LUNES 16 DE FEBRERO DEL 2004 / EDICION No. 23364 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Nada personal
La libertad en la mira

Foto  

 

Douglas Carcache
douglas.carcache@laprensa.com.ni

Un colega me decía que el asesinato de Carlos Guadamuz parece un mensaje a los periodistas nicaragüenses, sobre las precauciones que deben tener durante la campaña electoral municipal que está comenzando: “¡Cuidado con lo que dicen! ¡Miren lo que le pasó a Guadamuz!”

De esa conjetura se puede deducir que quienes mandaron a matar al periodista tienen mucho que ocultar y temen perder en las elecciones de alcaldes este año; por lo que habrían cometido el asesinato para callarle la boca a Guadamuz y amenazar a quienes osen investigar a candidatos y partidos durante la campaña.

Tiene lógica esta suposición si tomamos en cuenta que a Guadamuz lo mataron en la puerta de la empresa periodística en que trabajaba, relacionando de forma tácita el crimen con su labor.

Sin embargo, el impacto del asesinato, antes que atemorizar, provocó reacciones inmediatas de periodistas por diferentes medios de comunicación, en contra de la amenaza terrorista. Pidieron al gremio que superara el miedo y continuara con sus investigaciones y las mejorara, porque es así como contribuye al progreso de la nación.

Es encomiable esa voluntad de los periodistas nicaragüenses que le hacen frente a cualquier chantaje de grupos políticos extremistas, que quieren acabar de facto con la libertad de prensa en el país; aunque hace falta que las instituciones del Estado también le cierren el paso a la nueva violencia que nos acecha.

En Nicaragua existe libertad irrestricta de prensa y expresión desde 1990, pero ésta ha sido objeto de trampas y amenazas urdidas por grupos poderosos que han tratado de ocultar información o impedir la divulgación de versiones contrarias a sus intereses.

El problema es que con los años la intolerancia de algunos sectores políticos, a la crítica pública, ha derivado en acciones criminales como el asalto a las oficinas de LA PRENSA en octubre del 2002, cuando un pistolero entró disparando y secuestró a periodistas y otros empleados de la Redacción.

La Policía apresó a ese hombre dentro de las instalaciones del periódico, pero en los juzgados de Managua lo declararon inocente cinco meses después, a pesar de las evidencias de su crimen. Ése fue un golpe fuerte al precepto constitucional de la libertad de prensa y de expresión, porque la justicia se inclinó a favor del delincuente y desprotegió a sus víctimas que ejercían con derecho su profesión.

El crimen de ahora es peor. Asesinaron al periodista Carlos Guadamuz Portillo y parece que fue un plan muy elaborado, que la Policía tendrá que desenmarañar bien para que los nicaragüenses conozcamos quién o quiénes mandaron a matarlo y que, por supuesto, los castigue la justicia.

Si sólo terminan enjuiciados el autor de los disparos y sus cómplices más cercanos, quedaría la sensación de que la amenaza persiste porque los criminales más peligrosos, los que lo planearon y pagaron, seguirán impunes; y en consecuencia la libertad de prensa también quedará en la mira.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Entre la comodidad y la apatía política

EE.UU. y la lucha contra la corrupción

En memoria de Enrique Bermúdez

La libertad en la mira

Sobre equipos de beisbol que juegan para perder