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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 21 DE FEBRERO DE 2004
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Entre Haydn y Haendel

Joaquín Absalón Pastora

Al revisarse el texto de mi artículo Gabriel García Márquez en Mozart, publicado el sábado 14 en La Prensa Literaria, se hizo una enmienda que desfiguró la secuencia lógica de una apreciación basada en el criterio del Nobel sobre la trilogía que siguió a la manifestación musical del barroco, caracterizada por la enunciación de los estilos, ocaso de las texturas contrapuntísticas.

Me refiero a Joseph Haydn, Amadeus Mozart y Ludwig Van Beethoven. Ellos estuvieron ligados entre sí en aquel florecimiento de la razón y de la renovación del modelo melódico cantable.

En la seguidilla dentro de la cual está implícito el advenimiento del clasicismo y del romanticismo, Haydn influyó sobre Mozart y éste sobre Beethoven, continuador del espíritu de la reforma.

Señalaba, contradiciendo al laureado novelista, siguiendo la sucesión cronológica de la era de los descubrimientos, que Mozart no puede ser sólo bueno cuando suena como Beethoven precisamente porque lo primero que sonó como Mozart fue Beethoven.

Una breve incursión en el tiempo basta para demostrarlo. El genial sordo está después (1770-1827). Amadeus está antes (1756-1791). Al oírse las dos primeras sinfonías se descubre bien marcada la influencia mozartiana a través de la Júpiter. La misma es notoria en los dos primeros conciertos para piano y orquesta (1784-1795). Donde se libera y se tira al ruedo de la metamorfosis es en La Heroica. Lo que aflora es el influjo recibido por el que está después. Si sólo de ellos se ocupa, primero está Haydn (1732-1809), luego Mozart y finalmente Beethoven. Entonces según la apreciación Mozart es malo por culpa de Haydn. Pero nunca Mozart podría ser bueno por valerse de Beethoven. Más acierto hay al afirmar: Mozart sólo es Mozart y nadie más.

En la corrección hecha con la inocente y no malintencionada idea de evitar un “gazapo”, aparece un apellido -glorioso e inolvidable- Haendel. Nada de lo que éste hizo puede atribuírsele a Haydn.

Haydn, versallesco, palaciego, Haendel, ecléctico, catedralicio.

En conclusión para quienes leyeron el artículo: debe ponerse Haydn donde está escrito Haendel, y así, todo estará correcto.

* Crítico musical  
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Entre Haydn y Haendel