado a una que andaba disfrazada de bruja con unos anteojos azules, ella andaba vestida de vaquero. Un año antes ya la había conocido, en el 95 nos casamos y tal vez las condiciones laborales no eran las mejores, mi salario en ese entonces era de 500 dólares y con eso no podía mantener una familia y me ofrecieron unas asesorías y me asocié a una empresa en Granada, al final vendí las acciones pues cuando estás en eso no podés estar en dos cosas a la vez.



—No todos los funcionarios públicos piensan igual, algunos mantienen sus vínculos empresariales...

—Cuando estás en el servicio público tenés que estar concentrado en servirle al público y no podés servirle y estar viendo cosas privadas a la vez porque al final no hacés bien ninguna de las dos cosas. Después, a inicios de 1997 me piden que si quiero trabajar en Cooperación Externa, ministerio en ese entonces, lo que se quería era crear una asesoría legal interna, me ofrecieron crear una dirección jurídica... una vez estando ahí me dicen que ya no se hará la dirección jurídica y me piden que apoye en la dirección general de multilaterales y me dije: “está bien ¿quién dijo miedo?...”



—Entonces ahí ya le tocaba quitarse el sombrero de abogado y empezar lo de economista político...

—Sí, tuve que desempolvar toda la parte económica y política porque estaba concentrado en lo jurídico, y en ese momento me hacían comentarios de que iba a estar en un departamento donde sólo trabajaban mujeres, todo mundo estaba a la expectativa que tal me iba como con 15 mujeres, pero fue una de las experiencias más bonitas que he tenido en mi vida y creo que ellas colaboraron mucho conmigo, me enseñaron los primeros pasos de la cooperación internacional y hoy en día conozco lo que conozco en base a esa apertura de este equipo que muchos están aquí.



—Cooperación Externa tuvo una transformación grande, de Ministerio pasó a Secretaría... ¿eso implicó cambios radicales en el sistema de trabajo?

—De Ministerio pasó a Secretaría adscrita a la Presidencia y después se tomó la decisión de fusionarla a la Cancillería y en ese entonces me nombran a mí secretario...



—¿Con rango de viceministro?

—No, secretario nada más, Secretario de Relaciones Económicas y de Cooperación, en ese entonces estaba el proceso de la Ley de Servicio Exterior, donde se trata de poner personas que hayan demostrado profesionalismo en el manejo de sus cargos, después vino la nueva administración de gobierno y se decidió que se diera rango de viceministerio, era algo anhelado por la cooperación y el Gobierno, pues se buscaba un interlocutor que tuviera el nivel necesario para facilitar la toma de decisiones. Esto fue a mediados del 2002.



—¿Qué significa para usted ser viceministro?

—Yo siempre he pensado que la persona es la que hace el cargo y no el cargo el que hace a la persona, y en ese sentido como que yo no le puse mucha mente y entonces ahí dejé que la cosa pasara y en varias ocasiones me llamaron la atención: “¿qué barbaridad, no se ha hecho el cambio, querés que lo haga yo?”, me dijo en su momento el Canciller, entonces se hizo todo el proceso donde se daba el rango de viceministerio y eso ha ayudado mucho. Cuando trabajás en el sector público tenés que tener una visión clara de que sos servidor público, eso quiere decir que servís al pueblo, que vos trabajás en función de los intereses del pueblo, si no estás haciendo eso mejor retiráte.



—Pero no todos lo demuestran...

—Eso se lo dejo al criterio, a la deducción y a la imaginación de los contribuyentes que son quienes al final deciden quién hizo bien su trabajo y quién no lo hizo, en las urnas.



—¿Su salario actual ya le da para mantener a su familia?

—Bueno, mirá, definitivamente en todo este proceso ha habido un incremento paulatino en base al tiempo, a la capacidad, en base al mérito y pues me sentía un poco cómodo con el salario que tenía... con estas reducciones de salario...



—¿Cuánto llegó a ganar y cuánto se le ha reducido?

—La reducción ha sido alrededor de un 35 por ciento en un período de 14 meses, así es que uno se ajusta conforme su presupuesto....



—¿Cuál es su salario?

—Ehhhh, neto yo ando ganando alrededor de los 3,500 dólares, ése es mi salario, gracias a Dios que hay unos ingresos que entran por la vía de los negocios de mi esposa, ella colabora mucho.

TRES NOMBRES

Mauricio José Patricio es el nombre completo del Viceministro-Secretario de Cooperación de la Cancillería. El último nombre obedece al santo del día de su cumpleaños, el 17 de marzo.

Esta peculiaridad la ha trasladado a su descendencia, sus dos hijas llevan tres apelativos: Vilma Verónica María y Beatriz Paola Antonela.

“Son los dos ojos de mi cara”, asegura.

Nació en Granada, pero se considera un granadino no tradicional.

Su esposa es jinotegana y se dedica a sus negocios personales en el campo hotelero del que es especialista.

Es economista político graduado en Estados Unidos.



Cambio de rumbo

El Viceministro-Secretario de Relaciones Exteriores y Cooperación de la Cancillería, Mauricio Gómez, asegura que los vínculos con los cooperantes se han venido estrechando y se han afianzado los niveles de confianza con la actual administración pública.

“La satisfacción que tenemos es el reconocimiento de la contraparte de uno que nos dicen que las cosas han cambiado, los cooperantes, las instituciones que se benefician con la cooperación, los pobladores que sienten que su vida está mejorando porque las cosas están llegando de manera más efectiva”.

Asegura que el 40 por ciento del personal anda en los territorios y en gestiones directas, lo que cambia el rumbo de las gestiones que antes se atendían desde los escritorios.

Igual destaca que la gestión de descentralización y desconcentración de la cooperación ha provocado beneficios más efectivos.

Aseguró que todas estas acciones se realizan con una considerable reducción de personal.

“En este país uno tiene que hacerle de todos, de portero, de asistente de uno mismo, de conductor, tiene que ser el gestor, porque a veces en el caso nuestro en el área de cooperación, después de ser una entidad de 200 personas ahora somos 25 y tenemos que trabajar de una manera más eficaz, más eficiente y creo que lo hacemos”.

Para este año la cooperación estimada será similar a la del año pasado, unos 500 millones de dólares, pese a la tendencia de reducción percibida, debido a la crisis económica que enfrentan algunos países cooperantes y por otro lado la reorientación de flujos hacia otras regiones prioritarias.
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