VIERNES 16 DE ENERO DEL 2004 / EDICION No. 23333 / ACTUALIZADA 02:30am





EL HUMOR DE




Una gran oportunidad

Lincoln Escobar Reyes

El inicio del año 2004 presenta indicativos alentadores para el futuro de Nicaragua. El proceso de ordenamiento de las finanzas públicas ha permitido reducir el déficit fiscal del 14 por ciento del PIB en el 2001 al 8 por ciento y es un hecho contundente que la exorbitante deuda externa será reducida a través de la iniciativa HIPC.

Como consecuencia de los dos hechos anteriores, la comunidad internacional ha facilitado recursos financieros al país para que en el 2004 se puedan llevar a cabo importantes obras de infraestructura (carreteras, caminos, escuelas, electrificación rural, etc.) en apoyo a su desarrollo productivo. Adicionalmente, la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (Cafta) plantea insospechadas oportunidades tanto para la venta de nuestros productos en el exterior a mejores precios, así como para la reducción del desempleo por el atractivo que éste representa para las grandes inversiones nacionales y extranjeras. Las grandes potencias económicas occidentales se han comprometido con el desarrollo económico de una nueva Nicaragua más transparente y más democrática. Los países que conforman la Unión Europea así lo han manifestado públicamente y ya iniciaron sus muestras de respaldo con programas concretos de cooperación a partir del 2004. Por su parte, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Collin Powel, ya anunció la ayuda al desarrollo de Latinoamérica, mediante la iniciativa conocida como la Cuenta del Reto del Milenio, a través de un artículo periodístico publicado recientemente en LA PRENSA y en el que se puede leer entre líneas inconfundibles alusiones a Nicaragua.

Nunca antes en toda su historia a este país se le han presentado mejores condiciones y oportunidades como ahora. La gran pregunta que nos queda por hacernos es: ¿seremos capaces los nicaragüenses de aprovechar todas esas circunstancias favorables? Desafortunadamente el comportamiento de nuestra clase política en los últimos años se convierte en el pelo en la sopa. Los pactos y repactos, la paralización de la elección de la directiva de la Corte Suprema de Justicia, las sentencias amañadas, las posiciones ambiguas de diputados, y muchos otros ejemplos similares, todo por intereses personales y/o partidarios, generan desconfianza en los inversionistas y en la comunidad de países cooperantes, poniendo en grave riesgo la situación alentadora antes mencionada.

Quizás sería demasiado pedirle a los políticos que dejen a un lado sus intereses personales o partidarios en beneficio de los intereses nacionales. Bastaría con que abandonaran la visión artesanal de hacer política para sacarle provecho a esta oportunidad única en nuestra historia. Bastaría con que comprendieran que don Enrique Bolaños no representa una amenaza para sus ambiciones electorales, porque no tiene interés de reelegirse en la Presidencia, que lo único que le interesa es hacer un buen gobierno, y por lo tanto, apoyarlo en ese objetivo, no sólo estarían beneficiando al país sino que también podrían sacarle provecho político al compartir las glorias de sus logros venideros.

En el proceso de negociaciones para la elección de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional 2004-2005, ambos partidos (PLC y FSLN) presentaron síntomas alentadores de un cambio de actitud al manifestar su deseo de buscar un mayor acercamiento con el gobierno de la Nueva Era y apostar por la estabilidad del país. Y aunque no fue posible conciliar todas las posiciones y el FSLN prefirió autoexcluirse de integrar la nueva directiva del Poder Legislativo, esperamos que ese tipo de desavenencias coyunturales no afecten la sensatez del quehacer político.

Tanto el PLC como el FSLN tienen hoy la oportunidad, quizás la última, para demostrarnos a todos los nicaragüenses, que son partidos responsables y dignos merecedores de las posiciones que los electores les han confiado, de lo contrario, tendrán que pagar las consecuencias de su error histórico que se verán reflejadas en los resultados de las futuras elecciones.

El autor es diplomático nicaragüense.
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