Nuevas esperanzas para los centroamericanos
David de Ferranti
Los centroamericanos, quienes han enfrentado buena cuota de desgracias, naturales y provocadas por el hombre, iniciaron el 2004 con buenas razones para esperar un mejor futuro para sus países.
Después de tres años de un desempeño económico sin brillo, se retomó el crecimiento en el 2003, apuntalado por una recuperación global de algunos precios de productos básicos y la demanda por exportaciones desde la región. En las últimas semanas, cuatro países centroamericanos negociaron con éxito un Acuerdo de Libre Comercio, el cual, si se aprueba, aumentará su acceso a los mercados de Estados Unidos y mejorará las perspectivas de atraer inversión. Pese a temores de violencia y manipulación, las elecciones presidenciales de fin de año en Guatemala fueron transparentes, legítimas y mayoritariamente pacíficas. En enero, Nicaragua cumplió con todas las condiciones para un gran programa internacional de alivio de su deuda, y Honduras ha ido avanzando por la misma senda de Nicaragua y podría lograr beneficios similares en aproximadamente un año.
Los centroamericanos pueden sentirse legítimamente orgullosos de estos logros recientes. Digo orgullo, no complacencia, porque queda trabajo por delante. Para comprender por qué, miremos con más detenimiento algunos hechos recientes en Nicaragua y Honduras.
La semana pasada, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial estuvieron de acuerdo en que Nicaragua alcanzara el “punto de culminación” en el marco de la iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres altamente endeudados (HIPC).
No deje que la jerga especializada lo asuste. Éste es un enorme paso para Nicaragua. Promete aliviar la deuda frente a sus acreedores, quienes reducirán la deuda externa del país en tres cuartas partes. Esto, a su vez, debiera ayudar al país a cumplir con sus pagos en el futuro. Asimismo, permitirá un mayor nivel de gastos en programas sociales esenciales para la población del país, mayoritariamente empobrecida (el ingreso nacional promedio de Nicaragua, alrededor de 750 dólares per cápita, la sitúa como la segunda sociedad más pobre del continente).
Para ser candidato a recibir ayuda bajo la HIPC, un país no sólo debe ser pobre y estar altamente endeudado, sino que también debe probar —por medio de acciones, no sólo palabras— que sus políticas en marcha ayudarán a su pueblo a escapar de la pobreza y a que el país se encamine hacia la sostenibilidad de la deuda.
En el caso de Nicaragua, el Gobierno demostró su apego a un programa macroeconómico disciplinado, con sostenibilidad fiscal, acordado con el FMI. Atrajo nuevas inversiones privadas, especialmente en el área de telecomunicaciones y energía. Estos pasos, aunados a reformas comerciales que condujeron al Cafta, redujeron a su vez las tasas de interés y aumentaron la confianza de los inversionistas.
En forma paralela, Nicaragua siguió avanzando en salud y educación, incluso durante los años de un lento crecimiento económico, y en fortalecer sus redes de seguridad social. Asimismo, mejoró la administración del gasto público y aprobó una legislación que crea un servicio civil y profesional despolitizado. Por último, la administración de Bolaños ha demostrado su compromiso de terminar con la tradición de “impunidad” para los funcionarios públicos bajo sospecha de corrupción mientras sustentan un cargo.
El endoso de la HIPC para Nicaragua no significa que los problemas del país pertenezcan al pasado, pero sí representa un hito importante en el camino. Honduras está en la misma ruta y ha tenido avances en varios frentes. Pero aún le queda camino por recorrer para marcar un hito, como lo ha hecho Nicaragua. Es clave que Honduras mantenga su programa macroeconómico, como lo acordó con el FMI. Esto incluye avanzar en sus propias reformas y desarrollar un servicio civil más eficiente y profesional. El país también necesita progresar en sus reformas del sector bancario y financiero a través de la aprobación e implementación de legislación que fortalezca una reglamentación financiera prudente, supervisión y redes de seguridad financiera.
Para beneficiarse plenamente del Cafta y de la asistencia externa, Honduras también requiere estar alerta frente a temas como transparencia y gobernabilidad. Han habido importantes logros y reformas, por ejemplo, en el modo en que los jueces son designados, en la entrega de información sobre las finanzas del Gobierno, y en mejorar la rendición de cuentas de funcionarios públicos y legisladores. Sin embargo, se necesita un esfuerzo adicional para fortalecer las instituciones y el estado de derecho.
Honduras, casi tan pobre como Nicaragua, tiene todas las de ganar si continúa con reformas esenciales y en la senda que promete el alivio de la deuda. El mundo exterior, a su vez, necesita mantener su promesa de aliviar la deuda y mejorar el acceso al mercado, a fin de ayudar a estos países a convertir en realidad sus esperanzas de una vida mejor.
Es autor es Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

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