MIéRCOLES 28 DE ENERO DEL 2004 / EDICION No. 23345 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Gioconda se equivocó otra vez

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Humberto Belli Pereira
president@avemaria.edu.ni

La última vez que polemicé con mi hermana Gioconda fue en 1981, a raíz del famoso slogan: “Sandino ayer, Sandino hoy, Sandino siempre”, el cual ella y otros plagiaron del Evangelio. Hoy Gioconda ya no cree en esas utopías con las que trataron de rehacer a Nicaragua, pero sigue albergando otras creencias que, desde la perspectiva de la izquierda sexual, buscan educar a nuestra juventud en temas de sexualidad y familia.

En un artículo criticando los contenidos del nuevo manual de educación para la sexualidad del Ministerio de Educación, Gioconda objeta que se presente a los padres, y no al Estado, como los educadores naturales de los hijos. Deplora que se proponga a la familia monogámica estable como ideal y que se aluda a los males psicológicos que causa en los niños la separación de los padres. Lamenta que se proponga la abstinencia como una forma de conducta eficaz. Protesta que se llame a las jóvenes a tener modestia o pudor en el vestir. Dice que conceptuar a los seres humanos como superiores a los animales es valor del pasado, y rechaza que al neonato (feto) se le atribuya una inherente capacidad de amar y socializar.

Gioconda atribuye los contenidos del manual al Opus Dei, organización, según ella, “que ha ganado muchos adeptos entre la élite adinerada de la sociedad nicaragüense”, lo cual “de por sí solo, hace inconstitucional” el manual, ya que el presidente Bolaños está obligado a publicar uno que refleje “nuestros valores, nuestras costumbres”.

Lo que Gioconda parece ignorar es que las tesis del manual que ella rechaza han sido vigorosamente defendidas por la Iglesia Católica desde mucho antes de que el Opus Dei existiera y que están plenamente recogidas y vigentes en la contemporánea Encíclica Familiaris Consortio. Y que son compartidas además por una amplia gama de denominaciones cristianas y por importantes sectores de la comunidad científica internacional.

Asignar al Opus Dei las ideas antes referidas es una forma políticamente astuta de sortear la realidad de que la mayoría del pueblo nicaragüense profesa la fe católica. Es también ignorar que el Opus Dei no tiene doctrina teológica o moral propia sino que se esmera en transmitir con fidelidad las enseñanzas del magisterio romano. Por eso el Papa lo ama tanto. El sugerir que sus miembros locales son “adinerados” es un estereotipo ideológico. Entre los profesionales que frecuentan el Opus Dei en Nicaragua no conozco a uno con un ingreso cercano al que Gioconda y familia disfrutan en Beverly Hills.

¿Qué tipo de educación para la sexualidad proponen Gioconda y los adversarios del manual? Pues una donde los burócratas estatales tengan más peso que los padres y distribuyan a granel condones en las escuelas; una que no exalte el matrimonio ni diga a los jóvenes que los niños criados en hogares con padre y madre estable tienen mejores probabilidades de madurar bien que los demás; una donde se presenten todos los tipos de uniones como moralmente equivalentes o iguales en sus consecuencias sociales, a pesar de la evidencia científica en contrario. La educación promovida por Gioconda y las feministas radicales nos llevaría a considerar la abstinencia y el pudor como prejuicios represivos, la vida humana igual en dignidad a la de las cucarachas y el valor del neonato similar al de una muela.

El tipo de educación que proponen estos grupos ha producido resultados desastrosos. Barbara D. Whitehead, en su artículo,The failure of sex education (The Atlantic Monthly), ha demostrado, junto con muchos otros autores, cómo las enseñanzas de ese tipo han contribuido a un aumento sin precedentes del activismo sexual de los adolescentes norteamericanos. Y, de rebote, a la multiplicación de sus embarazos, enfermedades venéreas, nacimientos fuera de matrimonio, y abortos.

Yo le recomiendo a Gioconda leer la investigación del Grady Hospital, citada por Whitehead, donde se demuestra que de un grupo de jóvenes educados en la abstinencia 24 por ciento habían tenido relaciones sexuales contra un 39 por ciento de aquéllos fuera del programa.

También le recomiendo ser consecuente con sus ideas. Para Gioconda es incorrecto que el manual hable de una pretendida superioridad de los seres humanos sobre los animales, por ser esto “un valor del pasado”. Quizás lo “in” sea pensar que somos iguales. (Nunca los animales habían subido tanto y los humanos bajado tanto) Si es así, esta Navidad Gioconda incurrió en una atroz violación de los derechos animales, porque tranquilamente nos invitó a comer, un suculento filete de vaca.

El autor es rector de Ave María College of the Americas.
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