Espacio gerencial
Jefes anticuados
José Leñero G.*
El libro de Pablo Cardona Las Claves del Talento, 2002, presenta diversas situaciones que observan unos muchachos recién graduados en administración y que inician su vida laboral en empresas españolas y europeas. Como las situaciones que describe no son en nada extrañas a las que me ha tocado vivir como consultor, creo que comentarlas puede ser útil a mis lectores.
El caso que comento ahora relata que el protagonista está dispuesto a irse a un nuevo trabajo, apenas a los seis meses de estar en su primera empresa, terriblemente molesto por la actitud de su jefe y pide consejo a un amigo un poco mayor.
Este amigo le pregunta ¿qué valora tu jefe y qué feedback te proporciona? A lo que el afectado responde: cuando las cosas salen bien, es como un muerto; pero si algo sale mal, despierta como si le hubieran puesto un cohete...
Ah, dice su amigo: es el tipo de jefe que yo lo llamo “termostático”, esos que sólo se ponen en marcha cuando algo va mal. Se fijan sólo en los errores y todo lo arreglan dando gritos sobre lo que debe hacer el subordinado.
Esos jefes piensan que los empleados son torpes y hay que estar encima de ellos, pero no se dan cuenta que esa manera de dirigir produce un tipo de personajes que son como subpersonas.
En efecto, los subordinados son aquellos que necesitan que les digan que hay qué hacer, cómo y cuándo, pero lo increíble es que esos jefes no se dan cuenta que cuando esos empleados salen del trabajo son personas normales con iniciativa para dirigir sus hogares, planear sus vacaciones u organizar una fiesta.
Pero cuando esas personas están dentro de la empresa se ven como subordinados, desarrollan una actitud reactiva, parecida a la de una máquina que espera que alguien le apriete un botón para arrancar. Llega el momento en que todo se hace tan aburrido para esos empleados, que sólo están ahí por dinero.
Este comentario me recuerda que “En busca de la Excelencia”, veinte años antes, relataba que los empleados de una armaduría de automóviles recitaban un verso que decía algo parecido a “que tienen esas puertas de la fábrica, que hace que afuera sea una persona adulta y adentro me tratan como a un niño”.
Todas las investigaciones empíricas actuales, muestran que la única forma de lograr empresas competitivas es conociendo, desarrollando y utilizando con inteligencia los talentos naturales de los empleados, dándoles participación intensa, desde el diseño de la estrategia, hasta los sistemas, técnicas y cultura para ponerlas en exitosa ejecución.
¿Será con jefes gritones que nuestras empresas podrán sobrevivir al mercado abierto que nos traen los TLC?
* El autor se desempeñaba como consultor internacional (q.e.p.d.)

|