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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 21 DE FEBRERO DE 2004
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Darío influencia de Lorca

Foto  
.La presencia de la poesía de Rubén Darío en Federico García Lorca y otros poetas españoles

Ruben Darío, Óleo de Arnoldo Guillén

 

Jaime Serrano Mena*

Con Rubén Darío se inicia un movimiento que ha levantado vuelo, “Ya se oyen los claros clarines… los claros clarines de pronto levantan sus sones./ Su canto sonoro./ Su cálido coro./ … Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria:/”1. ¡Clarines! ¡Laureles!, tocando en América y Europa.

Darío es manantial donde tomamos el agua que colma nuestras ansiedades, en una explosión de rica sensación de encantos, de amor, pureza, cantos de felicidad, castillos, hadas y Pegasos. ¡Oh Divina, la Grecia Eterna de Homero, del Olimpo, de Palas Athenea, de Apolo, y los cantos a Mercurio, y Eros flechando a Eulalia en los frescos viñedos de Corinto!, en donde “se cantan los lunares de las mujeres y se fabrican jarabes poéticos”2. Y el poeta como partícipe de los campos de ambrosia y néctar de los dioses, con la densidad de las “flotantes brumas” en su encuentro con el inmenso Azul decía:



“¡Yo soy feliz…!
¡Oh, inmenso azul! Yo adoro
¡tus cejales risueños,…


Federico García Lorca, escribe sus primeras poesías dejando sentir toda la afectación del nicaragüense, influencia sensible, penetrante, agotadora, pero también de contraposición que el poeta granadino rompe con toda la mitología que colma la prosa y verso de Darío. Oposición llena de ternura y de vivencia, enriquecida con el panorama de la naturaleza española, particularmente la andaluza. También es importante la tendencia musical que apareció inicialmente en sus escritos, conformando “una visión muy plástica, casi pictórica”3.

La influencia de lecturas hindúes, místicas, líricas, sensuales y sentimentales, recrean los escritos de García Lorca, en los primeros pasos del poeta granadino. Las reuniones de futuros poetas y artistas se amenizaban con poemas de los maestros, sobresaliendo las intervenciones de Miguel Pizarro que “recitaba con voz preciosamente timbrada y gesto teatral los poemas más sonoros de Rubén Darío, y, cómo no, la Marcha Triunfal,4, recordaba su hermano Francisco. Debe considerarse que el gran Nicaragüense influenció a García Lorca, al menos en el Libro de Poemas, escrito entre 1918 y 1921. También se atribuye alguna ascendencia a Machado y Unamuno, sobre todo en las Canciones,5. Aunque sus críticos, soslayan de forma sistemática repercusiones, “sin enlaces evidentes, o en grado mínimo, con escuelas y poetas determinados (incluido Rubén Darío)”6. Con esta aseveración intentan presentar a García Lorca como un poeta singular, que no tuvo influencias, sino un creador de estricta afirmación personal, cuando al menos lo que se siente es una sugestiva y velada resonancia emergente del modernismo rubeniano.

La poesía dariana había colmado todos los ángulos, e irradiaba en el prisma mágico de la lengua una paternidad que no se escapaban los adolescentes. Así era manifestado por un grupo de poetas, la Generación del 27, en que participaba Federico García Lorca.

Darío había iniciado una nueva época, una renovación literaria que abrió plenamente las ventanas de las formas poéticas. García Lorca, recibe la influencia directa de los poetas españoles antes mencionados, y otros no menos importantes: Ricardo Baroja, Jacinto Benavente, Valle-Inclán, Campoamor, Menéndez y Pelayo, los nobilísimos (posteriormente representantes del Modernismo), Ramón Pérez de Ayala, Francisco Villaespesa, Emilio Carrere, los dramaturgos como Joaquín Dicenta y Angel Guimerá. Con la primera edición de Azul (1888), la crítica no sólo es benevolente y entusiasta, también es incomprensiva y displicente, pero el brillo de Azul se impone, ante el asombro de los más recalcitrantes críticos. El firmamento se encarmina, porque Azul levanta revuelo, son los ojos del cielo, son las alturas donde se desprenden los rayos del Sol para dar vida. Es rayo de amor que encierra corazones. Es arte. Las alas de las mariposas, las irradiaciones inmortales. El numen, el encanto de los sueños. La profundidad del océano, las fantasías, los ensueños, “y el corazón ávido de amor, siempre abierto a la esperanza.”7

Azul, marca y remarca todo el Modernismo y es absorbido con relevancia e insistencia. Como si fuera un gran molino de enormes aspas, Rubén provoca grandes transformaciones en la lengua española. Con esos vientos de presencia dariana, la admiración del poeta granadino al maestro, permite que tome muchas figuras, ideas o utilice la palabra mágica Azul, para realizar cuestionamientos poéticos a su predecesor. Cuestionamientos que reflejan sus propias inquietudes y al identificarse con la obra de Darío, está reafirmando su solitaria presencia.

García Lorca, en el poema Sueño escrito en 1919, expresa en suave analogía, pero sin oscurantismos una dualidad de aproximación y rechazo a la poesía dariana. Aproximación que permite no sólo sentir, sino diseñar el esquema de Rubén en su obra. Más que rechazo, es liberación que está experimentado el poeta granadino, donde utiliza y desmitifica una figura dariana, paradójicamente critica al célebre Pegaso, el caballo alado, para utilizar un dócil y seguro mulo. El híbrido de pausada mansedumbre que logra sintetizar la agradable figura del buen compañero de aventuras y travesuras. García Lorca utiliza el singular paisaje granadino la tranquilidad de la campiña colmada de abetos, cipreses y olivos, elementos de identificación simple y llano, terrenal y humano, para contraponerse al maestro. Darío había volado, subiendo donde aquel mitológico alado lo llevó, en el inmenso azul había dominado valles y montañas y visto infinidad de mundos. Rubén se entretejía con su vida azarosa que le envolvía, como una gran nube de incontables imprevistos, con la única certeza de estar creando una transformación monumental en el idioma con energía triunfante.

De García Lorca mencionaremos el poema Balada triste, 8, escrito en 1918 y perteneciente a su primer libro de versos, Libro de Poemas, publicado en Madrid, 1921. El poeta nos permite una visión de constantes ansias de crecer en el capullo y abandonar la delicada crisálida, volar sinfín a cielo abierto, y como mariposa, a rumbo desconocido, enfrentarse siempre con o contra el viento. García Lorca solitario y libre de la enmarañada sociedad que le envolvió su tiempo, provocó más que transformaciones, un nuevo mundo de aventuras. El poeta granadino, conoció y se embebió en la poética de Darío hasta saturarse.

La idea del azul es la incidencia anímica y de esperanza, es inspiración permanentemente en el enjambre de las rimas o en su prosa, como pedrerías multicolores, como mariposas cubrieron el infinito firmamento en el color de las hadas. Todo eso, deja a Darío, “… lleno de fosforescencias súbitas, de novedades y sorpresas; con la cabeza poblada de alas, fantasías, quimeras y ensueños, y el corazón ávido de amor, siempre abierto a la esperanza”,9. Azul, palabra casi mágica, como si fuera extraída de un cuento oriental, como fórmula obsesionante, es de marcada presencia en los primeros años de la producción poética de García Lorca, veamos algunos versos:



Canción Otoñal. (1918):
¡“¿Si el azul es un ensueño,
¡qué será de la inocencia?”10
¡Balada Triste. (1918):
¡“Ella era entonces para mí el enigma,
¡estrella azul sobre mi pecho intacto.
¡Cabalgué lentamente hacia los cielos”11.

Prólogo. (1920):
¡“guárdate tu cielo azul
¡que es tan aburrido.


El Libro de Poemas, nos ha dejado una pléyade de claros ejemplos influenciados de la idea dariana. Influencia del todo aceptada y altamente beneficiosa, necesaria y renovadora, para la poesía que irá enriqueciéndose en el decorrer de toda su variada y profusa obra.

La representatividad de la poesía de García Lorca es inconfundible por inspirar un carácter universal y eterno, sobre todo por la fuerza humana que encierra su obra. Lo circunstancial y anecdótico, el provincialismo, o el simplismo de la fantasía-realidad plasmado en muchos escritos, irradian una vibración de resonancia colectiva ante la reflexiva búsqueda de los valores particulares representativos de la múltiple y variada España. Pero también “de sus monumentos y paisajes, de sus gentes que lo pueblan, de sus modos de vida, sus hablas y sus comidas, sus danzas y sus cantos”12.

Todo combina con armonía, con el cautivante escenario preciosista de la hermosa Granada: la ciudad del agua, los estanques, la música, los bailes y los jardines, la ciudad del misterio y del primor. De Granada, Lorca se expresa: “Granada no puede salir de su casa. Granada, solitaria y pura, se achica, ciñe su alma extraordinaria y no tiene más salida que su alto puerto natural de estrellas”13. Y de aquel panorama el poeta escribe Invocación al Laurel (1919).

La transparencia de las emociones dentro de una exigente disciplina de elaboración y selección, muestran en la poesía de García Lorca una afinada resonancia rubeniana, así como también de Bécquer, Unamuno, Machado y Juan Ramón Jiménez. Incidencias que traslucen constantemente, o por elementos métricos de la lírica clásica española, o por las tradiciones, o por exigencias personales que modifican la tradición popular que se vitaliza y eleva. Particularmente la influencia de Bécquer como romántica-simbólica, misteriosa, por su musicalidad o reelaboración de formas métricas y rítmicas tradicionales, se reafirma a través principalmente de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

Un señalamiento que no podemos omitir, por su mayor significación es la conferencia “al alimón” de García Lorca con Neruda sobre Darío. “Este diálogo termina con una declaración de ambos poetas que Lorca resume así: Pablo Neruda, chileno, y yo, español, coincidimos en el idioma y en el gran poeta nicaragüense, argentino, chileno y español, Rubén Darío”14.

Resumen de la ponencia

*Arquitecto nicaragüense  
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Darío influencia de Lorca


Don Octavio y los suyos