Un cítrico que endulza
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La mandarina goza de gran popularidad dentro de los cultivos nacionales, pero su cultivo se mantiene reducido a pequeñas fincas y a patios caseros |
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Gabriel Sánchez Campbell gabriel.sanchez@laprensa.com.ni
La mandarina es un fruto tan viejo como la edad de Matusalén. Sus características de reproducción en climas tropicales y subtropicales han hecho que su sabor perdure hasta nuestros días.
En Nicaragua este fruto es cultivado principalmente en la llamada Meseta de los Pueblos, en donde perfilan como los grandes productores San Marcos, Masatepe y Catarina. Por el lado de la zona central, los municipios en donde principalmente se cultiva este fruto es en Camoapa. También se siembra en la zona de Matagalpa y Jinotega, Chontales, Estelí, Madriz y Nueva Segovia.
Las mandarinas son frutos cítricos que contienen más azúcar y menos ácido que las naranjas; son una buena fuente de vitamina B y C, así como de bioflavonoides, fósforo y zinc.
Al igual que la naranja, puede ayudar a combatir los resfriados. Es igualmente aconsejable para las personas que padecen debilidad cardiaca o que desean fortalecer sus vasos sanguíneos.
Su nombre científico es Citrus reticulata y pertenecen a la familia de las Rutáceas. Son originarias de los climas tropicales altos y subtropicales de Asia, de donde su existencia se registra desde 2400 años antes de Cristo.
Se estima que la mandarina como fruta llegó al Continente Americano en el siglo XVI, con la venida de los españoles en el año de 1492, momento en el cual se inició a cultivar, pero al poco tiempo se extendió en el resto del Caribe, ya que del árbol se pueden extraer aceites esenciales y se puede comer del fruto.
Según Moisés Blanco, Jefe del Área de Producción de Cultivos de la Universidad Nacional Agraria (UNA), morfológicamente hablando, el árbol de mandarina es pequeño y de hojas perennes y aromáticas, cuyas variedades más comunes en el país son la criolla, la clementina y la cleopatra.
Explica que la variedad criolla es un árbol grande y muy vigoroso que da un fruto anaranjado de forma esférica y achatada, cuyo peso ronda los 85 gramos por unidad. Tiene entre 70 y 100 gramos de azúcar, con un grado de acidez de unos 15 gramos por litro de jugo.
La clementina es un árbol un poco más pequeño que el de la variedad criolla, el cual tiene una floración abundante pero con pocos frutos. El color de cada fruta es naranja intenso, tendiente a rojo piel fina, suavemente granulada, pulpa anaranjada intensa, muy jugosa y de calidad con cuatro semillas por fruto.
La variedad cleopatra da frutos de muy buena calidad, pero su comercialización es más difícil que las anteriores, porque su tamaño es sustancialmente más pequeño que la variedad criolla, pero sirve como patrón de otros cítricos por ser resistente a algunas enfermedades.
El catedrático, de la UNA, sostiene que normalmente un árbol de mandarina puede cosechar unas dos mil frutas en una sola cosecha y en Nicaragua son los mismos productores los que recogen los frutos a través de la técnica de aporreo o bien sacudiendo los árboles.
Blanco sostiene que la comercialización de este producto se hace principalmente en los mercados, porque no hay plantas procesadoras del jugo de mandarina.
Las principales enfermedades que atacan el producto son la virosis, los hongos, el mismo suelo y el clima, sin embargo en el país éstas no causan muchos problemas.
LA PODA
La poda en los árboles de mandarina se efectúa a partir del tercer año de vida del árbol, siendo ésta ligera.
En cuanto a la poda de fructificación, al tratarse de una especie muy productiva, es frecuente la ruptura de ramas, por lo tanto es necesaria la instalación de estructuras de soporte y una poda anual con objeto de eliminar las ramas muertas, débiles o enfermas, vigorizar el resto de la vegetación, regular la cosecha y mejorar su calidad.
La poda de los cítricos supone un gran volumen de restos vegetales que hay que eliminar, siendo los métodos más utilizados, la extracción y quema, o el triturado e incorporación al terreno.
AUMENTAR TAMAÑO
El rayado de las ramas es una técnica que se utiliza para aumentar el tamaño del fruto. Produce un estímulo en el crecimiento de éste y la época más adecuada es al final de la caída fisiológica de los frutos.

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