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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 14 DE FEBRERO DE 2004
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Light and gay

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Henry A. Petrie*

Era sábado y el ambiente estaba alegre. En aquel centro comercial la vida parecía tan fácil, una especie de espuma lo cubría, y se sentía feliz, realizado. Se imaginaba que los pasillos eran elegantes pasarelas por donde él exponía su figura y vestuario, refinado como era, creía ser una de esas estrellas que desplazan a las de poca luz. Sintió hambre, pero no comía en cualquier local, en esas circunstancias siempre buscaba “comidas rápidas”, bajas en calorías, con recomendaciones agregadas propias de una persona que sabe cuidar sus hábitos alimenticios y distinguirse en la apariencia que proyectaba. Al final era una estrella, aún no descubierta.

Un hombre apuesto, varonil y solitario se encontraba en la mesa contigua, disfrutando de una hamburguesa de tres pisos y un vaso grande de gaseosa. Entre bocados, ojeaba una revista política editada con lujo. Tenía la estampa de un personaje importante.

Riza aún no se percataba del tipo que tenía al lado, con sus gestos delicados tomaba cada bocado como para no ensuciarse los labios. Pero ante una impertinente mosca que sobrevolaba el lugar y amenazaba con posársele en sus cabellos atiborrados de gel, le entró un ataque de furia contra el administrador del establecimiento. Jamás le había sucedido eso, ¡qué barbaridad! Se decía insistente, pero en uno de sus giros se encontró con la mirada del apuesto hombre que estaba a la par. Se calló, impresionado por la belleza del masculino ejemplar. Se dirigió a él como quien busca un respaldo a su protesta, y aquél lo convidó a su mesa para que se calmara.

Genaro era amable, sensible y sobre todo, condescendiente. Se identificaron desde un inicio y entablaron coqueta conversación. Pero el lugar no era el apropiado y decidieron trasladarse a una discoteca.

Se fueron en el automóvil de Genaro, porque Riza no andaba el suyo. Plástica conversación durante el trayecto; eran las seis de la tarde, todo un tiempo para disfrutar. La camionetona brindaba el confort deseado por alguien refinado. Se fijaba en su forma de hablar, sus poses y la seguridad en sí mismo; de apariencia grotesca, aunque suspicaz y detallista, como le encantaban... rumbo a la discoteca.

—¡Qué bello! ¡Qué elegancia de lugar! ¡Ay Genaro, qué detalle más lindo! Jamás imaginé que existiera un lugar como éste. Entonces, ¿quieres decir que...?

—No especules, no especules, por favor... ¿entiendes?

—Ay claro, Genaro, qué generoso...

Bailaron y bebieron hasta pasada la medianoche, todo les pareció fascinante y se identificaron tanto que no resistieron las ganas de amarse en un lugar íntimo, sólo para los dos. Salieron de donde se encontraban rumbo a un hotel afuera de la ciudad; ordenaron una botella de whisky para acompañar el momento; se bañaron juntos, acariciándose con la espuma de jabón que les incorporaba una fragancia especial, se besaron con pasión, aprisionándose entre sí. La cama estaba exquisita y se entregaron a ella cuanto desearon y resistieron. Riza estaba feliz, qué suavidad de la vida, sabrosura de ser delicado, cada detalle lo vivía como si fuera único, y en su papel de amante se comportó como si encarnara a una mariposa enamorada.

Cuando Riza despertó, aún contenido en la espuma de su noche de amor, no encontró a Genaro a su lado, buscó por toda la habitación sin éxito. Alterado, mientras se vestía, encendió el televisor y sobre éste encontró una nota escrita justificando su momentánea ausencia, a su vez le pedía que lo esperara en la habitación para disfrutar de una noche más, en la gerencia del hotel había arreglado asumir los gastos de cuanto pidiera.

En el noticiero apareció el rostro de Genaro en una importante conferencia de prensa junto a su esposa, hijos y compañeros de trabajo; Riza se asombró, ¿qué era aquello, de quién se trataba? Hasta ese momento supo con quién había pasado la noche, ¡ay, por Dios! Exclamó expectante frente al televisor.

“El señor Ministro informó a la ciudadanía que lo más importante es la familia, el apego a la fe cristiana; abogó por las buenas costumbres sexuales y se pronunció en contra de homosexuales y lesbianas, acusándolos de inmorales y de representar un peligro para la salud pública” (Noticiero del mediodía).

¡Aaaahhh! ¿Qué dice este imbécil? ¿Y yo qué soy, ah? ¡Imbécil!

Agosto 2003.
*Novelista nicaragüense  
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