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El absurdo en Nicaragua

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.Dos autores figuran entre los maestros del teatro nicaragüense del absurdo: Rolando Steiner y Alberto Ycaza

Esperando a Godott de Samuel Bequett, llevada a escena por Teatro Estudio de Nicaragua.

 

Gonzalo Cuéllar*

Tendencia del teatro que germinó en Francia en los años cincuenta, difundiéndose por Europa y América ¿Qué repercusión tuvo en Nicaragua?

Región de volcanes y luchas intestinas mezcladas de crueldad dinástica donde el tiempo transcurrió entre el conformismo y la rebeldía, no fue la excepción, la influencia de las vanguardias europeas se manifestó a partir de los años treinta e intentó vitalizar el teatro incipiente explorando en un primer momento el fenómeno vanguardista combinando los fenómenos teatrales y la tradición dramática europea.

La maestra Mayra Bonilla al referirse a este momento afirmó: “En el teatro nicaragüense se experimentan estos cambios de renovación en el texto dramático como en la puesta en escena. Los poetas de vanguardia impulsan y promueven el texto en busca de nuevas formas y expresiones”, en este período escriben Pablo Antonio Cuadra Por los caminos van los campesinos (1936), Joaquín Pasos y José Coronel Urtecho Chinfonia burguesa, La Petenera, y Alberto Ordóñez La novia de tola, posteriormente en los cuarenta el existencialismo y el absurdo inspiran a una nueva generación de dramaturgos.

Rolando Steiner y Alberto Ycaza representativos de una concepción del absurdo que se gesta en esta geografía fusionándose con una realidad absolutamente diversa, esto hace difícil su análisis por la escasa investigación del teatro nicaragüense, y su historia basada en datos dispersos fragmentados, perdidos en las crónicas, los periódicos y algunos libros.

En este contexto Steiner dijo: “Todos nosotros tenemos respecto al teatro diferentes y definidos conceptos, puntos de vista que pueden coincidir o no; pero que son siempre válidos porque nacen de nuestra experiencia, de nuestra práctica en este querido arte. Y siempre están en juego nuestras luchas y ambiciones, nuestros logros y frustraciones por concretar y convertir en realidad nuestros sueños; investigar no sólo es indagar en lo desconocido, también es encontrar un nuevo sentido a lo conocido. Basado en este principio y con el único afán de reflexionar reafirmo que el teatro no es un género literario, esto puede resultar polémico y hasta escandaloso, es punto de partida en los últimos estudios sobre semiótica teatral. Se dice que el teatro no es ni más ni menos que el momento efímero en el cual se produce una relación entre actores y espectadores, en otros términos el teatro es el espectáculo que organiza diferentes lenguajes: sonoros, visuales y verbales, dados en un momento irrepetible e interactivo, no hay dos funciones iguales.

A partir de esto quiero ubicar a los autores, directores y grupos que influenciados por el absurdismo se empeñaron en llevar a la escena obras propias y de sus principales precursores.

Rolando Steiner (1936-87). Hijo de María Teresa Sánchez y Pablo Steiner. A sus 22 años irrumpió en el territorio del teatro donde permaneció con pasión toda su vida; el poeta Álvaro Urtecho define a Steiner: “Sabedor del oficio, conocedor del teatro griego y del moderno teatro europeo, es el oculto creador de máscaras, la ceremonia de la representación asumida con autenticidad y fatalidad”. “Crítico implacable de las relaciones falseadas impuestas por una sociedad hipócrita que esconde sutilmente sus mecanismos de la moral y la religión oficial, uno de los blancos preferidos de Steiner es el amor falso, el matrimonio burgués con todo su intrincado tinglado de relaciones compra venta”.

El triángulo amoroso y el adulterio son temas recurrentes en su obra. La mujer como protagonista fue otra obsesión, su enigma su otra mitad, portadora de infamia, intriga, vileza, pero también administradora de honor y pureza, mucho se puede decir de su obra. Acusado de “europeísta’’ por estar preocupado por su “yo’’ individual, por la tragedia personal, se contaminó del absurdismo, fue un existencialista. A partir de esta faceta la maestra Mayra Bonilla dedicó su tesis a este magnífico dramaturgo con el objetivo de “valorar los elementos existenciales de tiempo, espacio y conflictos de los personajes de seis obras de teatro de Rolando Steiner”, trabajo magistral editado por la UNAN-Managua en el 2000.

Ella sostiene que Steiner fue influenciado por Bequett y Ionesco en este trabajo hace una relación precisa de personajes y situaciones que se aferran a la esperanza, la nada, la angustia, la espera, demuestra la relación de éste con el absurdo, comprendía que no se podía ser moderno ignorando el desarrollo del pensamiento y la estética que revoluciona su época.

SUS OBRAS: Antígona en el infierno (1958), Judit (1959), Un drama corriente (1960), La pasión de Helena (1962), La puerta (1964), La mujer deshabitada (1975), La Agonía del poeta (1977), Estado de culpa (1977), La noche de Wiwití (1982), La historia de Bruce (1983), La paz en la sombra (1984). En la obra de Steiner es indudable la influencia del psicoanálisis, el surrealismo, el existencialismo y el absurdismo, Alberto Icaza, pintor, actor, dramaturgo y director teatral figura clave del teatro nicaragüense, escribió: Nosotros (1964), Escalera para embrujar el tiempo, y Ancestral 66 (1965), Asesinato Frustrado (1968), obtiene reconocimiento de mejor grupo de festival centroamericano de teatro universitario (Costa Rica). César Paz y Pedro Quiroz: Espera Clown espera, Isidro Rodríguez: Toda Mujer feliz se suicida por la tarde, dramaturgos jóvenes del absurdo tardío.

Entre los directores que se inclinaron por el absurdo están: Bolívar Gonzáles. Waspam (1960), actor y director egresado de la escuela de artes teatrales y cinematografía de Sofia, Bulgaria. Como estudiante participó en la puesta de Las criadas, de Jean Genett (1990), esta experiencia le permitió descubrir que su concepción del mundo en escencia es el existencialismo y que la soledad nos lleva al absurdo.

A su retorno (1991) dirige: La puerta y Judit (1992) de Rolando Steiner con el TEM, Las sillas de Eugene Ionesco. (1994) con el grupo Botella azul, Una mujer feliz se suicida por la tarde, de Isidro Rodríguez 1995, Las criadas (1997) de Jean Gente y La pasión de Helena, Sexto Festival del Monólogo (2000).

César Paz Olivas: Managua (1964). Estudió en la Escuela Nacional Teatro (I.S.A) La Habana, Cuba, donde fue influenciado por el absurdo, como estudiante trabajó en un montaje de ejercicio Jesús de Virgilio Piñera experiencia que le ayudó a descubrir su tendencia al existencialismo. Bequett es el autor que más le ha impactado, a su retorno (1990) con el entusiasmo por el oficio de teatrero fundó el Teatro Estudio.

En su repertorio como director inicia su búsqueda en el absurdismo montando: El rin, de Virgilio Piñera (1992), Espera Clow espera (1995) de César Paz y Pedro Quiroz, I Festival del Monólogo, Monte Calvo, de Jairo Aníbal Niño (2000) y Esperando a Godott, de Samuel Bequett (2003).

Entre 1970 y 2000 un sinnúmero de agrupaciones teatrales han llevado a escena obras de autores absurdistas extranjeros y nicaragüenses entre otros voy a citar: Comedia Nacional, Teatro Experimental de Managua, Justo Rufino Garay, Teatro Estudio de Nicaragua, Botella Azul, Teatro Experimental de la UNAN, Quetzalcoatl y el grupo Nieborowsky .

*Actor y director del Grupo de Teatro de Tires Guachipilín.  
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El absurdo en Nicaragua


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