Teatro
Ventrílocuos, titiriteros solitarios
Gonzalo Cuéllar*
Felizmente el teatro de títeres es diverso, junto a experimentadores de la escena salidos de escuelas, herederos de grandes maestros, que aportaron a la transformación del arte titeril, están los continuadores del teatro de títeres de feria, callejero y popular, gracias a esta variedad de estilos, el repertorio es muy amplio.
Los ventrílocuos, son titiriteros solitarios, dispuestos a enfrentar cualquier situación de representación sin preocuparse por las dificultades.
Ventrilocuis: del latín ventriloquus. Ventris = vientre, loqui = hablar.
Técnica titeril cuya esencia es la picardía, muy populares en Nicaragua. Antiguamente se creyó que su voz venía del vientre, dícese de la persona que tiene el arte de modificarla, de manera que parezca venir de lejos. Los ventrílocuos son titiriteros transeúntes que viajan a pueblos, plazas y parques; este arte se caracteriza porque el titiritero dialoga con su muñeco sin esconderse. La voz del títere es emitida por el manipulador sin que se perciba el movimiento en sus labios. Es un títere de cuerpo entero que mide de 30 a 50 cm, en la espalda tiene una abertura por donde el actor introduce la mano y articula la boca, lo sienta en sus rodillas o una mesa, luego desarrolla diálogos y juegos escénicos con el público.
En Nicaragua entre 1930 y 1970, se da un auge de este género a nivel popular, citaremos a dos exponentes de este arte: TONI ALMIR con sus representaciones recorrió toda Nicaragua, conocido por su títere Mamá Raqueta, calavera de manto negro que asustaba y deleitaba al público.
Eliseo Dorias Moreno (Roquito). Nació en Estelí, a sus 13 años se ganaba la vida cantando, su afición por los títeres nace el día que vio por primera vez al ventrílocuo mexicano Pacomitas, quien le enseñó los secretos de este arte; más adelante descubre su capacidad para imitar voces, inicia su labor en 1935, su nombre artístico “Roquito” se lo debe al muñeco más popular de su repertorio, con el entusiasmo que lo caracterizaba recorría de casa en casa haciendo representaciones que deleitaban a chicos y grandes, cada familia pagaba dos pesos, en el día visitaba sesenta familias, también realizaba funciones en los colegios, era muy popular entre los escolares su muñeco Manolín, doctor en psicología porque conocía muy bien a los niños, cuando éstos lloraban él sabía contentarlos. Roquito era multifacético hacía ilusionismo y prestidigitación, fue locutor y cantante de Radio Mundial con Tío Popo.
En 1979 trabajó en el recién creado departamento de títeres del Ministerio de Cultura, junto a Julio Saldaña, Vicky Montero y Paco Sánchez.
Con el apoyo de este departamento realiza una labor de difusión de la ventriloquia por todo el país.
En 1980 se crean talleres permanentes con el objetivo de motivar a maestros de preescolar, en teatro infantil y títeres. Por su formación empírica, su espíritu trashumante, Roquito abandona el proyecto para recorrer nuevamente los pueblos.
En 1986 lo conocí de manera accidental: un anciano casi ciego me pidió ayuda, no encontraba la casa de su hermana, andaba perdido, inmediatamente lo ubiqué y a modo de agradecerme sacó dos títeres y me cantó una canción, para mi sorpresa era el propio Roquito, años más tarde supe que murió en el abandono, pobre y ciego recorriendo a pie los pueblos de Estelí aferrado a dos viejos títeres.
Director del grupo guachipilín. 
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