|
|
|
|
Churris Interruptus
 |
|
¡Qué vaina con este Churri! Para variar, se quedó corto, no pudo llegar, y a duras penas les dijo “capos y caporales” a ese par de facinerosos que bien se han ganado (con el sudor de sus robos y desmanes) por lo menos 300 nombres y 2,500 adjetivos calificativos.
Que el Churri se haya quedado corto, bueno, es de esperar... Al final de cuentas tiene muchos abriles, tiende a ser un hombre parco y, seamos honestos, ¡le cuesta llegar! Lo raro fue que esas dos pinches palabritas (que viéndolas bien, casi eran un cumplido) hayan desatado tanta furia, tanto rechazo y censura en los dirigentes y connotados miembros del “democrático” PLC$ y del “socialista” F$LN.
¡Pero qué delicados que andan! ¡Si son un cristal que se puede quebrar a pañuelazos!... Ojalá y con ese furor defendieran los bienes del pueblo, impulsaran el desarrollo o combatieran la pobreza. Ojalá que esa censura fuera contra cualquier forma de dictadura. Ojalá y así se rasgaran las vestiduras ante la corrupción que tiene a este país sin posibilidad de futuro. Ojalá y así rechazaran toda imposición y le dieran lugar a la razón, a la moral, a la decencia, a la libertad... ¿Pero qué vamos a esperar de los que viven de la misma corrupción, de los que son parte de la corrupción y de los que -más que nada- SOSTIENEN la corrupción? ¿Qué se puede esperar de agachados sin conciencia que están esperando su turno para repetir lo que hacen sus actuales capos y caporales?
Para darle un empujoncito al Señor Presidente (¡y cómo lo necesita!), hicimos una encuesta popular: A ver señor, además de capo y caporales, ¿cómo llamaría usted a Tamalón y a Moclinete? “¿Yo? Pues funestos, dictadores, rateros, degenerados, mentirosos y desalmados”. ¿Y usted, señora? “Pues yo le añado brutales, incivilizados, gángsteres, sádicos, deshonestos, impúdicos y rufianes”. “Y yo, obscenos, escabrosos, tiranos, despiadados, déspotas, sanguinarios, indecentes, inhumanos e inmundos”. “Yo agrego insensibles, malévolos, desvergonzados, ruines, nefastos, cínicos, ladrones, opresores y cuatreros”. “De mi parte y mi comunidad, yo digo que son sinvergüenzas, falsos, vengativos, totalitarios, maleantes, retorcidos, estafadores, despreciables, siniestros, traicioneros, infames y tramposos”. “¡Ideay! ¿Y a dónde me dejás lo de arbitrarios, malignos, viles, chantajistas, deshonestos, ruines, hampones, mentirosos, farsantes, guatuseros, represivos y déspotas?”. “Esperate, que falta. Son criminales, perversos, inicuos, atroces, crueles, inmorales, indignos y bajos”...
Y no seguimos porque ya no tenemos más espacio para describir lo que les llovió a los dos personajes más nefastos de Nicaragua. ¡Y pensar que todo comenzó con breve e interruptus “capo y caporales”! |
|

 |
|
|