Partidos abiertos y modernos
Antonio Lacayo
Ingresé a la Convergencia Nacional hace dos años cuando el presidente Bolaños ganó las elecciones. Ante el empeño de Alemán en gobernar, él desde la Asamblea Nacional, sentí el deber de contribuir a asegurar un mínimo de gobernabilidad desde alguna opción política.
La Convergencia, originalmente una alianza electoral, se convirtió en esos días en un proyecto de más largo plazo sobre la base de que en cualquier elección futura los candidatos surgirían de la misma Convergencia, no sólo del FSLN, para impulsar un proyecto de nación que nos una más como pueblo y nos permita desarrollar el país.
A lo largo de estos dos años nos pusimos de acuerdo en los mecanismos para escoger los candidatos para las elecciones municipales y en algunos elementos de ese proyecto de nación. Además, en todo este tiempo se apoyó la gobernabilidad democrática al respaldar la lucha contra la corrupción y las reformas económicas.
Sin embargo, a partir de noviembre todo se vino al suelo. Primero se ventiló la idea de posponer las elecciones municipales, algo que los aliados en la Convergencia dijimos no respaldar. Luego vimos a Daniel Ortega romper abruptamente con el presidente Bolaños y creer por unos días en la viabilidad de un nuevo pacto con Alemán. Completó el cuadro el mismo Daniel confirmando a Esta Semana, que será candidato por cuarta vez, lo que cierra el paso a otros y vuelve a reabrir el pasado.
En lo personal considero que estos tres elementos fueron un golpe para el país y la Convergencia, lo que obliga a esta alianza a replantearse estrategias y renovar compromisos para que salga fortalecida como alternativa política.
Considero que el centro-izquierda de este país solamente volverá a ganar una elección nacional si el Frente abre el partido a una amplia alianza de cara al futuro, donde ninguna candidatura esté asignada de previo. Es más, sólo así vale la pena que gane. Si no se abre en la oposición tampoco lo hará en el gobierno. Y sólo abierto a todos se puede gobernar para todos.
El primer paso son las elecciones este año. Muy difícil sería en el 2006 que los dirigentes sandinistas acepten candidatos de otras corrientes políticas para diputados, y menos para presidente, si antes no se ha permitido en las municipales que las candidaturas de aliados sumen votos a la base tradicional del Frente y dan el triunfo donde nunca el Frente ha ganado. Por eso celebro que el FSLN se haya decidido a ir adelante con las elecciones municipales.
En este terreno el gran desafío será ahora llevar al triunfo a los líderes que harán prosperar sus comunidades. La Convergencia debe ser el vehículo idóneo para los mejores candidatos y candidatas en cada lugar, gente comprometida a fondo con un proyecto para todos.
El segundo paso es la reapertura de la candidatura a Presidente a todos los sandinistas e incluso más allá, lo que sólo tendrá credibilidad si el propio Daniel anuncia que subordinará su cuarta candidatura a este estratégico proyecto de apertura y modernidad.
Y en tercer lugar, ahora que la Asamblea volvió a manos del PLC pero presidida por Carlos Noguera, que sabrá abrir oportunidades al diálogo, urge retomar el papel de apoyo a la gobernabilidad democrática y empujar con firmeza el desarrollo de la economía, defender la equidad social, propiciar la normalización de la Corte Suprema, y respaldar al presidente Bolaños si el PLC intenta anularlo de nuevo. La opción de un repacto con Alemán debe quedar enterrada junto con todo otro vestigio del pacto de 1999.
Con el Cafta y el HIPC en Nicaragua tiene ante sí una grandísima oportunidad. Pero para sacarle provecho es indispensable impulsar con seriedad un proyecto de nación y consolidar nuestra democracia con partidos abiertos, modernos y modernizantes, respetuosos de las leyes, de la justicia, de los derechos humanos, de la inversión privada, y de la administración pública responsable. Estoy convencido que si los partidos dan pasos firmes en esta dirección, el pueblo lo sabrá valorar.
El autor fue ministro de la Presidencia.

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