La “mamá” de los pollitos
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Una experiencia de cómo las
incubadoras artesanales pueden
generar buenas ganancias a
familias de bajos recursos |
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La incubadora artesanal es revisada por María Salomé, la empresaria avícola artesanal.
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María Antonia López M. maria.lopez@laprensa.com.ni
NANDAIME, GRANADA.- María Salomé Maltez se ha convertido literalmente en la “mamá de los pollitos”, y esto porque casi durante dos años los ha “empollado”, criado y alimentado.
Esta mujer, habitante de la comunidad El Guapinol en Nandaime, Granada, fue reunida junto a otras seis, a quienes les plantearon dos alternativas: acceder a un crédito del Fondo de Desarrollo Local (FDL) o invertir ese crédito en actividades productivas en un complemento con que ya desarrollaba en su casa.
La opción de invertir fue presentada por un programa del Instituto de Investigación y Desarrrollo Nitlapán de la Universidad Centroamericana (UCA), ligado al FDL, fue la instalación de incubadoras artesanales de pollos.
Entusiastamente, María Salomé relató que del grupo es la única que ha continuado trabajando ese sistema de producción con resultados que a su modo de ver, son altamente positivos, y aunque no ha logrado sacar con números exactos sus cuentas, sabe que tampoco está teniendo pérdidas, porque de lo contrario ya lo hubiera abandonado.
Sin embargo, tener una incubadora artesanal ha sido casi como volver a criar a sus hijos. Requiere de cuidado y dedicación, estar pendiente con los horarios requeridos para que el proceso de “empollamiento” se produzca satisfactoriamente.
Las incubadoras son sumamente sencillas, están compuestas de dos cajas de cartón colocadas en las butacas, mejor conocidas como “pata de gallina”, sobre cada una de ellas está conectada una bujía de 50 voltios durante unos 20 a 23 días aproximadamente.
Sin embargo, sobre los huevos ha sido colocado un termómetro que controla la temperatura, deben mantenerla en 39 grados, ya que un exceso de calor los puede cocer. Mientras tanto, varias veces al día se humedece la mano y con ella les esparce una especie de caricia, removiéndolos en la caja, tal como lo hace la gallina. La única diferencia es que el ave permanece echada casi todo el tiempo y doña Salomé debe repartir sus horas entre ellos y el resto de sus actividades productivas.
Así también, al mediodía les apaga la bujía, ya que es el momento de más calor, y le abre las tapas a las cajas a fin de que logren una temperatura normal, a esa hora generalmente las gallinas también abandonan los nidos, porque buscan cómo darse un baño de tierra.
La luz permanece encendida toda la noche, y la apaga hasta las 8:00 a.m., hora en que también la gallina decide ir a buscar comida, por lo cual es un momento en que los huevos quedan sin el calor plumífero.
Una vez que los pollos nacen, son trasladados al suelo donde se prepara una pequeña cerca movible, donde les coloca una bujía de 25 voltios, ya que si les coloca una más fuerte, corren el riesgo de ahogarlos. Este procedimiento lo hace bajo sombra, dentro de la casa. Cuando los pollos han empezado a adaptarse a su nuevo ambiente, la cantidad de calor sube a una temperatura de 75 voltios. Hasta que están listos para empezar su recorrido en el patio e integrarse al nuevo grupo.
Al consultarle a doña Salomé si los pollos recién nacidos buscaban a la gallina que los puso comentó: “Ellos son como niños huérfanos, no pían, sólo me buscan a mí para que les dé de comer”.
Cuando las gallinas alcanzan la edad adulta, y aptas para la reproducción, doña Salomé las separa “porque ellas deben estar con su marido hasta que las machuca y vuelva a poner”, el elegido, es un enorme gallo que también fue nacido bajo este procedimiento y que ahora está siendo utilizado para aumentar la población aviar.
OBSERVACIONES NECESARIAS
María Salomé Maltez relató que actualmente tiene 36 huevos en dos cajas, una parte de éstos fueron puestos por gallinas de su patio, los otros fueron comprados en una granja.
Sin embargo asegura que tendrá un 100 por ciento de producción en los primeros y no en los segundos, ya que un huevo fresco dura ocho días, después de eso ya no sirve para empollar.
Cuando el huevo no revienta, tampoco es comestible para los humanos, ya que conserva partes de un pollo mal formado, lo cual es considerado como pérdida durante el proceso de crianza.
Los huevos puestos en la incubadora no necesariamente tienen que ser de la misma gallina, ni puestos el mismo día, por eso es que a la hora de reventar, unos pollos nacen antes y otros después, aunque es necesario llevar un control aproximado de la postura.
Entre más grande sea la caja que servirá de incubadora, el voltaje de la bujía debe subir aunque tampoco es recomendable el exceso de calor.
Una vez que las aves están en proceso de crecimiento, son alimentadas con purina de crecimiento, trigo y maíz molido.
Mientras el gasto en alimentación y en energía consumida es extraído de la venta de los pollos en el mercado, así como para abonar al préstamo recibido.
Considero que el huevo de granja puesto en la incubadora, es de mayor riesgo,ya que son más frágiles y el nivel de pérdidas es más alto. Muchas veces los pollos no logran romper el cascarón y se ahogan en el interior de la concha.
LA RENTABILIDAD
El año pasado María Salomé Maltez instaló ocho incubadoras, de esas logró producir alrededor de cien aves. De éstas, la mayoría le nacieron machos, por lo cual debió vender una buena parte hasta en 50 córdobas cada uno. Las gallinas aunque también salen a la venta, son reservadas para aumentar la postura y si tiene demasiados huevos, también los oferta.

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