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Los secretos del narrador Sergio Ramírez Mercado

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.El novelista nicaragüense Sergio Ramírez reveló algunos tips para lograr un buen cuento, género antiquísimo, que a través de los siglos ha tenido y mantenido el favor público. Su influencia en el desarrollo de la sensibilidad general puede ser muy grande, y por tal razón el cuentista debe sentirse responsable de lo que escribe, como si fuera un maestro de emociones o de ideas

 

Marta Leonor González
marta.gonzalez@laprensa.com.ni

En una amena conferencia denominada Taller de cocina: el arte de la creación literaria, el novelista nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) dio algunas claves de cómo escribir el cuento o la novela perfecta.

La Casa de los Tres Mundos de la ciudad de Granada sirvió de anfitriona, donde periodistas y escritores asistieron a la charla del maestro. Ramírez, Premio Internacional de Novela Alfaguara 1998, inició sus argumentos mencionando la primera regla: “Usar el artificio para despojarse del artificio, uno tiene que escribir con técnica, pero no por la técnica, ella es nada más un instrumento y uno tiene a través de ella que explorarse a sí mismo”.

No obstante, antes de enunciar la primera regla aclaró no tener pretensiones de decirle a los asistentes cómo escribir, sino dar algunas claves de cómo “dominar la técnica de la escritura”.

Ramírez, gran lector y orador, fue nombrando algunas claves para la creación de un buen cuento:

—Relatar al otro lo extraordinario, lo interesante. Estar seguro que nadie va a narrar esa historia mejor que uno. Sacar el lado humano en la historia. Por ello deberá el cuentista sopesar detenidamente cada una de sus miradas y valores en su propio poder descriptivo. Así podrá aplicar su inteligencia, y su lenguaje literario (su talento), al propio sentido de la proporción, de la medida de las cosas: cómo son y cómo las ve el escritor; diferente de cómo las contemplan los otros.

—Observar, estar pendiente a los sucesos del entorno. Estar en función del mundo exterior, no hay escritor que no se alimente de él.

—Se precisa de un lenguaje claro y concreto; de un lenguaje para la descripción viva y en detalle que arroje la luz más necesaria al cuento que ofrecemos al lector. Esos detalles requieren, para concretarse y alcanzar un significado, un lenguaje preciso, el más preciso que pueda hallarse.

—Las vivencias y la lectura, los sueños y lo que leemos pueden ser un rico material para la creación de historias.

—La percepción de lo subjetivo es un elemento de mucha vitalidad que hace la creación rica en argumentos. El escritor y lector pueden tener varios ángulos de acuerdo a la percepción de cada quien.

—Hacer de la escritura un acto estético; “una historia siempre vivirá cuando tenga que decir algo, pero por su escritura será un ejemplo de creación”.

—Congruencia en la historia, en cuanto a una época y sus personajes, buscar siempre la verosimilitud.

—El lector debe identificarse con las historias de los personajes.

Mientras Ramírez mencionaba algunos tips acerca de la creación de un cuento, sus asistentes preguntaron con interés acerca del “arte de narrar”, posteriormente él enfatizó acerca del dominio de la sintaxis, los sinónimos, adjetivos, la conjugación de los verbos, vértebras de todo argumento. Y manifestó con varios ejemplos la habilidad para transformar la imagen en palabras, la capacidad de dominar la lengua.

El autor de Margarita está linda la mar, también habló de las ventajas de alimentarse de la “nota roja” de los periódicos, y escribir relatos a partir de ellas.

“Hacer de los personajes marginados de los periódicos lo que yo llamo ‘los pequeños seres’, grandes protagonistas de mis historias”, dijo.

En su papel de académico Ramírez insistió en el encuentro que existe entre el lector y el creador “y es que el lector quiere que el libro lo convenza, de no ser así el contrato termina, el lector paga para que el escritor lo engañe, y le venda una historia que lo atrape”.

En esta búsqueda por la narración perfecta, Ramírez también comentó acerca de lo prohibido para el creador:

—No seguir la rutina como escritor.

—No escribir el cuento con grandes lecciones morales o retórica que enseñe reglas de comportamiento.

—El discurso político dentro de una historia común.

—La incongruencia rompe con el encanto del lector.

Ramírez inició su tarea de narrador muy joven. Fundó la revista Ventana en 1960, y encabezó con Fernando Gordillo el movimiento literario del mismo nombre. En 1963 publicó su primer libro, Cuentos, desde entonces la literatura ha sido una de sus grandes pasiones.

—¿Cómo el narrador elige el tema?
—El tema siempre está ligado al interés que tiene el escritor en un hecho. En cuanto a la elección que debe hacer entre cuento y novela por su estructura son muy diferentes, en ambos géneros, las líneas de un argumento son distintas. En un cuento la brevedad tiene que sobresalir, en la novela la tarea es más compleja uno no sabe cómo va a terminar por la cantidad de personajes, es un proceso muy rico tiene mucho de inspiración y de resoluciones sorpresivas

—¿Y los diálogos?
—Es una técnica que hay que aprenderla por aparte, ya que se trate de la novela o del cuento, eso sólo se hace con mucho entrenamiento con diálogos muy directos, diálogos de contradicción que es la esencia de lo dramático.

Siempre están los diálogos contradictorios y paralelos donde se están diciendo cosas que no interesan a nadie.

Gabriel García Márquez confiesa que no domina la técnica del diálogo y en sus novelas nunca hay diálogos, sin embargo hay buenos escritores de diálogo que no son literatos como los que escriben los guiones para telenovelas.

—¿Cómo hace usted para crear un personaje?
—Alguien tiene distintas maneras de crear un personaje, primero estarían los que hemos llamado los modelos, se utilizaba gente del entorno para crear personajes que se les observan sus hábitos, sus costumbres, defectos y virtudes.

Otra manera, la compuesta por varios personajes para crear uno solo, los personajes contradictorios unos con otros que reflejan ese lado humano de todos, y entre más elementos usemos para componer un personaje mucho más rico será.

En una de mis novelas usé el conocimiento íntimo de la personalidad de Carlos Martínez Rivas, por ejemplo muchos de los rasgos que imaginé en Carlos los imagine en Darío, no sólo su alcoholismo, sino sus propias neurosis e inseguridades.

—¿En el cuento es importante precisar dónde sucede la historia?
—El escenario es tan importante como la composición del personaje, el escenario tiene que ser muy bien meditado, muy bien estudiado para que el escenario se sienta real. Por ejemplo, si vas a escribir un cuento, una novela sobre Managua, tenés que conocer cómo era la ciudad antes del terremoto, ir a los periódicos de la época, recoger los testimonios orales para saber cómo era la ciudad.

—¿Cuál es la receta para que un narrador cree con sus cinco sentidos?
—Poniéndolos a trabajar todos en la percepción del mundo, se trabaja con ellos, por ejemplo los olores son tan importantes desde el famoso ejemplo de la taza del café de tilo de Marcel Prous que un aroma puede buscar todo un pasado o evocar un amor perdido, una nostalgia, un perfume, el tacto...

Al concluir su conferencia Ramírez, expresó satisfacción por transmitir a los jóvenes parte de sus conocimientos de narrador e hizo énfasis en el arte de saber comenzar un cuento, tan importante como saber terminarlo. Ya lo dijeron otros autores; el cuentista serio estudia y practica sin descanso la entrada del cuento.

“El cuentista joven debe estudiar con detenimiento la manera en que inician sus cuentos los grandes maestros; debe leer, uno por uno, los primeros párrafos de los mejores cuentos de Maupassant, Kippling, Sherwood Anderson, Quiroga, todos ellos en lo que a la técnica del cuento se refiere”.

APUNTES

Efectivamente. Insisto: aquél que se aventura a escribir cuentos, asume también el reto de hacer, de crear una obra de arte perdurable. En mi caso y en el de varios cuentistas latinoamericanos, buscamos que nuestros cuentos se relean. Hubo un concepto del cuento como materia desechable. Se leía el cuento y ahí se acababa todo. Y es que muchos cuentos latinoamericanos y europeos se basaban en un final sorpresivo. La receta estaba obsoleta. Nuestro trabajo es el de hacer obras que sean releídas. Se trabaja un cuento como se trabaja una novela. El cuento debe ser denso, intenso, desde la primera hasta la última línea. No importa el final ni importa la historia. Importa la historia por la forma en que esté contada.

Augusto Monterroso
Narrador guatemalteco  
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Los secretos del narrador Sergio Ramírez Mercado


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